lunes, 25 de abril de 2011

Porque me pasó a mí, si no, tampoco me lo creo...

Cualquiera que haya leído algo de lo que he escrito sabe de mis sentimientos hacia los animales, yo lo llamo “repeluco”, pero algunos dicen sin ambages que es miedo, yo no diría tanto…pero algo de fuerza de voluntad he de imponerme para siquiera soportar estar al lado de alguno, el porqué de este breve recuerdo se hace necesario para la comprensión de lo que paso a relatarles.

En esta primavera, provocadora como todas de la Astenia primaveral..., pues si fuera en otra estación seria invernal o incluso veraniega, recordé los acontecimientos acaecidos no hace mucho y que me llevaron a una superación; como no hubo nunca de mis limitaciones ante el repeluco.

Hacía días que los árboles recién podados se empezaban a adornar de pequeñas hojas verdes, la luz del sol, sobre todo de día, empezaba a repartir ánimo y dicha entre los mortales sufridores de un invierno largo y crudo como le gustan a más de uno los filetes… y el trino de los pájaros hacia su presencia de manera insistente. Igual de insistente que la manera que tienen los pájaros de adornar los coches limpios…, que cuando más limpios están más se empeñan en darles ellos su toque artístico y personal a lo impoluto de su carrocería, con lo que jode, dicho sea de paso..

También hacía días que se oía en el cuarto de baño de mi casa cómo los pájaros volanderos apremiaban el reparto de comida de sus progenitores, lo cual me llevó a comentar con la que duerme a mi lado lo cerca que se oían este año el piar armónico (y pareciame a mí que algo desesperado) de los alados cantores, después de un par de días se oía a los pájaros como si estuvieran metidos en el váter y lo que empezó siendo admiración por el milagro de la vida acabó siendo algo tostón, vamos un tostón de cuidado, venga de piar y piar los pájaros, Luego de tratar de saber qué alternativas había para acabar con semejante placidez pajareril llegamos a la temible conclusión que alguno de estos cantores se había caído por el respiradero y reclamaba auxilio en algún lugar sin determinar entre nuestro piso y el del vecino, al cual parecía no molestar lo mismo que a nosotros por lo que se tomó la terrible (para mí) decisión de abrir el respiradero y comprobar visualmente que pasaba, pues la alternativa era no mirar y dejar que pereciera el “Cagaprisas” que cada vez cantaba más bajito pero igual de insistentemente, reunido el cónclave familiar se llegó a la clave que el que debería abrir el respiradero era yo, ¿Porqué? Porque era el cabeza de familia…, me dijeron…, como si eso importara a la hora de bajar la basura…, por ejemplo…

Visto que no había otra manera de invitar a nuestro ilustre visitante a abandonar de manera digna la mierda respiradero, que dicho de paso no sirve para nada porque ni evacua el mal ambiente ni atrae el aire fresco que sobre todo de buena mañana este esforzado lugar reclama, se me proporcionó las herramientas necesarias para llevar a cabo el desalojo del ocupa cantaor, estas fueron escasas pues se componían de un cepillo y un destornillador, la estrategia, según la que duerme a mi lado, era remover por dentro en el respiradero y que nuestro “problema” pasara a ser del vecino, la mía era que lo removiera ella que para eso era más de pueblo que yo y su contacto con la naturaleza era más satisfactorio y prolongado en el tiempo, pero como casi siempre en esta vida triunfó la suya y allí estaba yo a las cinco de la tarde de un día primaveral con un cepillo y un destornillador en la mano y el pájaro venga de piar y piar. Parecía un cazafantasmas pero sin el apoyo musical y vamos que sin ningún apoyo, porque la que duerme a mi lado me cerró la puerta del pasillo y las de las habitaciones y a continuación cerró con un golpe seco y demoledor para mi fuerza moral, la del váter; con todo el aplomo del que pude hacer acopio me subí en el borde de la bañera y rezando con la más ferviente fe en que el pájaro se cayera para abajo, hice palanca en la tapadera enrejada del pequeño orificio que tenía como misión proporcionar aire fresco (sin conseguirlo…) a aquella estancia de mi hogar procuradora de alivio y en la que tanto esfuerzo se hacía tanto de día como de noche(tampoco tanto..., vamos lo normal....), metí el palo del cepillo y empecé a remover esperando que se cayera pero no pasaba nada digno de mención, salvo que la que duerme a mí lado abrió de repente la puerta para interesarse como iba la caza y me dio un susto de muerte que apunto estuve de darle a ella con el cepillo sin que pueda ser esto violencia de género, siendo claramente legítima defensa… la cuestión es que no le dí, salvo alguna instrucción contundentemente verbal sobre la conveniencia de que se fuera a freir algo…lo cual hizo inmediatamente volviendo a dejarme solo ante el peligro.
Me dispuse de nuevo a introducir el cepillo en el respiradero, ya sin ninguna esperanza de que pasara nada, ni bueno ni malo, ya solo pensaba en hacer una pequeña cruz con dos palos de helados para señalar donde reposaban los restos del pajarino cuando alcé la rejilla y subido en los bordes de la bañera oteé el interior del respiradero sin ver nada más que algunos ladrillos allí colocados desde la noche de los tiempos...
Decidido a terminar con aquel concierto y envalentonado por no ver peligro inminente decidí meter el palo de la escoba y como casi siempre que se decide meter algo donde no se debe, pasó lo que tenia que pasar...El cantar se volvió más nítido y volví a asomar los hocicos justo para ver como se venia hacía mi una cabeza con cara de velocidad y un pico aerodinámico, el susto fue tal que pude apartar la cara de la salida y debió ser por el efecto que algunos llaman “ponerse los cojones de corbata...” que al subir tan violentamente y con tanta rapidez me hicieron dar un tirón muscular y se contrajeron las piernas de manera que se juntaron y perdieron el leve apoyo que ofrecían los margenes de la bañera, produciéndose por efecto de la gravedad un transito entre los que algunos llaman “arriba, abajo” y me encontré abajo con un palo de escoba y la bestia parda del pajarino piando y revoloteando me sobrepuse como pude y cambié mi arma por otra más apropiada..., que resultó ser una toalla... Me armé de valor, además de con la toalla y me fui detrás del mal bicho que empezó a revolotear y correr, pues no (sabría decir que es lo que hacía). El caso es que no sabría decir si el corría detrás de mí o yo detrás de él pues fue tal el ritmo que cogimos que llegado un momento cabria llevarse a engaño, y no diría que diez o doce pero algunas vueltas dimos ambos correteando en el baño y como otra cosa no pero grandes lo que se dicen grandes los baños no son, tan pronto estaba saltando el bidé como la taza del váter...resultado de esta prueba de velocidad fue que hallemé en un momento y sin que yo tuviera conciencia clara del “cómo” con el pajarino entre los pliegues de la toalla (o toballa que también se dice...).

Llegados a este punto y sin resuello por varias razones... a saber:
Contravenir el instinto de conservación que me dictaba el “repeluco”.
La impresión de ver venir a toda velocidad una cabeza con pico... y la posterior caída del guindo..
Además de encontrarme entre las manos con un cuerpecito frágil y delicado..aparentemente...porque a mí que no me digan que estos bichos son inofensivos...
Pues, que estaba sin resuello... pero aún me quedaba un poco de aire para gritar con autentica desesperación: ¡La puerta, la puerta! Y una vez abierta la puerta, volver a gritar: ¡La ventana, la ventana!, me dirigí raudo y veloz como un guepardo detrás de un cordero...o como yo mismo detrás del mismo cordero.. y arrojé la toballa, al pajarino y casi a la silla con la que me tropecé por la ventana y como a cámara lenta pude ver con satisfacción ( y algún transeúnte también) como el pajarino se quedaba posado en la rama del árbol mirando también a la toalla posada junto a él, Luego vinieron las explicaciones, de porque aquel día había sido el único ser humano que había pescado un pajarino de un respiradero, y una toballa de un árbol...vamos que porque me pasó a mí sino tampoco me lo creo....

miércoles, 17 de marzo de 2010

Igual que los de ciudad.


Lo sé, no es una encina, pero también hacia calor.
Las conversaciones profundas en verano son realmente dignas de tener en cuenta, debe ser por el cambio de ambiente, o por la diferencia en el agua…, pero yo no creo que sea por ninguna de estas causas…, se lo atribuyo directamente al calor sofocante que reblandece los cerebros hasta hacernos decir incongruencias. Por eso, aquella mañana de agosto que hacía un calor considerable, aquellos dos veraneantes tenían una conversación de lo más transcendente.
-A estos muchachos que viven en el pueblo se les nota algo…, diferente. Es como si la cercanía y el contacto con lo natural les hiciera más nobles, carentes de ese interés mercantil que imbuye a los nuestros, como si fueran más sinceros…, más legales…- Dijo uno de ellos mientras se sentaba en una piedra caída de la cerca, a la sombra de una encina formidable, huyendo del aplastante sol de las doce del mediodía.
-Bueno, yo no creo que sean muy diferentes de los de la ciudad…- Dijo el otro mientras se sentaba al lado. No le habría dado todavía lo suficiente el sol pues aun se adivinaban en sus palabras cierto sentido…
- No, tú fíjate en los nuestros.., siempre pensando en que van a sacar de esto o aquello, no mueven un dedo si no es porque por medio hay alguna recompensa, cuando nosotros éramos mas jóvenes, apreciábamos el valor de hacer las cosas porque se debían hacer, y por el gusto de lo bien hecho…--Seguía diciendo mientras apeaba de su hombro una especie de morral (como él, ¡menudo morral…!).
-También hacíamos las cosas porque tú padre daba unas hostias como panes y el mío no te digo ná, que aun hoy se me enredan los pelos del sobaco cuando me acuerdo…- Dijo el más fresco ( es lo único que lo explica…que aun no había cogido la temperatura…)
-No, fíjate que esta mañana temprano he recogido como veinte “pajarinos”… ya sabes de los que pierden el “norte” y he visto a Juan Manuel, el muchacho de la casa del cerro…. Pues no veas que atención ponía el muchacho, ¿Qué si como los ha conseguido? ¿Qué si con reclamo o con red? ¡Coño! si hasta le he dicho que iba a venir a pelarlos a lo alto del barranco y me ha dicho que a las doce estaba aquí como un reloj…
-Ya sabes lo que pienso sobre esa manía tuya de “tó” lo que vuela a la cazuela y no me extrañaría nada que te mandara a la Guardia Civil… y con razón…- Definitivamente este veraneante me estaba tumbando la teoría… a pesar del calor reinante este hombre no dice incongruencias.
“El morral” mete la mano en el morral y empieza a sacar pajarinos, primero uno y luego otro, así hasta reunir en una fila absurdamente marcial veinte pajarinos quietecitos…, como dormidos…, luego coge uno y comienza a despojarle de las plumas hasta dejarle como vino al mundo…(pero sin vida)
-No puedo entender como habiendo comida tienes que retirar de la circulación estos pájaros que lo único que hacían era dar alegría a estos campos…- Le reprocha el “asentao”
-¡Vamos, no vengas con pamplinas…, que no veas cómo están de buenos como los prepara quién tú ya sabes….! – Contesta el “morral” tirando otro pellizco de plumas.
Con paso decidido se acerca el muchacho de la casa del cerro, debe tener unos diez u once años, la tez morena por la acción del sol, es delgado pero fuerte, llega y se sienta al lado de los otros dos y saluda.
-¡Vaya…, como un reloj,…y eso que no tienes!-Dice el” desnudador” de pájaros.
- Si, si que tengo- y con un gesto de su barbilla señala la torre de la iglesia que ostenta una esfera más grande que el sol pero que el morral es incapaz de descubrir…
-¡Bueno, Juan Manuel, coge, coge y vete pelando que aquí hay “pa tós”!—El muchacho mira al “coherente” que aun si cabe parece más coherente al permanecer callado, como preguntando porque este está libre de desnudar pajarinos…, pero no dice nada.
El muchacho coge y con una destreza increíble pela un pájaro y luego otro, los tres en silencio ven como lentamente se va llenando aquello de plumas que permanecen quietas como testigos del abuso, y porque a pesar de estar en lo alto del barranco no se mueve ni una gota de aire.
-¿Cuántos pajarinos me vas a dar?- Dice Juan Manuel después de un rato, mientras una sonrisa se dibuja en el rostro del “coherente”, y algo parecido a extrañeza invade al “morral”.
-¿Cuántos? no sé…- Dice el “joio” egoísta- Uno o dos, ¿no?- En un arranque de generosidad difícilmente comparable. El muchacho para de pelar, mira al “morral” y con un desprecio asombrosamente elegante tira el pájaro a medio pelar junto a los otros y éste rueda entre los demás de una manera grotesca…
- ¿Pues sabes que te digo…? – Dice levantándose de la piedra- ¡Que los vas a pelar tú!- Y mientras se aleja; el “coherente” comienza a reírse a carcajadas y le dice:
-Lo que yo te decía.., ¡Igual que los nuestros…, melón! – Apunto de atragantarse- ¡Igual que los de ciudad!

domingo, 14 de febrero de 2010

...de estar "por casa"



Hoy he estrenado zapatillas. Zapatillas de estar “por casa”. No son un tipo especial de zapatillas, no tienen suelas especiales, ni colores llamativos, no están diseñadas para dar patadas (en mi caso no sería necesario…), ni para hacer muchos kilómetros (tampoco sería necesario…), ni para ir rápido a algún sitio (excepto alguna vez si eso a la nevera…, o quizás al váter –después de la nevera…-) son zapatillas de estar “por casa”, nada más y nada menos.

Puede que alguien piense que es un regalo de enamorada, por otro lado demostraría lo poco enamorada que está de mí…, pero no, ha sido una coincidencia puramente casual como casi todas las coincidencias que se dan en mi vida, casualmente. El único hecho cierto por el cual hoy estrené estas zapatillas ha sido porque las otras se me caían de los pies, nada extraño por cierto pues es donde suelen estar las zapatillas es por eso que sería difícil que se cayeran de las manos…, Cuando estaba “por casa” y andaba de un sitio a otro me daba cuenta que cojeaba de la izquierda o bien de la derecha, …como en mí vida normal, sin una definición clara y rotunda, en un permanente centro, obsesión que rige los pensamientos de cualquier varón maduro que se precie: el centro…, y no voy a dar detalles…

Estar en casa con unas zapatillas de estar “por casa” es algo en lo que no reparamos a menudo…, es un ritual con el que se quiere desligar el mundo exterior, con la republica independiente de tu casa (¿donde habré visto yo esta tontá?), en realidad es una manera de desligar la arena, el barro y la suciedad del exterior para no extenderla en el interior. En el principio de los tiempos yo no tenía zapatillas para cada cosa, las mismas me acompañaban desde que abría el ojo hasta que descansaban a mi lado durante la noche, había más unión entre mi persona y las zapatillas no como ahora que llego a casa y ¡Ala!..Les soy infiel con las de estar “por casa”, al principio las dejaba en el armario de la cocina, pero ahora me esperan pacientes en la escalera de la terraza…como si no quisiera verlas, como si el vinculo que me une al exterior me recordara que ahí fuera está el peligro y no quisiera afrontarlo… ¡joer que cosas se me ocurren…!

Estas zapatillas de estar “por casa” se me sujetan en los pies, me abrigan y protegen por eso les doy la bienvenida a esta su casa….al menos hasta que se me caigan…



domingo, 31 de enero de 2010

TODO UN CUARTO DE HORA.

Todo un cuarto de hora llevo esperando, un minutito detrás de otro hasta completar quince…, porque si fueran (por un suponer) dieciséis, entonces seria algo más de un cuarto de hora….
Parece que se acerca el momento supremo en que me corresponde hacer una alocución a estas cinco personas y regalarles con mi verbo fácil y mi voz varonil un discurso vació e inocuo porque lo que tengo que decir es muy poco… ¡Si señor! Muy poco…aunque también podría ser inicuo, ya que como transmisión de una idea va a ser pésimo…en fin.
Doscientos gramos de pavo, doscientos gramos de jamón york, doscientos gramos de jamón serrano y un dedo de foie gras, que por supuesto es un dedo de ancho, no un dedo de largo…Cosas todas que no engorden…vana ilusión, pues no hay nada que no engorde. Por supuesto las dos primeras para mí (pavo y pollo, la definición de mi persona…) y el resto para ella…, claro el único que ha de guardar dieta soy yo…
Todo escrito en una hoja de cuaderno grande…inmensamente grande, con las rebabas de las anillas en el lateral y sus líneas paralelas azulitas cruzando el ancho de blanco virginal del papel….líneas paraLELAS; y para el lelo…, o sea para mí. Saco la hoja y es tan grande que me dan ganas de arroparme con ella pues me recuerda a una sabana, consigo dominar mi primera intención y aplico mis sentidos en desdoblar aquella lona blanca con sumo cuidado para que no haga ruido….pero no lo consigo, y las cinco personas descubren que soy yo el siguiente en tener que pedir, si tenían la vana esperanza de que el número anterior al suyo estuviera vacante…, la sábana blanca les devuelve a la realidad y les dice que no, eso no va a pasar.
Intento desplegar la pedazo hoja de manera que solo sea necesario ver la parte donde esta escrito el legado que he de transmitir al sumo sacerdote que no es otro que el charcutero que con una mano enfundada con un guante metálico me recuerda a un guerrero medieval dispuesto a la pelea con su malla y su gran espada, pero vuelvo a la realidad con el ruido que hace la hoja al abrirse y la gran espada se convierte en el cuchillo jamonero que con destreza arranca las hojas rojitas y ribeteadas en blanco que lentamente caen cual hojas otoñales sobre el suelo cubierto por un papel blanco forrado con plástico y que lleva escrito en el reverso “Charcuteria Fernandez”.
Todo un cuarto de hora esperando, esperando para ver como caen las hojas rojizas en un otoño forzado por la malévola hoja acerada desde el árbol rotundo al lecho del bosque. Todo un cuarto de hora y esto es lo que se me ocurre… Y lo peor es que no es hambre…


sábado, 26 de diciembre de 2009

¡Verás, verás lo que nos vamos a reir...!


Ha pasado un año; o lo que es lo mismo: Doce meses. Fue durante las navidades del año pasado, lógico por otra parte, teniendo en cuenta que ha pasado un año. Vamos a dejarlo aquí que me estoy embalando como las canciones de Xuxa…

Es bonito tener a toda la familia unida, como decía la canción: Atados por los lazos del amor…El deseo de compartir y de dar. Este deseo fue el que motivó que mi hermano pequeño, que curiosamente es más alto que yo…, como si la naturaleza se empeñara en llevarle la contraria al dios Cronos… si es que existe… ¡Bien! No divaguemos, que lo de Xuxa me está afectando. Ese deseo de compartir llevó a mi hermano a compartir su fascinación por los petardos, las fuentes de confeti y cualquier veleidad pirotécnica que aturdiera los sentidos de la vista o el oído por un par de horas, o en su defecto ambos.

Así es que reunidos a la sazón tal que hace un año en rededor de la mesa, retirados ya los platos y demás indicios de que allí hubiera habido un cordericidio…sacó el susodicho una bolsa de plástico en la que supuestamente traía un detalle que nos iba a dejar boquiabiertos… sobre todo a mi madre…

Hechos los brindis preceptivos, por la salud de todos, por la esperanza de que el nuevo año nos trajera como mínimo más de lo mismo. Sacó de la bolsa una especie de barra larga multicolor y sonriendo pícaramente dijo:
-¡¡Verás, verás lo que nos vamos a reír!!-Mientras mi padre le miraba temeroso y mi madre ignorante ella, preguntaba: -¿Qué es eso?, ¿una flauta?, espera que voy a por una pandereta…

--¡No, no te molestes, mama! ,…que el concierto no dura casi ná. Y mientras, retiraba algunas copas y la bandeja con alfajores, polvorones y turrón de chocolate que se había puesto encima de la mesa por si alguno tenía necesidad después del cordero… ¡Animalitos!, los que comen de esto, que los corderos bastante tienen con criarse tan buenos…

Hecho el sitio, los demás comensales nos retiramos un poco porque aquello no presagiaba nada bueno… Mi hermano cogió con las dos manos un extremo de la barra y la retorció, como deberían haberle hecho a él en el cuello para que se estuviera quieto…Sonó un golpe seco y acto seguido un fogonazo y después del fogonazo otro golpe seco, y después de este último empezaron a caer escombros y trozos de escayola. El confeti y las serpentinas permanecían en el techo del salón desafiando a la ley de la gravedad, pegado todo esto en lo alto y sin visos de que fuera a caerse de forma inmediata.
Mi hermano primero se quedó serio y luego al verme a mí retorcerme por el suelo y luego pegar golpes en la mesa mientras me agarraba la tripa llena de cordero, se fue transformando en una sonrisa seria si esto fuera posible… hasta decir en un hilito de voz:
¡Joder, pues si yo pensé que no iba a ser tan fuerte…!—Luego miró a mi padre y a continuación a mi madre…y está le espetó:

¿Tú eres tonto?—Como si no supiera que sí…

En el mes de mayo mi madre me dijo que aun salía alguna que otra serpentina de detrás de los muebles, por eso, este año cuando mi hermano pequeño (que es más alto) se presentó con una bolsa del Mercadona (… de momento las siguen dando), mi madre saltó de su apacible asiento en el sofá del salón y cacheó a mi hermano pequeño (Que es más alto), lo cacheó por que le dió dos cachetes cariñosos (Bueno el dice que no eran tan cariñosos…) y le cacheó porque le registró de arriba abajo como si fuera un tipo moreno con dos riñoneras que intenta subir a un avión americano.

Mi madre respiró tranquila, después de comprobar que era una botella de vino bueno (como si hubiera vino malo...) y mientras volvía a su asiento, se la oyó decir que, si mi hermano pequeño, (que es más alto) volvía a traer una flauta de esas o cosa semejante le abriría antes la boca para que al explotar quedara todo recogido…, un poco drástico pero efectivo porque le pregunté y me dijo que ni de coña se volvería arrimar a ninguna cosa semejante..., con lo que me reí… lástima…las navidades van perdiendo su encanto…



De Zanguinez en flickr

jueves, 17 de diciembre de 2009

...apenas retazos de la vida de una mujer de mediana edad...

… Si yo no estoy gorda, estoy hermosota, pero nada, no sirve de nada engañarse, dije que la haría y cuando tomo una decisión he de cumplirla, que haga también deporte me recomiendan, como si la hartaura de té verde no fuera suficiente.... Qué bien me vendría una palmera de chocolate…¡Nada, nada!, Hay que desechar los malos pensamientos…, pero que harta estoy del té verde, tanto té verde no puede ser bueno, si hasta estoy cogiendo un poco de color y me llaman “la hulk”, ¡Que mala leche tienen algunos!, ¡leche! que bien me vendría un vaso de leche con la palmera…¡Otra vez!, …así no hay quien pueda. Tengo una tristeza en el estomago… Estoy deseando llegar a casa…no por lo que me espera allí, si no por llegar, porque una no puede tener anhelos de llegar cuando sabe lo que le espera, tortilla de espinacas, arroz blanco y todo el té verde que pueda tomar…, es como si quisieran que explotara con tanto té verde…y encima una no tiene ayuda de nadie…, cuando me ven en el trabajo con el té me dicen que: ¿Cómo me enjuago tanto la boca con el licor del polo?… si ellos supieran lo que cuesta no abalanzarse sobre los donuts… Hoy me dijo Jesús que ya se me notaba la pérdida de volumen, y yo contesté que siempre había tenido el pelo lacio y lisito pero no se refería a eso y dijo que si me pusiera un vestido rojo parecería un arañazo… No tiene una, ayudas de nadie, encima de guasa…
Andaba yo por las calles soleadas de esta gran ciudad, con estos pensamientos filosoficos de altura…, volviendo del trabajo en la fábrica y con una mala leche que difícilmente serviría para hacer mantequilla. El madrugón y la enésima propuesta definitiva de adelgazamiento tenían en mi ánimo una influencia perversa y caminaba resuelta hacia mi casa, cuando lo vi, en un principio el bamboleo cadencioso no me resultó extraño, pero a medida que se acercaba el jovencito musculado, fue adquiriendo tintes sospechosos sobre la conveniencia de llevar una dieta tan estricta que me causaba visiones y a la vista de las visiones, mareos.
Lo que en la distancia me parecieron atributos masculinos, semejantes a mp3, riñoneras o vaya usted a saber qué. En la cercanía dejaron de parecerse y pasaron a serlo, ¡Qué manera más extraña de correr! ¡Con todo fuera!, lo que en el mar se podría llamar “fuera borda”. Pues para algunos (y algunas) es el motor de su vida...Después de sentir todo esto, mi rubor fue en aumento pues lejos de alejarse a la carrera aquel tipo sudoroso se dirigía a mí, primero me dio la impresión de que venía hacia a mí, y luego quedé francamente “impresionada” cuando se detuvo a unos pasos intentando sin conseguirlo que sus manos ocultaran parte de…, de “aquello”.
Era el hombre de unos treinta años, bien formado y con unas manos enormes, manos que podrían hacer malabares con un par de sandias pero que se mostraban insuficientes para cubrir…todo aquello. Llevaba una camiseta ajustada y unas mallas de corredor ajustadas, tan ajustadas que ante el empuje excesivo se rompieron por el punto más débil…, el que soportaba mas presión…justo en ese sitio se hicieron más holgadas.
Ante mis ojos atónitos y huidizos, pues yo nos los dejaba ir a sitio tan “evidente”, (pero sin conseguirlo) estaba aquel muchacho que se dirigió a mí en estos términos:
--Perdón que me presente así.., pero no tendrá unos imperdibles o algo con lo que pueda sujetar la malla.., que es que se me ha roto y mire como me veo…-- Dijo mientras se ponía de lado y trataba de ocultar tanto…poderío.
--Pues no, no llevo imperdibles pero estamos cerca de mi casa y si te esperas un poco te bajo un bañador de mi hijo…--Dije yo solidaria de los apuritos que estaba pasando el “presuroso”.
--Bueno se lo agradecería mucho porque me queda un rato hasta llegar a mí casa— Dijo acercándose a un árbol y abrazándolo, dando la impresión de algo que no sé si tiene nombre, pues hacerlo con animales se llama zoofilia, ¿pero con un árbol?, renuncio a buscar la palabra, si es que la hay…
--O si no…, aquí, a la vuelta, hay una tienda oriental y puede ser que allí tengan algo… --Dije yo acuciada por las dudas sobre lo conveniente de que un tipo en aquella tesitura me esperara en mi portal…
-- Si, como para entrar en un chino estoy yo, además no llevo dinero—Me dijo el pobre mientras yo pensaba en lo mismo…
--Bueno, también puedes hacer una cosa…-- En un nuevo intento de que todo “aquello” no se viniera conmigo…--Te quitas la camiseta y metes las piernas por las mangas, seguro que así podrás taparte… (yo no podría haberlo hecho…, hasta completar la dieta de té verde…)
Tragué saliva, no había acabado de decirlo cuando ya estaba manos a la obra, en realidad quitó las manos de la “obra” y se las puso en la camiseta y en un momento tenia puesta la camiseta como si fuera un calzón árabe, pues le llegaba la culera por las rodillas, pero al menos podía caminar de acuerdo a las más elementales reglas de la decencia.
--Muchas gracias, ha sido una buena idea – Dijo reiniciando la marcha, dejándome con la boca abierta, mientras le veía alejarse a toda velocidad, desafiando a las leyes de la física pues parecía un tipo corriendo mientras hacía el pino…
Y es que definitivamente la vida de una mujer de mediana edad…, es muy dura.

viernes, 13 de noviembre de 2009

CAMELLOS, CANARIOS, CRETINOS..., ANIMALES TODOS.






Me habrán visto decir “alguna vez”, que hay una característica de mi persona que condiciona mi vida…si no es así, paso a decirles que mi relación con los animales no es normal, no, no se trata de zoofilia…más bien al contrario, es el “repeluco” , el repeluco es lo que experimento cuando tengo un animal cerca, ya sea gato, perro, o toro, este ultimo por regla general a todo el mundo causa repeluco excepto a los toreros…y a las vacas…y ahora viene la gracia de siempre…excepto el cordero…, el cordero no me causa repeluco alguno, siempre que lo acompañen unas patatas…

Bueno, hecha esta pequeña introducción paso a relatarles los acontecimientos que ocurrieron aquel lejano sábado en que los Juegos Olímpicos de Munich 72 estaban en su apogeo…Mi hermano pese a ser mi hermano no gozaba de la exacerbada característica que al principio mencioné…al menos en grado tan extremo como el mío… y gustaba de jugar con la lechuguita o el trozo de manzana con que mi padre obsequiaba a su lindo canario enjaulado (ajustado a su literalidad), yo era incapaz de poner los dedos cerca porque el muy bandido se acercaba y hacia ademán de picar, más o menos como descubrí tiempo más tarde que hacían algunas mujeres, al menos las escasas a las que les fue dada la dudosa felicidad de conocerme…

Estábamos gozosos retozando en el fastuoso sofá de eskay marrón, después de levantarnos de la cama, no sin cierto esfuerzo…por cierto. Cuando al bandido se le ocurrió la feliz idea. Él que tenia más miedo a los animales que yo a las siete viejas del dicho.

--¿Tú crees que si le ponemos un trozo de manzana al lado de los camellos…”Bienvenido” iría a por él?--- Me dijo mientras se levantaba del sofá pegajoso y se dirigía a la jaula. “Bienvenido” tenía este nombre porque un día, quizás añorando el trato humano se posó en la barandilla hasta que mi padre le echó el guante, de ahí el nombre…


De Gozopowers en flickr

“Los camellos” es un cuadro que el novio de mi hermana trajo de su prolongada estancia vacacional en el Sahara, cuando fue a aquellas fértiles tierras para servir a la patria y según mi padre para dejar descansar las hormonas de mi hermana que por aquel entonces se comportaban con el rigor propio de sus años…”Los camellos” como podrán figurarse representaban una escena en la se veían algunos mercaderes árabes a joroba de sus dromedarios porque por aquel entonces todo lo que fueran burros raros…para nosotros eran camellos, sin dudas sobre si parecían dromedarios, jirafas o cualquier otro animal….”Los camellos” fueron un tema de discusión en casa, pues lo que costó enmarcar aquel tapiz suavecito y enorme, fue medio mes de la paga de mi padre que no veía la conveniencia de poner sobre su cabeza un recordatorio de que se acercaba el día en que un tipo barbilampiño con aires de aventurero se llevaría para siempre a mi hermana, lo cual excepto a él, a los demás miembros de la familia no nos desagradaba del todo…pues estaba en una época extraña de la post-adolescencia en la que le dio por no comer judías, ni garbanzos, ni lentejas, ni cualquier legumbre que se pareciera o pareciese…preparando unas trifulcas en la mesa, que nos quitaban a los demás la escasa afición a estos típicos platos de la cocina española. La razón de este extraño comportamiento creo que se debía a las consecuencias funestas que las legumbres traen a una relación romántica y etérea como era la que imagino deseaba para ella y para el excelente muchacho que tiempo después pasó a ser mi cuñado.


Pero volvamos a la escena…mi hermano, a menudo preguntaba…,(sobre todo a mí) pero por preguntar…no porque tuviera deseos de saber la opinión de los demás… por eso hizo exactamente lo contrario de lo que yo le dije, apuntando a mi favor el buen criterio que sobre asuntos de animales y mujeres he tenido siempre…no estando en ningún momento ambas cosas al mismo nivel, ¡Válgame el cielo…!.Salvo la distinción que hace mi cabeza sobre la conveniencia de mantenerse a prudente distancia de ambos.

--¡Ni se te ocurra, cretino!—Dije. Yo siempre me apoyo en estas formas cariñosas del lenguaje para hacer más cercano y duradero el vinculo entre hermanos…Pero no hubo tiempo …”Bienvenido” salió de la jaula dorada de su cautiverio (bueno dorada, dorada, no, aunque mi padre limpiaba muy a menudo la celda de castigo del pobre ”Bienvenido”, la jaula; dorada…dorada, no era).


De Procsilas en flickr

“Bienvenido”…, según estrenó libertad, se fue derechito a la lámpara del salón, rechazando el trozo de manzana que yo, como si fuera la azafata impertérrita del lanzador de cuchillos sostenía al lado del tapiz de los camellos, deseando que ni por asomo hiciera el pobre lo que con tanta seguridad pensaba mi hermano que haría…, y no lo hizo se quedó allí en la lámpara, inalterable al trozo de manzana…, Bienvenido…, no la lámpara.


--¿Y ahora que hacemos?—Se atrevió a preguntar el cretino…
--Vete a por una hoja de lechuga, a lo mejor le gusta más…--No era una teoría, era un deseo. Pero tampoco surtió efecto…
--¿Y si le dejamos abierta la jaula, a lo mejor vuelve el solo?—Pero el mamón no volvía, creo que había aprendido la lección…, y su deseo de compañía humana había sido superado con creces…

En esas estábamos. Yo tirándole servilletas a Bienvenido y el cretino con la jaula cogida con las dos manos sobre su cabeza, con la puertecita abierta…, cuando entró mi padre.., tardó un minuto en hacerse una composición de lugar…háganse cargo…un cretino con la jaula en todo lo alto temblando por si “Bienvenido” decidía volver y el otro cretino (yo) tirándole cosas al canario para que se fuera al hogar de donde nunca debió salir.

--Se ha “salió” solo…, papa, lo juro…--Mientras ponía despacito la jaula en el suelo como si fuera un tipo al que le han pillado con una bomba de 30 Megatones y está en el punto de mira de una brigada entera de francotiradores.

Mi padre me miró a mí, que blandía de nuevo el pañuelo para lanzarlo por enésima vez y luego al cretino (mi hermano…, no a mí…) puso cara de no saber que era lo que había hecho mal cuando tuvo el momentáneo instante de placer que produjo la venida al mundo de dos idiotas como aquellos y raudo y veloz se dirigió a “Bienvenido”, al que dio por terminada su desgana por consumir manzana fuera de un ámbito seguro y después de colgar la jaula en el sitio de siempre se quedó mirando a los dos que sentados en el sofá de eskay marrón parecía que no habíamos hecho nada. Luego encendió la tele, abrió un botellín, y lentamente comenzó a mover la cabeza de un lado a otro…nosotros tampoco lo entendíamos…


martes, 3 de noviembre de 2009

MAS TORPEZAS (o lo que es lo mismo: un torpe, hace ¡Zas!)


De vecinodelquinto en Flickr

Estamos en una edad en la que si (como es mi caso) no se era ya de por sí torpe nos hacemos si cabe menos habilidosos y cometemos torpezas propias de niños chicos.
Joaquín y un servidor somos unos negados en el futbol, en realidad a cualquier deporte físico, puesto que el deporte lo que tiene es que cansa y además muy habitualmente se acompaña de sudores y alteraciones del ritmo respiratorio, y como comprenderán ustedes ante este cuadro clínico lo más acertado es suprimir las causas, y en no haciendo deporte todo arreglado…, no se suda y se respira de maravilla…
Nuestra cita con el deporte viene a ser anual, ya sé que deberíamos espaciarlas aun más pero ¿Qué quieren ustedes? No sabemos decir que no. Por eso una vez al año nos comprometemos con los del trabajo en hacer un partido de futbol, debido a nuestro amor por el deporte y en aras de conseguir lo peor para el enemigo…(Perdón, quise decir:mejor para el equipo…,) porque otra cosa no, pero si hay que sacrificarse …, nosotros, los primeros…
Siempre se nos ve en el peor puesto del torneo anual de futbol Memorial “Siempre alerta” que no es otro puesto que acarreando cervezas y vituallas para los futbolistas que con eso de correr y correr se beben las cervezas como si fueran refrescos gratis del Ikea…En fin que nosotros tenemos la poco gratificante labor de tener las cervezas fresquitas y la barbacoa en su punto para que cuando acabe el Memorial poder reponer fuerzas…, pero este año le dije al “Jerry”:
--Yo estoy hasta el gorro de estar siempre pendiente de las cervezas y de la estricta dieta de panceta que tienen estos jurbolistas, este año jugamos nosotros Jerry—Le dije al Jerry que según iba entendiendo abría los ojos como platos de jamón.---Mira, siempre tenemos que “apencar” nosotros y luego todos comen igual, asi es que este año; debutamos. El Jerry asintió con la cabeza como dudando, pero al final dijo: -Si,..si lo miras asín…, si, lo verdaderamente importante es no aparecer por el trabajo…
Allí aparecimos el Jerry y yo con pantalones cortos, él con la goma del pantalón para fuera, pues como tiene tripita más “contorneada” que el resto de su contorno…, se empeña en subirse los pantalones y la goma se empeña a su vez en darse la vuelta y bajarse. ¡Ojo que a mí me pasa lo mismo…! Pero más apretao…



De Deaquella manera en Flickr

El Jerry el muy traidor estaba de portero, y digo traidor porque le había dicho que yo quería ser portero, que era el sitio donde menos se corría, pues el tío va y se pide el sitio.., ¡Tener amigos para esto…! Y como portero solo hay uno…, ya en el otro equipo hay otro…, pero esta feo… “Asinque” me dijo Barbastro “que me ciñera a las bandas”, y yo no sabía cómo se hacía aquello, porque lo único que ceñía bien era el pantalón que a duras penas me aguantaba en la cintura y pugnaba por dar un correazo con la goma del elástico, y lo de las bandas unas veces me parecía música y otras las de las palomas, así es que allí me tienen subiendo y bajando por las bandas y el Jerry apoyado en el larguero echando traguitos de agua, en una de estas que le estaba mirando pasa el balón al lado mío y juro que yo no hice siquiera ademán de pegarle ni nada, me limité a verlo pasar rodando con sus rayitas multicolores pues yo estaba pensando en lo bien que me vendría un traguito de agua…Pues llega el cuñado de Barbastro que como todos los cuñaos debe ser mala gente, y me pasa por encima como si fuera un cabestro…el tal Barbastro…claro para pasarme por encima debió tirarme, y me tiró, ya puestos…y no crean ustedes que estábamos en campo de hierba que había mas chinas que en la elección de Miss Shangai, todo lo que tenia al descubierto se vió afectado por la fricción prolongada de “piedrinas” y arena, ¡Que golpe!, que golpe dí contra el suelo…, porque lo de Barbastro no tiene nombre…, si me lo hubiera dicho…, no hacia falta ponerse tan violento…, ya me aparto, yo le habría dado el balón en propia mano…
Si antes ni subía ni bajaba por las bandas con el cuerpo más blandito ya ni me movía…, me limitaba a seguir con la cabeza la evolución del balón y cuando juzgaba que se acercaba mucho corria por la banda pero para el lado contrario y así tuve un gran éxito; no toqué el balón en ningún momento y pese a que el “cuñao” de Barbastro demostraba aun ganas de atropellarme conseguí acabar el partido.
Cojeando, maltrecho y lamentando haber tenido la feliz idea del “escaqueo con gloria” llegué al puesto de revituallamiento justo cuando el Jerry le quitaba la chapa a su segundo botellín y me decia que lo nuestro era organizar el catering porque los inutiles que se hicieron cargo no habían previsto que la cerveza fria es mejor que la caliente y eso era lo que quedaba.
Torpezas se hacen muchas en la vida pero creanme si les digo que nunca tuvo tanto sentido aplicada a mi momentanea incursión en el deporte empresarial, pues si las Torpezas son torpezas es porque un Torpe hace ¡zas y yo hice ¡Zas y además: ¡Ay, ay, ay!.., el año que viene…, ¡El año que viene, no me quedo sin cerveza fria…!


De Rahego en Flickr




lunes, 26 de octubre de 2009

UNA TORPEZA



Hace poco cometí una torpeza, en realidad cometo tantas que siempre hace poco que cometí una torpeza, a veces uno no es consciente de las limitaciones que tiene y en mi caso nunca soy consciente de lo limitadas que son mis “limitaciones”. Es lo único claro en mis límites.
Por eso…, cuando el tipo que vive en mi casa y que se come casi una pechuga de pavo de una “sentá”, me dijo:
-¡A ver quién llega antes al kiosco!—Sin respetar un tiempo mínimo para procesar tanta información y que mi cerebro supiera que estábamos compitiendo, ya no hay caballeros…. Por eso decía, di un brinquito y pasó lo que tenía que pasar…
Decidí que podía hacer frente al reto, e intenté correr para ver si le alcanzaba e incluso superarle, pero se ve que no.., mi mente se adelantó tanto a mis pies que me vi con la cabeza por delante y sin tener los pies donde debían estar, consecuencia: Una “pedazo ostia” de campeonato…, de las que ganan cualquier campeonato, …por ir concretando.
Es curioso que pensé que debía ser una ostia considerable pues si bien no vi mi vida pasar a cámara lenta , como dicen que pasa momentos antes de la muerte.., si que vi a muy lenta velocidad como las baldosas grises se acercaban de una manera sospechosamente rápida a mi persona, noté el golpe, noté el raspón en los codos, noté el tripazo…, noté.., noté.
¡No, te dije que estas muy torpe…! --Me dijo la que duerme a mi lado, medio riéndose…, no, medio riéndose no, partida de risa. --¡Ay, ay que costalazo se ha “dao”!—Le oí decir mientras ponía de nuevo mi cuerpo en posición vertical a una velocidad tan rápida que parecía mentira que me hubiera caído salvo por los raspones que tenía en los codos por los pastos de los pantalones y por un gran redondel de polvo y tierra que circundaba mis abdominales…, vale mi tripita…, bueno…, mi tripa. (Y no cedo más…). Parecía emerger del derrumbe de las torres gemelas, jamás me vi en polvo tan grande…, ni desgraciadamente me veré…, es certeza.., lo sé.
Mientras revisaba mis codos y me volvía hacía el lugar del crimen, más que nada para ver el tronco que me habían puesto en los pies…, pero sin ver más que briznas y un gran rodal que debía ser donde tomé tierra (por cierto, hasta hartarme). La que duerme a mi lado y madre a su vez del que se come una pechuga de pavo de una “sentá” me gritó:
-¡Pero sacúdete!- Y como si esto fuera poco, decía:
-¿Hay que ver cómo te has puesto..?—y levantaba aun más la voz.
-¡No dais más que trabajo!—y volvía a sacudirme y gritar.
-¡Sacúdete, que estás loao!. Y yo me preguntaba si quería limpiarme o quizás pretendía rematarme en vista de que la “pedazo ostia” no había podido conmigo…
El tío que se come media pechuga de pavo de una “sentá”, no paraba de reírse, y me dio por pensar que no gané con el cambio, dejar irse al niño que fúe un día y quedarme con el tio que vive en casa y que se come una pechuga de pavo de una sentá…, fue otra torpeza…, inevitable…, pero torpeza al fin y al cabo.
Por eso sé que en algún momento cometemos errores… y sobre todo TORPEZAS. Doy fe.





No es la tuya.

lunes, 5 de octubre de 2009

DESDE EL CIELO TE ECHARAN UNA MANO (incluso varias)



En estos tiempos convulsos en los que la honradez y la honestidad son valores en alza; no porque sean apreciados, si no porque se elevan y elevan de manera tal que son difícilmente alcanzables. En estos tiempos decía en que ser concejal de urbanismo o promotor inmobiliario es señal inequívoca de “moral distraída”, me viene, no sin esfuerzo, al saco (por tamaño, no por textura…) de los recuerdos los tiempos en que robar era algo romántico, emocionante y arriesgado. Pero hay que remontarse tanto atrás que he de trasladarme a mi niñez y eso ya va siendo tarea ardua y laboriosa. Aunque como le oí decir a alguien: Volver a los orígenes, no es retroceder.


El de "Angelillo" desapareció, pero se parecia a este.


Éramos el Jerry y yo uña y carne y entre ambos (como era habitual por entonces…) mucha porquería; salvo el sábado en el que al menos en mi casa era por imperativo legal obligatoria la desinfección, pues aquello parecía más la fumigación de un campo que un placentero y reparador baño.

Era el Jerry por aquel tiempo un tipo temerario, al que cualquier signo de autoridad y orden establecido, le traía al pairo, no es que fuera especialmente dañino pero tenía un sentido que le llevaba siempre a explorar el límite de cualquier cosa y algunas veces (la mayoría) pasaba ampliamente ese límite y debía arrostrar las consecuencias.

Había por aquel tiempo un kiosco de chucherías, tabaco e incluso algunas revistas que el “destape” trajo a nuestros ojos de manera tan poco recatada y obscena que se nos erizaban los pelos y alguna que otra cosa más, …pero poco.

Aquel antro de perversión estaba regentado por un tipo menudo y digo bien porque…¡ menudo era el tipo…! Se lavaba menos que el resto de mortales, que aquello ya era difícilmente asumible y usaba a modo de perfume, grandes dosis de eau de parfum “El castillo de Gredos”, que venía en un frasco enorme de un litro y como tapón un sombrerito de plástico lacrado con un poco de aluminio. Olía a vino quiero decir, era tal su afición por aquel perfume, que en cuanto reunía el más mínimo ingreso se acercaba a la bodega, perdón perfumería y se hacía con un nuevo frasco.

Angelillo era un tipo desastrado, siempre con barba de tres días o incluso cuatro, nunca se le veía afeitado y mucho menos en orden de revista salvo el orden en el que ponía las suyas por el tamaño de las te…, por el tamaño. Tenía una paciencia infinita pues a menudo (Muy a menudo no) se juntaba su clientela y experimentábamos el grado de aguante de aquel ser.

--Una coca cola, un chicle bazooka, dos regalices rojos y una bolsa de gusanitos—Todo esto dicho entre un ¡HUUUUMMM! y otro, probando la infinita paciencia de aquel precursor de Miguel Bosé (Por la barba de tres días)

Angelillo tenía la costumbre de echar una cabezadita en el interior de su Kiosco verde de chapa, que al resguardo de los grandes pinos debía de ser un lugar fresquito…, lástima que allí no hubiera pino alguno e hiciera un calor del demonio, pero el contaba con los beneficios terapéuticos del perfume Castillo de Gredos que además de oloroso era soporífero y encerrado entre chapas se abandonaba en la tarea de dejar crecer un poco más la barba, durante un par de horas. Allí al resguardo de su kiosco dormitaba las horas de la siesta con el difícil anhelo de que numerosos clientes le proporcionaran algo con lo que ir a perfumarse. Apoyaba los brazos delante del ventanuco y allí permanecía alerta todo el tiempo…, alerta, alerta, depende…, depende de lo alerta que le permitiera estar el “perfume”.


Joaquín había ideado un plan que no podía fallar, como casi todo lo que le fallaba. Consistía aquel descabellado asunto en esperar el más placentero sueño que Morfeo y Baco pudiera conceder a Angelillo y entonces echar mano de todo lo que estuviera a mano y así hacer un poco más de sitio para que pudiera extender sus cortas piernas quitando algunas mercancías que no le dejaban descansar a gusto.

El fin del asunto no era malo ni el objetivo tampoco, bien mirado era mirar por el bien ajeno, loable objeto el de convertir este en propio, pero sin que el ajeno lo supiera.

Joaquín nos participó de su plan y a pesar de las pegas que le pusimos la principal era que nuestras pegas eran muy diferentes de las pegás que daba Angelillo…, todos los que conocíamos el mal carácter de Angelillo se lo advertimos con vehemencia, pero insistió tanto que no pudimos por menos que rezar un par de oraciones por el descanso de su alma cosa no que no apreció en su justo término.

Caminamos junto a él, intentando disuadirle hasta que llegados a una prudente distancia nos hizo callar con ademanes más propios de formación castrense que de la escasa formación que tenía. Joaquín se acercó sigiloso luego de mirar durante unos minutos cómo Angelillo daba unas tarascas propias de alguien con afán de partirse el cuello más que de personas con necesidad de sucumbir plácidamente a un reparador sueño. Pasados unos minutos de lucha, Angelillo cayó con la cabeza entre sus brazos, y también calló porque el leve murmullo que salía de sus labios dejó de oírse.

Joaquín entonces con movimientos felinos se aproximó a la ratonera, (perdón, ventanita) y como pudo metió la mano y por encima de la cabeza que descansaba a escasos centímetros de él, fue cogiendo lo que pudo, que en esto de la sustracción no se le puede hacer ascos a nada y aquí no le salía ningún ¡Hummm! Ni duda alguna…, trincaba de todo, chicles, regalices, más chicles, más regalices y hasta algún paquete de tabaco…

Pero pasó lo que debía pasar, como en casi todos los planes del Jerry (Joaquín en inglés); y Angelillo resucitó de repente, pues se conoce que no debía tener suficiente anestesia y en no habiendo para él decidió anestesiar a su mejor cliente, le cogió de uno de sus brazos y tirando de él le dejo atrapado en la ratonera de manera que no podía pasar el otro brazo, dejando a merced de Angelillo aquel rostro que tanta cara demostró tener…Entre cristales se veía a Joaquín mirando por los lados en busca de alguien que le echara una mano…, y eso es lo que acudía una y otra vez a su cara, una mano, la de Angelillo, que demostró que el alcohol no merma los reflejos, si no que los aumenta, al menos en la misma medida que la cara de Joaquín que se estaba poniendo roja y además hinchada. Angelillo ya preso de la excitación…, o más bien del cansancio por el ejercicio empezó a acusar el agotamiento y se espaciaron un poco las manos que le echaba a Joaquín y este pudo decir algo como que tenia dinero y que todo era fruto de un lamentable error, fue entonces y solo entonces cuando Angelillo cesó en el castigo y pudo aprovechar Joaquín para salir corriendo, sin cogernos a los demás porque los demás ya habíamos cogido ventaja pues salimos a correr muchísimo antes, luego nos reprochaba la falta de compañerismo y los demás le recordábamos su falta de juicio, mientras masticaba un chicle, único trofeo alcanzado por el esfuerzo y dedicación empleados en que Angelillo ejercitara su mano diestra.

Falta de juicio…, por la locura y porque era lo que se merecía, un juicio, lo que nos pudimos reír aquel día…, menos Joaquín y Angelillo que se quedaron con un disgusto ambos….dos.