martes, 30 de diciembre de 2008

¡No, eso no!

El reloj de la torre acaba de marcar las ocho y este caluroso día de Agosto aun se resiste a morir…aun acaricia con fuerza las tejas que cubren las casas que parecen tranquilizarse por la ausencia del azote continuo de los rayos de sol tan directos e impactantes… En la serenidad del patio.., junto al pozo…, con un vasino de vino en la cercanía de la mano, a cubierto, en la sombra que el alto muro procura…, voy cogiendo una a una, fotos amarillentas, con una suave doblez, con brillo que devuelve los aun fuertes restos de cegadora luz.

--Ahí, estábamos en Alemania…, vaya frio que hacia…-- Intento imaginar el terrible frio que se adivina en la instantánea y me estremezco, a pesar del calor que hace aun en el patio, me estremezco porque no puedo asimilar tanto frio por fuera y mucho menos por dentro…en un sitio tan lejano y extraño…

--En esa, estábamos en “la cueva”…--Y yo intento adivinar en el fondo de la foto la entrada a alguna cueva que justifique el nombre, sin encontrarla…

Me detengo un instante y alargo la mano, bebo un poco de vino de Miajadas, y el vaso transparente y pequeño de Duralex hace un ¡Tong” seco cuando lo pongo en el brocal del pozo, en lo alto se adivina una estela blanca y al final de ella un avión camino quizás de allende de los mares, iluminado aun por el incansable sol, haciéndole brillar, allá, en lo alto..silencioso.

Encuentro un recibo de la luz, pues eso de decir Compañía de Suministro de Electricidad es cosa moderna y un esnobismo propio de estos días…

--Tíralo, a saber de qué año será…—Lo aparto y lo vuelvo a meter entre las fotos… en ese año se arpobó la constitucion…, recuerdo mientras sonrío ante la imagen de una plaza tan diferente a la que ahora conocen mis ojos… arena en el suelo, diáfana y libre de obstáculos como les gusta a los naturales de aquí tener las cosas…, sin trastos por medio. Vuelvo a oir hablar y de nuevo bebo del vaso “chiquinino”
.
--No sé para que guardamos estas cosas, deberíamos tirarlas...—Pero callo y sigue rebuscando, sale una imagen de “Santa Catalina”, pertenece a un calendario de un año ya en el olvido, aun tiene el aluminio en su parte superior y le faltan todas las hojas del año que le dio vida. Sé la respuesta pero aun así hago la pregunta:

--¿Y esto.., esto lo tiramos también?—mientras lo saco y estiro mostrando la imagen de Santa Catalina en color, un color que me recuerda las películas antiguas de Cinemascope.

--¡No, eso no!—Me responden rápido, casi en un grito, me apremian a que devuelva la imagen y mientras sus manos estiran el papel, adivino un brillo en sus ojos…--No esto no, que es Santa Catalina… --y con cuidado se vuelve a meter en el cajoncino de madera, cajón que volverá a abrir quién sabe dentro de muchos años y quizás pregunte: --¿Y esto, esto lo tiramos?—Y seguro estoy que entonces seré yo el que conteste: --¡No, esto no, que es Santa Catalina!.

sábado, 20 de diciembre de 2008

"JUAN DIEZPATAS"

“Juan diezpatas”, miró con satisfacción el camastro que acababa de prepararse y se dijo que así estaba bien, se dispuso a pasar la noche en su huerto y acarició su garrota, esta le hacía compañía allá donde iba y le daba seguridad. En más de una ocasión le había salvado de alguna situación comprometida, pues la sola visión del “maderamen”, válido para hacerse una barca…, hacia recapacitar al más intrépido retador.
El huerto de “Juan diezpatas” estaba situado al lado de la huerta de “la holla” y entre la calle de las Viñas que un poco más adelante se convierte en el camino de Alcollarín y “el juncal” o de “las huertas”, que se unían en un punto que se llamaba “las cuatro calles” y lógicamente en un arranque de originalidad era lo que allí había: cuatro calles. Allí cerca, en las cuatro calles había puesto “Juan diezpatas” sus dos mantas, una, encima de un poco de paja y ramajes que velaran por el descanso de sus trabajados riñones y otra que le protegiera del relente veraniego que llegaba sin avisar .
“Juan diezpatas” cuidaba mucho su huerto y estaba orgulloso de las peras que conseguía arrancar a los frutales con mucho cuidado y atención. En no pocas ocasiones le habían hablado maravillas de las peras que con tanto cuidado protegía, y ¿Qué decir de los higos?, arrope puro… su sola visión hacia que la gente sintiera la necesidad de sopesarlos en las manos, para a continuación quitarles un poco la piel y sumergirse en los azucares más sabrosos... Algunos ni eso… con la piel, les parecían el majar más sabroso que la tierra pudiera dar, más no, “Juan diezpatas”, “Juan diezpatas” no había dado de balde, jamás una pera ni un higo. Se vanagloriaba de ser astuto y ladino en el cuidado de su huerta y por ello nadie había osado jamás llevarse de su tierra fruto alguno que antes no hubiera pasado con una compensación adecuada.
“Juan diezpatas” esbozó una sonrisa zorruna y no pudo evitar recordar a los muchachones que días atrás le preguntaban por sus peras y engrandecían la fama de los higos que aun debían esperar un tiempo, pero que ya se adivinaban de buen tamaño…
-- ¡“Juan diezpatas”!, hay que ver que peras tiene usted en el huerto… cualquier día le hacemos una visita por la noche “pá” probarlas…que”usté” no se enfada, ¿verdad, “usté”?—Le decía un muchacho con cara de pillo, mientras, no quitaba ojo a la garrota que “Juan diezpatas” apretaba en su mano, como queriendo confirmar que seguía allí, quietecita...
-- ¡Ay, ¡Bandido!, no creo yo que ninguno tenga los arrestos que hay que tener, para quitarme alguna pera…, que en estando yo bueno, no hay “higos” para entrar a quitarme lo que mío es, ….mientras tenga a mi lado esta estaca los que vayan con mala intención allá, han de temer…, que yo tengo la conciencia tranquila; y lo mío es mío, y en eso de quitarle a uno lo suyo, ¡no hay amigos que valgan.! —Decía esto “Juan diezpatas” mientras blandía firme, la formidable garrota que terminaba en una maza que daba escalofríos el solo hecho de pensar que se pudiera “peinar” alguna cabezota con semejante peine.
Los muchachones que sabían bien de la dureza de la garrota, no se amedrentaban y seguían burlándose de los frutos tan magníficos que daba la huerta. Y entre quiebros y requiebros no dejaban de pensar en la manera de hacerse con las peras de “Juan diezpatas”, más que por las peras… (Que también…) por burlar la confianza que el buen hombre tenía en su garrote…
“Juan diezpatas” se tumbó en su campera cama, después de echar un vistazo a sus mulas. Tentó su garrota y no pudo evitar una leve mueca de satisfacción al pensar en lo bien “protegido” que estaba su huerto… Miró al cielo de Campo Lugar y no por mil veces visto dejó de experimentar un estremecimiento al contemplar aquel cielo que de día no había quién mirara, pero que de noche era el espectáculo más radiante que ojos humanos pudieran ver, allá en el infinito miles de estrellas tintineaban en un baile sin fin, acompañadas de una luna enorme y cegadoramente blanca en una noche clara y extrañamente “fresquina”, después del día caluroso y hostil, se agradecía esa leve brisa reparadora de la “trabajola” de un dia largo en su preciado huerto…
“Juan diezpatas”, se dio la vuelta en su camera y arropándose con la manta se dispuso a darle otro empujón al sueño que le vencía. Primero oyó una especie de lamento pero como estaba en un placentero duermevela no prestó atención, sin proponérselo se mantuvo alerta y cuando llegó a sus oídos el sonido de algo que arrastraba, aferró su garrote y con un movimiento violento apartó la manta que lo protegía, miró a las mulas, y estas permanecían en su rincón tranquilas y quietecitas…Se disponía a volver a su descanso cuando oyó esta vez más claramente el arrastre de algo metálico, las mulas esta vez sí se mostraron inquietas…. Era “Juan diezpatas” un hombre poco religioso, pero cumplidor de los deberes que la Iglesia demandaba de sus feligreses, no por convencimiento propio…, más bien por una especie de superstición que le hacía respetar lo que sus “entendederas” no podían manejar con “fluidez” y pensó que sería algún ruido natural y que su celo en el cuidado de las peras le estaba jugando una mala pasada…La brisa leve le trajo esta vez una especie de lamento, pero desde la calle opuesta, se volvieron a repetir lamentos y ruidos metálicos cada vez más nítidamente, con los puños cerrados se frotó los ojos y en la oscuridad pudo ver unas figuras que se balanceaban de un lado a otro y con paso lento acompañaban a una especie de farol que abría el camino. Un miedo ancestral invadió su alma y ni siquiera la garrota que aferraba entre sus manos pudo darle seguridad, el estaba preparado para enfrentarse a cualquier cosa…, por muy hombre que fuera… pero aquello, …aquello no parecía humano…se obligó a permanecer expectante y agudizó sus ojos en busca de la nitidez que le permitieran ver mejor aquellas formas que avanzaban por un lado, por la calle de “las viñas”, y las otras que venían con iluminada lentitud por el “juncal”, pero no pudo ver nada que le sacara de dudas.. En estas estaba cuando la corriente de aire le pareció más fuerte y le trajo una voz gutural y grave que a él le pareció inhumana.
--- ¿A dónde vas, muerte ingrata…?---Oyó que decía el grupo que venia del “juncal”.
--- ¡A comerme las peras de “Juan diezpatas”!—le respondía la muerte que parecía venir por “las Viñas”.
--- ¡Antes, cuando estábamos vivos…todos éramos amigos…! – paró apenas la voz un momento y a continuación dijo, pero esta vez más alto: --- ¡…Y ahora que somos muertos, todos andamos rondando estos huertos…!
“Juan diezpatas”, no pudo más, miró a sus mulas y poniéndose las alpargatas a toda prisa saltó la cerca de su huerta con un salto prodigioso para sus cansados huesos y aferrando su garrota huyó de aquellas “cuatro calles” desapareciendo a trompicones, levantando polvo cada vez que se caía en su afán de imprimir rapidez a su carrera….
Pasado un tiempo, una vez que no se veía ni rastro de “Juan diezpatas” los dos grupos de muchachones disfrazados con trapajos y unos con una sandia vaciada en su interior y con ojos y boca simulando a la aterradora muerte, con una vela iluminando levemente el camino; y los otros con cadenas arrastrando y golpeando piedras y cercas, se juntaron en las cuatro calles y empezaron la recolección de aquellas peras del país que ningún vivo tuvo agallas de quitar a “Juan diezpatas”.
Al dia siguiente se vio a “Juan diezpatas” paseando por las calles del pueblo, extrañamente nervioso y aferrando con una fuerza desacostumbrada la garrota, en una de las calles vio a tres muchachones que con peras en las manos le decían: ---¡Qué buenas están estas peras… no querrá usté compararlas con las suyas…que esas si que están buenas…!--- Y dando unas carcajadas que se clavaron en lo más profundo de “Juan diezpatas” se alejaron de allí sin quitarle ojo a la garrota… pero el hombre comprendiendo que había sido burlado en la arrogancia de pretender ser más listo que nadie… se cayó y respirando profundo se alejó de allí, mientras pensaba: --¡Maldita sea, si digo algo … voy a ser el jolgorio del pueblo…”asinque”, que les aproveche a estos ¡Bandidos! Y la próxima vez mal que les acompañe la mesma muerte soy escapaz de liarme a “zurríos” con tos ellos…, y ahora voy a por las mulas y ver que “manjecho” en mi huerto…y mientras se dirigía camino de las cuatro calles no pudo evitar recordar aquel lejano día en que “Bernardo Ligerino”, “Tomás Bomba” y el mismo, fueron a por ciruelas y volvieron con ellas pero también con alguna que otra “pedrá” del tío Cesáreo que no lo veía bien…, porque eran suyas.
A pesar de su silencio…”Juan diez patas” no pudo evitar ser la “comidilla” del pueblo…ni él,… ni sus peras….

viernes, 19 de diciembre de 2008

MITSUBISHI

Giré mi cuerpo, despacio,…muy despacio, mientras, bajo mis pies, el hielo crujia haciendo sonar chasquidos que llegaban a mis oídos con la vaguedad que permitía mi gorro de lana, miré al lejano horizonte y ningún accidente geográfico se adivinaba entre mi posición y la línea que separaba el blanco hielo del azul nítido que resplandecía en el cielo despejado. Era todo blanco, un blanco que habría dañado mis ojos de no llevar mis gafas Ray Ban para nieve con cristales tratados con un baño de iridio luminiscente a bajas presiones, un blanco que me incomodaba, como el blanco de una página que está por escribir. Empezó a llegar a mis oídos el suave (al principio) ulular del aire para convertirse rápidamente en un canto machaconamente nervioso, todo estaba en silencio hasta el mismo momento en que empezó a soplar el viento con una furia desatada que en el momento inmediatamente anterior nadie hubiera podido presagiar. El viento arrancaba briznas de hielo que depositaba de nuevo sobre el mismo hielo y vuelta a empezar volviendo a arrancar de nuevo y depositándola un poco más allá en un ejercicio inagotable y perpetuo.
Llevé mi guante derecho al rostro y acaricié una vez más mi nariz que debido al frio parecía pertenecer a otra persona, noté como estaba áspera y al apretar con los dedos, sentí dolor, un dolor sólido, rotundo y lacerante que me hizo agradecer el gorro de lana extremeña, que manos extremeñas tejieron para que una cabeza extremeña como la mía lo ciñera, largas horas debieron tejer aquellas extremeñas manos para abarcar tan extremeña y tan extremadamente gorda cabeza…pero protegía del frio en tierras tan lejanas y con tan extremada dureza como los inviernos de Extremadura son capaces de soportar…
Los calcetines de thinsulate, (que no es otra cosa que lana de la buena-buena), protegían mis dedos del frio y dejaban espacio para que pudieran moverse apenas en tan reducido espacio pero permitiendo conservar el calor propio, las botas de goretex, (o sea de plástico) hicieron crepitar de nuevo el hielo y con mucha dificultad conseguí entrar nuevamente en la tienda, que se batía contra el viento luchando por conservar sus amarres…pude quitarme las botas e introducirme en el saco de dormir, poniendo encima la parka para que impidiera que mi calor corporal se escapara, y allí arropado de nuevo tiritando y encogido en posición fetal agucé el oído pues el viento furioso empezaba a arreciar dando a sus sonidos formas caprichosas, similares a femeninas voces, voces lejanas por momentos chillonas y al siguiente susurrantes y zalameras….
--- ¡Calor! , ¡Que calor…! --- Parecían decir aquellas voces femeninas y rotundas que en mi mente confundida se asemejaban al acento claro y rotundo de ni Extremadura natal.
--- ¡Chacha, que calor ha jecho…, como sigamos asín no se qué va a ser..!---Quizás el destino se burlaba de mí trayendo a estos momentos tan duros, voces y acentos familiares que hicieran más duro el final…
Abrí un ojo y luego con un costoso movimiento, saqué la cabeza de debajo de la sabana y allí estaba el causante del rabioso ulular del viento, una consola de aire acondicionado que exhibía orgullosa su origen japonés. Mitsubishi en letras rojas… puse los pies en el suelo, sintiendo la libertad de movimientos sin calcetines opresores y el cálido suelo me devolvía algo del calor que anhelaba, calcé mis pies con las chanclas azules y presuroso, aparté la cortina de canutillos que me separaba de la calle y con paso firme me dirigí a la acera, donde tía Dionisia y la señora Juana seguían hablando del calor que había hecho durante la siesta…Pararon un momento mientras se fijaban en mí, que aun tiritando me ponía al sol con los brazos en cruz en un intento de recibir más extensamente los benefactores rayos, los ojos guiñados y a veces cerrados para evitar la cegadora luz de la cálida estrella.
Tía Dionisia, recuperada de la sorpresa inicial alcanzo a decir: ¡Damián, hijo!, ¿...Acaso tas vuelto tonto…?—Mientras la señora Juana me miraba a mí y luego a su contertulia sin enterarse de nada..
Pasados unos momentos empecé a recuperar el calor y con él empezó a fluir la sangre por mi cerebro, recuperado ya su líquido estado, pues se debe atribuir a la solidez de la congelación el lento circular de la sangre por mi cerebro y el embotamiento de mis ideas.
--Es que tía Dionisia, mi suegro a puesto hoy el aire acondicionado y se conoce que estaba muy fuerte y no he pasado más frio en mi vida…gracias que les oí a ustedes hablar del calor y me desperté que si no…, ¡Atchis!—estornudé violentamente como queriendo hacer más creíble mi versión, mientras la señora Juana pasaba un pañuelo por su frente y encaminaba sus pasos hacia el abrigo de las gruesas paredes de su casa, mientras movía su cabeza de un lado a otro como negándose a entender lo que veía y diciendo en voz muy baja: ¡ Pos anda, chacha que estamos aviaos…!

lunes, 8 de diciembre de 2008

MANTITA DE COLORES

Aquí, al abrigo de mi mantita de colores, en penumbra solar, cielo cubierto de nubes que ocultan un sol brillante y pleno que mi mente adivina más allá de lo que mis párpados pesados permiten ver... aquí me encuentro, viendo gotas de lluvia golpear el cristal de mi blanca ventana, reconfortada en el abrigo que el cristal me brinda, aprieto el mullido cojín que mis huesos hace descansar, respiro hondo y a mí llegan olores a limpio, la toalla que reserva la limpieza del brazo de mi sofá me devuelve algo de lo que con tanto placer le dedico, olor a suavizante, a limpio. Aquí, en el silencio de mi siesta, placentero refugio que mi mente adormece, calorcito en píldoras, mis pies notan frío suave y los encojo para ponerlos a resguardo, en mi mantita, mantita de micro fibra, ligera y alegre que en la oscuridad tenue de mi salón deja adivinar el colorido que esencia de luz parece, divertida muestra de colores vivos que mi calor resguardan.


Aquí en la nebulosa que mi mente empieza a fabricar en la medio conciencia de mis sentidos me dejo transportar hacia el mundo del sueño, me conforta tener la cocina hecha, los platos y vasos limpios en su sitio, mi suelo verde con rayitas blancas recién pintadas ayer, todo mi universo girando en torno a mi, cada cosa en su sitio, nada al azar, alejada del caos, mi seguridad, firme refugio en mi mantita..., veo desaparecer la tele, mi reloj barato, la mesa de cristal que brilla en la oscuridad gracias a las pasadas que mi brazo incansable le dedica en las mañanas..., todo es tan placentero, todo esta tan sólido en mi mente que poco a poco todo desaparece, curioso, lo más firme se lo lleva la nada... y así, aquí, en este rinconcito del universo, este espacio entre el cielo y la tierra, este pequeño terreno que mi cuerpo acaricia, experimento la paz, sin desear nada más, que mi mente se pare, que note la suave lentitud de no tener nada en que pensar, nada pendiente de hacer, por un momento todo hecho..todo acabado, todo en su sitio, todo bajo control, y ahora vuelvo a respirar fuerte, profundo y dejo de estar, desaparezco por un rato y no me importa donde voy, este es mi momento, feliz, una pequeña porción de felicidad, que es lo más cerca que voy a estar de ella...por eso me gusta...por eso me hace feliz... Mientras ya no estoy, gotas caen sobre el cristal y traviesas resbalan buscando el camino hacia abajo, mañana tendré que limpiar los cristales...pero eso será mañana...

jueves, 4 de diciembre de 2008

LA BAYETA


Necesito escribir en mi diario esta duda que me corroe, no me deja vivir y confunde mis sentidos. Toda persona que limpia, como es mi caso, necesita de herramientas que la ayuden y permitan hacer más liviano y eficaz su trabajo, por eso voy a analizar hoy uno de los mayores avances en la técnica de la pulcritud extrema, se trata de la Bayerina, es esta una bayeta de características especificas que la hacen valiosísima para cualquiera que se vea en la necesidad de realizar un trabajo impoluto (Aunque pueda parecerlo, no es palabrota), esta mágica bayeta es de color amarillo y tiene unas propiedades que la hacen extremadamente absorbente es tanto lo que absorbe que según un estudio de la universidad Ohio (Joio es otro estado, normalmente más placentero), se puede implementar una técnica por la cual se harían más rápidas las transfusiones de sangre, bastaría con una pequeña incisión (no confundir con infusión que eso es lo del té) y aplicada la bayerina en la herida esta sería tan efectiva absorbiendo que con retorcerla en un cubo se conseguiría más cantidad y más rápidamente la anhelada transfusión, ahora experimentan con cruasanes de cuatro días al sol, pero aunque se consigue más cantidad, se ve afectada porque aumenta el azúcar en la sangre y eso no conviene… En fin, lo dicho este eficaz instrumento tiene una problemática que a mí me corroe, pues existen en el mercado diferentes presentaciones de este simpar instrumento y como quiera que el original muestra en su precio una adversidad extrema mi duda es optar por los productos de marca blanca, pero estos tienen otra adversidad que si bien el precio hace olvidar rápidamente, existe. El hecho es que tienen un tamaño muy grande y si la parto por la mitad pasa a ser muy pequeño, así es que la recorto y se queda una bayerina más pequeña pero más manejable, pero me llevan los demonios cuando en el afán de ahorrar he de tirar el sobrante… y encima viene el penco Ruso que se come las salchichas de tres en tres y me dice que claro que asi no vamos a ahorrar nunca… si es que no me entienden y aquí ando yo con esta duda que como me altere mucho cojo compro de la cara y asi se acabó la duda, habrase visto….

viernes, 28 de noviembre de 2008

PAVO


Siento inducir a error con el título de este evocador recuerdo que ahora me dispongo a relatar. Es posible que alguien habitual lector de mis disquisiciones, piense que va a encontrar algo sobre comida o demás elementos sustentadores de la vida humana, pero no es así. El titulo de este escrito viene dado por otra cuestión que inmediatamente paso a contarles.

En mi vida fueron muchas las veces que metí la pata. En muchas de ellas la intención era meter otra cosa (Entiéndase que quiero decir cosas como: meter baza o meter las narices) Tendría yo la bonita edad de doce, catorce años, cuando la vida trajo a mí el descubrimiento más maravilloso que se puede hacer a esa edad y que no es otro que el de que las mujeres son un complemento perfecto a las carencias naturales con las que los hombres venimos a este mundo, por lo tanto con doce años empecé a ver que las mujeres tenían un “lado” más que interesante y que dejaban de ser aquellas humanas presencias a las que no les interesaba otra cosa que el “amor” y demás pamplinas, estas y otras sensaciones las empecé a notar de repente, miré alrededor y mis hermanas dejaron de existir como aquellas cosas que estaban todo el día pensando en Camilo Sesto y hablando de este chico o aquel… y se perfilaron como fuente inagotable de información para la mundanal causa.

Las muchachas de mi barrio pasaron de ser un incordio, siempre deseando jugar a ñoñerías, como pases de modelos e imitaciones de actuaciones, a ser perfectas para jugar a médicos, a papás y mamás e incluso para ensayar algún que otro baile…, yo tenía digamos que “cierto interés” por una muchacha más grandota que yo y “muy adelantada” a su tiempo. Ya se adivinaban en su perfil, formas y “redondeces “que presagiaban una mujer “atractiva”, ya he manifestado en varias ocasiones mi tendencia natural a escoger del plato las tajadas más gordas…en esta ocasión gorda no era, pero viéndome a mí puede decirse que era muuuy grande…

A principios de Junio de aquel venturoso año hacia bastante calor y yo había terminado mis deberes, que consistían en dejar la cartera en el sitio correspondiente y no desordenar la casa, cosa que hacía a la mayor brevedad para irme a la calle con mi inseparable amigo “Joaquín”. Llevaba Joaquín unos pantalones de cheviot grandes como un demonio y una campana que para sí quisieran en Burgos Catedral, con un cinturón ancho y con la hebilla de un león en pleno rugido que nada tenía que envidiar a los de las Cortes…, acompañaba aquel conjunto con un jersey de cuello alto de color rojo que debido a lo “encendido” de su color y al calor que hacia adivinabase la inminencia de una combustión interna de Joaquín o al menos una sofocación eterna por semejante abrigamiento, …entre los pantalones de campana, el cinturón, los zapatos con un tacón, que parecía que calzaba un par de pales y el jersey ceñido de cuello alto…parecía el mismo demonio, yo llevaba unos pantalones de mi hermana mayor, que como estudiaba, corte y confección le dió por cortar y dejarlos por la mitad del muslo, pero debió de medir mal y los dejó que no se sabían si eran cortos o es que me quedaban pesqueros, el caso es que años después se pusieron de moda y aun hoy se llaman “piratas”.

Parecíamos los Rolling Stones en versión española: Los chinarros revoltosos, más o menos…seria la traducción, cuando apareció por el portal de enfrente la muchacha de generosas formas que hacía que mi sofoco se elevara…igual..igual que se elevaban otras cosas… los balones arrojados por fuertes brazos…por poner un ejemplo…el caso es que había una valla que separaba la acera de la calzada en previsión urbanística envidiable de alguna mente preclara , yo tuve una fugaz imagen en la que me veía emulando algún trapecista famoso quizás a Burt Lancaster y tan fugaz como la imagen que vi, fue mi carrera como “saltimbanqui”, viendo que la chica “generosa” y su amiga se acercaban donde el demonio hecho persona que era Joaquín y el saltimbanqui que era yo, con aquellos pantalones de espuma y cuadros amarillos y verdes podría pasar por payaso, y sin ellos mucho más y sin duda mejor. El caso fue que chulito yo, decidí deslumbrar a aquella “mujerona” con mis habilidades saltarinas y en un abrir y cerrar de ojos estaba encima de la valla evolucionando con un arte y una maestría sin par( Sin par estuve a punto de quedarme…), Joaquín desde abajo con la boca abierta, los ojos ligeramente vidriosos y los mofletes a tono con el jersey colorao parecía un diablo pero echao a perder, no salía de su asombro y el infeliz parecía preguntarse ¿pero que “la dao” a este Damián para ponerse a hacer la cabra? Mientras…, Damián (o sea, yo) seguía dando pasitos titubeantes encima de la barandilla con los brazos en cruz con una habilidad que parecía tener de toda la vida…

Mi carrera terminó… rápidamente. Joaquín me dijo tiempo después que me vio subir apenas en un segundo a la valla, más sin embargo confiesa entre carcajadas que verme caer no me vio, estaba arriba y un segundo después ya estaba abajo, fue visto y no visto. Perdí el pie de la barandilla, … caí en dos tiempos, pude hacer en dos tramos la caída más rotundamente estúpida que he podido ver de cerca…muy de cerca, caí espatarrado con la barandilla en medio de cada una de mis piernas, y ya se pueden imaginar…sentí un dolor agudo o grave yo creo que la palabra adecuada sería grave, muy grave, la cuestión es que el grueso (Pero bueno…¿qué clase de persona, creen que soy..? ese grueso no, ¡Diablo!) , el grueso del daño se lo llevó la parte interna de mi muslo derecho y solo un ligero golpe incidió sobre el grueso…perdón, sobre mis tendencias maltrechas, el caso es que allí mismo hice la primera parada, se me pusieron los ojos trabaos, empecé a resoplar como locomotora a vapor y seguí con lo que estaba que no era otra cosa que acabar de caerme, como no podía poner los pies en ningún sitio y mis “facultades” estaban siendo mermadas de una manera asombrosa, fui girando sobre mi misma entrepierna rodeando con estudiada destreza la barandilla, para acabar cayéndome de nuevo al suelo esta vez desde mi cabalgadura que era la recia barra , así es que allí quedé, viendo muy de cerca las baldosas de la acera y viendo además como llegaba la “mujerona” a la que quería sorprender, y puedo dar fe que venía con cara de sorpresa la joia, aunque para cara de sorpresa debía ser la mía. Mientras toda mi vida pasaba rauda y veloz, que es lo que dicen que ocurre en los momentos anteriores a la muerte, pues yo pensé que me moría. Oía de fondo unas risas y unos golpeteos que adiviné enseguida provenían del diablo de Joaquín, ¡Ay, ay, ay, hazlo otra vez Damián…, otra, ay, ay, ay!. Entre tanto, no sin dificultad pude ponerme en cuclillas y empezar a dar botes, que era lo que había visto hacer en situaciones del mismo “calado”, llegaron la mujerona y la mujercita y me preguntaron ¿que si me había hecho daño..?, ¡QUE SI ME HABIA HECHO DAÑO…!, ¿se puede ser más…?, Ostias no me voy a hacer daño si me he montado encima de la barandilla sin silla ni ná… Años más tarde… cuando tuve el anhelo de contribuir con un Damiancito al incremento de la demografía mundial, tuve mis dudas por las consecuencias de aquella actuación sobre mi capacidad para perpetuar la especie… no hubo problemas, pero dudas existieron…, aunque leves. Pero sobre lo que no hubo nunca dudas es del motivo del título, de este texto… ¿Se puede ser más PAVO?

viernes, 21 de noviembre de 2008

ESPINOSA

Espinosa era un tipo moreno, un gran bigote atravesaba su cara redonda y amplia, de aspecto sano y cuerpo recio. Hablé con él en muy pocas ocasiones, en veinte años quizás serian cinco. Persona experimentada nunca se negó a ayudarme aun en las cosas más triviales y básicas, siempre mostró ante mí un inusitado afecto que iba acompañado con una crítica feroz al orden superior, como si tuviera la imperiosa necesidad de tener un enemigo común para acercarse a alguien.
Espinosa se dirigió a mí un lunes, le ví venir y me causó extrañeza la decisión con la que se aproximaba, esperé intrigado qué sería lo que me iba a decir, y llegado donde yo estaba alargó su mano y en un movimiento instintivo se las estreché.
- ¿Cómo andas Damián…, hoy es mi ultimo día, mañana ya me jubilo…? –
- ¡Vaya, eso está muy bien, compañero, aquí no hay quien se entere como somos tantos…!-
- Bueno lo pusieron en el tablón hace unos meses, pero como andas ensimismado en sabe Dios qué…
- Es cierto- dije a modo de disculpa, sabiendo que en realidad ninguna era buena- sabes que en cuanto entro, procuro ir a lo mío…
- Cada día te pareces más a tu padre, ¡jodío! - Le agradecí con la mirada el recuerdo, y me obligué a ser amable, aquel tipo merecía ser conocido mejor.
- ¡Bueno en la Cafetería he dejado unos churros para que por lo menos hoy os acordéis de uno…!- Dijo con un leve tono de estudiado rencor.
- ¡Muchas gracias, Espinosa, pero ya sabes que estoy a dieta y…!
- ¡Anda, anda que a mí no me engañas… tira y coge un par de ellos…!
- ¿Y ahora que vas a hacer con tanto tiempo…?- Intenté cambiar de tema para no pensar en los churros.
- ¡Ahora vamos a viajar, unos meses en el pueblo y el resto con el nieto, que está hecho un bandido…ya me apuntaré a cursos para aprender cosas inservibles y me iré a mirar las pocas obras que van a quedar, bueno Damián, ¡suerte! Que con la crisis...veremos a ver, yo ya me libro…¿Pero estos que mandan…?
- ¡Suerte, Espinosa, disfruta y tómatelo con calma que ahora vas a tener tiempo para todo…-Asintiendo con un ligero movimiento de cabeza me dió un golpecito en el brazo se alejó a seguir con las despedidas...
Hoy, miércoles, vinieron a decírmelo…, dos días pasaron…, un estremecimiento recorrió mi cuerpo, dejando paso a continuación al asombro más grande que hasta ahora experimenté… Espinosa había tenido un infarto… fulminante, podíamos visitar a su familia en el Tanatorio, dedicarle a él un poco más de tiempo que el que le dedicamos en vida…sentí no haber aceptado su invitación...¡Maldita sea!.., pensé en su mujer, en sus hijos y en su nieto…¡El bandido!, pensé en todas las cosas que se dejó sin aprender, en su pueblo, en los paseos que no daría… los viajes que no compartiría… y sentí una inmensa pena…más que por él, por mí…

…tan real como la vida misma…, e igualmente injusta.

jueves, 13 de noviembre de 2008

LIGERA RESBALA GOTA QUE MIS DEDOS MATAN


Calzados mis pies con sandalias, mis calcañales algo resecos por el abuso de permanecer a la intemperie, con paso decidido pero cadencioso, se dirigen al centro del mundo, catedral en mínima expresión, templo donde los mundanos, hablamos de mundanales asuntos, buscando conexión con el mundo más allá de estúpidas noticias de relleno, más allá de medallas y más medallas. Entro despacio en la cueva, oscura sala que me brinda frescor y alivio a calores adquiridos en el tránsito por estas calles, por mi frente, ligera resbala gota que mis dedos matan, dentro de mi frente, gotas aparecen en tropel, decorando la botella fría que mi mente anticipa, cerveza es lo que dentro de mí, mi cuerpo ansia, ahora es lo que toca, ahora toca saciar la sed y para ello no hay mejor sitio que este espacio donde se oyen voces en tropel, golpecitos amables en hombros recios y peticiones impacientes hacia la sacerdotisa de este templo

--Buenas… ¿Tardes?. Titubeo al saludar
--Buenos días… ¿Qué va a ser? ¿Mahou?, ¿Águila?—Mientras, la señora busca en la nevera con prisas, supongo que para dejar de perder el tiempo con este mortal y dedicarlo a cosas más provechosas como por ejemplo picar tomate…
--Carlsberg, por favor.---
La señora, para por un momento su ir y venir y piensa por un instante en lo extraño de la petición, pero es un instante apenas perceptible pues inmediatamente se sumerge en la nevera, vestigio artificial de glaciares polares y surge orgullosa con la jodia botella verde, con mirada desafiante, sabedora ella de haber superado el reto. Mira a los ojos de este jodio antojadizo y sin decirlo pero a gritos, parece escupirme en la cara.
--¡Que!, ¿Te creías que no iba a ser?, pues hay la tienes,… ¡Caprichoso!

La dama espera paciente su venganza y cuando el antojadizo ( o sea, yo), coge su botella verde con deleite, con anticipado deleite y con fruición se lleva el orondo orificio, de la oronda botella verde, a su orondo cuerpo y empieza a deslizar el helado liquido dorado por sus labios, apenas mojada su boca la señora con voz clara y fuerte, interrumpiendo ese momento mágico le pregunta:
--¿Quiere vaso?—Mientras una leve sonrisa se dibuja en sus labios, a la vez que da un tajo al tomate de Pizarro que sin decir ni mu cae en dos mitades simétricas, una a cada lado de la afilada hoja. Se queda callada esperando respuesta, sabedora que la educación y la pregunta directa y servicial no puede quedar sin respuesta.

El antojadizo ( o sea “nada que ver con huesos” o sea, yo) con la botella verde entre los labios iniciado ya el postrer sacrificio, da un respingo mayúsculo y apunto esta de caerse del taburete (que bonita palabra Ta-bu-re-te, parece musica, perdón), se oye un ruido como de garganta quebrada, quebrado el trasiego del líquido elemento, el antojadizo, osado peticionario de botellas verdes, no puede reprimir su instinto educado y a una pregunta como esa ha de contestar inmediatamente mientras la señora sabedora de su poder disfruta de la interrupción y del respingo que él torpemente ejecuta.

--¡No!, no es necesario, gracias.—Sintiendo como una rotura en su garganta adquiriendo en todo su esplendor el significado de la palabra “gañote”, en el convulso movimiento se derrama preciado liquido, adquiriendo el antojadizo la certeza de que su capricho vengado queda. Es que no puedes beber como todo el mundo Águila, Mahou, no tú… tienes que ser especial y beber Carslberg , pues ahí tienes… la certeza de ser especial y preguntarte si quieres vaso cuando a todas luces se ve que no, pues te afanas en trasegarte la joia botella verde, prescindiendo de las dos manos por mor del justo decoro.

Después de este “toque” de atención, el antojadizo ( de nuevo, yo) que tonto no es (un poco si), piensa en lo bien que estaría acompañar a la extranjera verdosa con un pincho, pero como no se atreve a contrariar de nuevo a la sacerdotisa del templo le pregunta a otro antojadizo que bebe Heineken a su lado: --¿Es que aquí no ponen nada para pinchar?—Dicho esto con el suficiente esmero y descaradamente bajito para esconderlo de oídos indiscretos.
A lo que el segundo antojadizo responde:--¡Si, hay lo tienes!—
--¿El qué?—
--Para pinchar…—
--¿Tomate, pruebas de cerdo, patatas aliñadas…?
--No, para pinchar ahí tienes los palillos…-- Se puede ser más tontito, pero más gracioso, no, más gracioso, no.
Haciendo acopio de valor se dirige a la oficiante del servicio y con toda la dulzura del mundo.
--¿No tendrías un pinchito por ahí?, de comer…no para pinchar, ¿no sé si me explico?.Me aturrullo, temiendo otro ataque de gracia nativa.
--Pues no. No te explicas, pero te entiendo… --dice ella sibilina mientras pone tres calamares en un platito inoxidable.—Hay tenéis para los dos…
--No si yo no vengo con este de la Heineken..—Explico inútilmente pues ella sigue operando con estudiada destreza el Tomate de Pizarro, que de la UVI hoy no sale…
Tomo un calamar, el de la Heineken toma otro, y por un instante nos miramos los dos, pues nos asalta una de las dudas existenciales más rotundas que cabeza humana pueda tener en días estivales y es, ¿Quién se come el que queda?, miro a la malvada que creó la situación el tiempo justo para ver como el antojadizo de la Heineken se mete el tercer calamar mientras distraídamente pone atención al programa de letras que hay en la tele.
¡Maldita sea, me la han vuelto a pegar… si es que aquí hay que venir comio…!

domingo, 9 de noviembre de 2008

JUSTITA

Justita la llamaba todo el mundo, Justa era su nombre, y en su vida no hubo nunca Justicia, vinieron de Ciudad Real, no recuerdo el nombre del pueblo, ¿acaso importa?, no, no hubo justicia, porque rodeada estuvo siempre de maldad y miseria, una miseria ancestral que le mana a uno de los huesos, una miseria que se adivina aunque esté envuelta de belleza, un destino escrito por mil veces sobre piedra dura, impasible al desgaste del viento y del polvo, su madre autoritaria gritaba sin cesar, nunca oyeron sus juveniles oídos palabras serenas y amorosas, acaso su madre a su vez sería lo que oyó de su madre y así en un cuento mil veces inacabado en una espiral maldita, el padre, hombre callado y con la resignación en el rostro, ahogadas sus penas en alcohol y trabajo de albañil, buscando una y otra vez el agotamiento físico en el tajo y el mental en el alcohol, alcohol que le hacía olvidar la pena que sintió al saber que el primogénito de su casta no sería nunca un digno representante de ella, el niño había nacido con graves deficiencias físicas y mentales y él a duras penas conseguía vivir engañándose con el adictivo liquido, por eso se había rendido a los gritos de su mujer y permanecía feliz mientras se oían los gritos de aquella mujer mil veces atormentada por la pena y la desgracia. Ni siquiera el nacimiento de aquella muchachita había conseguido levantar una vida que lánguidamente se apagaba.

Justita era de tez muy blanca, alabastro hecho carne, nieve cálida pues si era más blanca que la nieve no era fría como ella, poseía una mirada marcada por el desanimo pero viva y acogedora a la vez, vergonzosa, agachaba la mirada apenas notaba que la miraban y obedecía siempre que la voz firme de su madre se imponía por encima del deseado silencio, vagaba por el portal y por la calle siempre al abrigo de su hermano, manteniéndose siempre en un segundo plano, siempre callada, siempre pensativa…
Justita…, Justita era la última de cuatro hermanos, el primero necesitaba cuidados y atenciones a todas horas, el segundo un muchacho débil y sibilino había descubierto el mundo de las drogas y la rapiña y no había ninguna otra cosa que tuviera sitio en su cerebro dañado por la adicción, la tercera era inteligente, y su inteligencia la había llevado a la certeza de que el mundo era diferente fuera de las cuatro paredes de su casa, por eso mantenía un absoluto empeño en hacerse un mundo fuera de allí; y se alejaba de todo aquello que consideraba un lastre, y por ultimo estaba Justita…, pillada en tierra de nadie, envuelta entre las voces de su madre y los silencios de su padre no veía el camino que debía seguir y apenas empezó a caminar, el suelo desapareció de debajo de sus blancos pies…

¡Justita, mi Justita!, gritaba entre llantos, la voz femenina que a menudo profería insultos y desprecios. --¡Justita, ya te lo dije, que no vayas, que no vayas!—Pero Justita había ido, quizás dando un primer paso que hiciera evidente su rebeldía, Justita se armó de valor y rompió la autoridad materna, quizás el único dia en el que debía haber hecho caso de su madre.

¡Justita, mi niña!, gritaba la voz y a mis oídos llegaban sus lamentos, a través de paredes delgadas y finas como la línea que separa la vida de la muerte. ¡Justita, hija mia..!, ¿Acaso estas dormida?, pero Justita no dormía, su blanco rostro destacaba entre la madera oscura; la luz tenue de las velas producían sombras que se reflejaban en la blanca y fría pared, su tez blanca y cálida antes, ahora aparecía pálida y fría, como burlándose de aquella vida que no le dio, absolutamente nada...

Apareció por la puerta el novio de Justita, un joven apenas mayor que ella, con el brazo rígido de escayola, la cabeza vendada y un rictus serio intentando mantener la entereza, pero gimoteando al fin como lo que era, un niño. La madre de Justita interrumpió su balanceo, dejo de darse golpecitos en el pecho, donde debía estar su corazón atormentado y clavó sus ojos en aquel que se la llevo viva y se la devolvió muerta…

--¡Tú…, tú has tenido la culpa, os dije que no fuerais, que pintaba ella en un concierto…, tu me has quitado a mi niña, mira lo que has hecho…! Y mi padre, hizo salir al muchacho mientras se le clavaban las palabras en el alma,.
--Yo no pude hacer nada el coche se salió de la carretera, ella no llevaba el cinturón y salió despedida fuera del coche,…si pudiera me cambiaria por ella…!-- intentaba entre gimoteos justificarse, mientras mi padre le golpeaba en los hombros y le acompañaba a la puerta .
--¡Vamos es mejor que te vayas… ahora no lo va a entender!. Las vecinas intentaban callar aquella furia desatada, aquel torbellino de ira y solamente lo consiguió el hermano mayor de Justita que en un arranque de lucidez se acercó donde yacía su hermana y apenas pudo decir en su idioma propio el nombre de quien siempre le dio palabras de amor y cariño, palabras que ni siquiera su madre supo entender que existían: ¡Juztita, apa, amos a jugal! Decía su hermano sin entender porque permanecía allí tan quietecita…

Justita, murió hace veinticinco años, cuando ahora mis hijos me informan de que van a un concierto, mi corazón se acelera, mi pulso golpea más fuerte y mi mente recuerda los gritos de aquella madre clamando al cielo por su niña. Y ellos me miran contrariados por mis negativas por mis dudas por mis peticiones de explicaciones, ajenos al dolor que sentiría si les pasara algo, ajenos a la inmensa pena que ya sentí una vez, hace veinticinco años, cuando Justita se fue…

sábado, 1 de noviembre de 2008

GARBANCITO NEGRO

Era una bonita tarde de aquel otoño, raro y dudoso, pues unos días eran fieros y con arrebatador frio y el día siguiente lucia un anaranjado sol calentando hasta el crepúsculo, aquella tarde caminaba absorto en la música que los cascos hacían llegar a mi confundido cerebro, veía pasar a niños camino de su casa después de una tarde en el colegio olvidado ya el sopor de la sobremesa y recobrado el ímpetu y las energías que les hacían presagiar una tarde de juegos y diversión, cuando una algarabía de voces en el idioma canino hizo que elevara la vista y viera allí, en la terraza del primer piso a tres perritos uno negro y dos blancos, allí asomados daban ejemplo de convivencia y tolerancia sin mostrarse entre ellos ningún extraño rencor, los tres estaban recluidos en la terraza y hacían saber al mundo con sus ladridos que aquello era injusto, el devenir de humanos de todos los tamaños con rostros anhelantes de juegos les producía una inquietud que solo podían expresar ladrando a todo lo que se movía, el perro negro era el más atrevido y en su afán no veía el peligro de ponerse tan dicharachero en su oratoria; de repente perdió las manos y cayó entre los ladridos de sus compañeros y los gritos de asombro de algún niño sorprendido por ver llover perritos del cielo.
A pesar de caer desde un primero, la distancia al suelo era grande para tirarse asi, alegremente. El perro negro dió un costalazo considerable contra la cuadriculada acera y después de unos momentos de dudas se incorporó como si no entendiera como es que estaba allí abajo, deseándolo como lo deseaba después de toda una tarde ansiando que lo bajaran a la calle, sus compañeros no paraban de ladrar no se sabe si deseando acompañarle o burlándose de su infortunio, el pobre miraba a todos lados temeroso de hallarse sin la protección que le brindaba la atalaya y yo venciendo el ancestral repeluco que me dan los animales vivos lo sujete durante unos minutos y juro que hasta lo acaricié, pasado un tiempo bajo una niña de unos ocho años gritando: ¡Peca, peca! Y entendí que aquel era el nombre de aquella bella dama y me aventuré a pensar en los motivos de aquel nombre; decidí que no sería una incitación al pecado sino más bien la certeza de que el color negro que cubría su pelaje a diferencia de sus hermanos les hizo elegir este nombre pues era una gran peca la que cubría todo su cuerpo.
¡Nena, aquí! –grité llamando la atención de aquella colegiala que había echado en falta la presencia del garbanzo oscuro que faltaba de la olla, perdón de la terraza. La niña se acercó rápidamente y cogiendo el perro de mis brazos me dio las gracias y gritando al perro le dijo:
¡Mira que te lo hemos dicho, un día te vas a caer, niña mala!---mientras se alejaba camino del portal para devolver el garbanzo a la olla, desapareciendo de mi vida aquella dama caída del cielo.
De vez en cuando me obligo a pasar por allí con el deseo de contemplar, aquella agitación y algarabía y he de decir que me asombra hasta qué punto los animales aprenden de sus errores, pues desde aquel día, siempre que paso por allí mi amiga “Peca”, permanece en un tercer plano dejando que sean los demás los que corran con el dudoso gusto de llevar “la voz cantante”, ella ya no se acerca tanto al borde de la terraza, se muestra más comedida en sus paseos por la barandilla y ve pasar la vida de una manera más altiva y tranquila con la certeza que dá la experiencia de saber que no merece la pena partirse el cuello ni llevarse un costalazo en las costillas por demostrar no se sabe qué cosa, yo la miro y ella me mira y no sé pero yo creo descubrir un leve atisbo de conocimiento y la complicidad de saber un secreto que los demás no alcanza a entender, caerse desde un primero hace daño, mucho daño.

sábado, 18 de octubre de 2008

LA ESCRITURA, esa gran desconocida.


La escritura aparece como actividad humana en periodos que se pierden allá en la noche de los tiempos, en mi vida empezó muy pronto a tener una relación muy dolorosa a edad muy temprana, ¿dolorosa?, Si, contaría yo apenas un par de añitos cuando mi padre descubrió mi precoz afición a escribir…, escribir en las paredes, con toda la variedad de colores y matices que daba un estuche de rotuladores Carioca de 36 piezas, asi como precoz fue mi inclinación, también se inclino mi espalda con la pre-COZ y las demás coces que sobrevinieron con el objetivo de modificar este deleznable ahínco que me dio…,el cual fue medianamente conseguido pues yo seguí escribiendo, más puse especial cuidado en buscar otro tipo de superficie que me sirviera de pergamino, más que nada porque no escribieran sobre mi espalda con dos o tres cintazos cariñosos y corregidores de tan inconsistente actividad lo cual fue logrado pues mi padre a pesar de balancear amenazadoramente en sus manos el cinto y golpear con él sus rodillas, acompañando este gesto con un ¡HUMMMM! Terrible y aterrador sonido no tuvo nunca que pasar a la acción y yo entendí el mensaje y no deje de escribir nunca en nada que no fuera superficie tan conflictiva como las paredes.

Mi relación con la escritura ha tenido de siempre unos efectos, más allá de los normalmente descritos en cualquier vida mundana, en el colegio se me emperejiló escribir con una leve inclinación a la izquierda, cosa que no era del agrado de la maestra y se empeñó esta en corregir tan execrable costumbre por lo que no me dejaba en paz, y una y otra vez me ponía en ridículo y se mofaba de mi persistencia, eran otros tiempos y tantos los métodos de enseñanza, como las inclinaciones a la izquierda se veían de manera distinta, así es que yo tomé la costumbre de mirarla fijamente a los ojos y con una ferocidad tal, que creo que me cogió miedo y llamó a mi madre a la que explico la carga de odio y ensañamiento que había en la dulce mirada de un niño de siete años, mi madre discutió conmigo del asunto y me convenció como solo una madre puede hacer estas cosas, enseñándome la zapatilla de goma de fabricación levantina, pero tampoco hubo de ir más allá de la violencia subliminal y yo que siempre he sido muy comprensivo dejé de mirar con insistente odio a la maestra , pero lo más que consiguió fue que escribiera derechito, haciéndome pertenecer a un centro ambiguo en todos los sentidos de la vida, excepto en el sexual y en el de mi amor por los corderos.

Años más tarde la Escritura pasó a formar parte de una de las obsesiones más perseverantes en mi ánimo, pues comprendí que hasta el día en que no tuviera “La Escritura” de mi primer piso, aquel no podría ser considerado de mi propiedad y aquello producía angustia y desasosiego en este alma atormentada por “la escritura” luego paso a un segundo plano y hoy en día lo único que me preocupa de este tipo de Escrituras es donde pongo físicamente las numerosas escrituras de mis incontables propiedades repartidas por dieciséis países. Si, después de soñar suelo levantarme y tomar mi desayuno de cola cao con galletas y todo vuelve a la normalidad. Menos mi cabeza que sigue pensando lo bonito que sería tener ya “la escritura” y dejar de preocuparse del Euribor y de la madre que lo pa…

En fin, los demás aspectos de “la escritura” se pueden encontrar en enciclopedias e internet y hablan de cosas como los Jeroglíficos (Que ya se podían poner a explicar lo de la escritura y dejar los pasatiempos para otra ocasión…), hablan del antiguo egipcto, fenicios, griegos y demás bandas urbanas que empezaron a escribir y han hecho llegar esta afición a nuestros días pues siguen escribiendo en las paredes, aunque ahora se llama de otra forma, Grafitis me parece, todo un mundo de avances y evolución.

Otro dia hablamos de la crisis...

sábado, 11 de octubre de 2008

GRANADA, OTOÑAL FRUTO

No hubo mucha suerte (foto tomada por perolo y Granada también, tomada por Perolo)

Granada, ¡oh Granada, tierra soñada por mi!, ¡Calla 05tias! que eso es otro tipo de Granada.

¡Granada!,…. hundo la puntita en tu piel fuerte y rugosa, no por curtida y anciana, si no por desnudar con ambicioso deseo tu interior escondido, hundo la puntita y haciendo un circulo medido, te libero de la corona inhiesta fiel testigo de tu reinado en mis deseos pueriles, rebano el cogollo (o como quiera que se llame), despojándote de él, asomo con presteza mis ojos por ver si hubo suerte y tus sanguíneas perlas, sanguíneos manjares anuncian, hundo la puntita y con experimentada habilidad hago dos círculos alrededor de tu cuerpo duro y esbelto, hiriéndote de muerte y saboreando el deleite que mis ojos adivinan, hundo la puntita (la puntita del cuchillo que es que ya lo he dicho varias veces y lo mismo alguno se cree que mi amor por las granadas va más allá de lo razonable) hundo la puntita del cuchillo y separo el otro cogollo, luego con mis músculos tensionados hago medida fuerza para separarte en dos mitades y a continuación convertirte en cuatro, descubiertas tus cartas, júbilo experimenta mi alma al ver cumplido mi deseo y tu interior rojo y brillante lleno de rubíes hallo.

Descubierto el color rojo de tus lagrimas bermellonas, acerco mis labios a tan prometedor manjar y con cuidado extremo tiro de ellas con los dientes delanteros a la vez que mis labios protegen cada uno de tus granos e impiden que huyan saltarines y juguetones allá donde no pueda verlos hasta el momento en que sean pisados (por que inevitablemente serán pisados para disgusto del manipulador de la fregona) .

Retiro con sumo cuidado el pellejito protector y amargo que envuelve tu preciado tesoro y que si por un descuido involuntario ingerido fuera echa a perder tan placentero gozo.

Amigos intentan convencerme , más en conseguirlo hierran pues intentan ufanos instruirme en que lo mejor sería coger todos los granos y comerlos sin la bonita liturgia por mi descrita, más no tienen éxito y si quieren continuar razón, habrán de dar a este humilde servidor margen de equivocación, pues ante una granada partida en cuatro trozos rojos y brillantes, amalgamados sus granos y gritando a los cuatro vientos ¡Comeme, comeme! Este mortal que estas líneas escribe no puede evitar coger precipitadamente uno de sus gajos e iniciar con premura su natural goce.

Así es como ven mis ojos este bonito fruto otoñal en el otoño de mi vida, desde tiempo inmemorial unido a mí, desde el dia de mi nacimiento, por estar unido desde siempre su afloramiento a los mercados con el dia de mi venida al mundo y por tanto unido su consumo a días de alegría y cariño en que mi madre siempre atenta y obsequiosa, sabedora de mi amor superlativo por esta joya de fruto me regalaba de él siempre que tenia ocasión, ignorante de si proteínas, lípidos, hidratos o demás elementos nutritivos eran beneficiosos pues ver a un vástago (¿esta palabra es mezcla de vasto y de vago?, bueno es igual) para ver a un vástavago, decía, pasar un rato divertido ratoneando entre granitos de granada cual si fuera joyero engarzando rubíes en coronas de oro.

Bueno después del festival gozoso queda lo de la fregona… e inevitablemente el comentario mil veces repetido: Jamás hubo hombre sobre la tierra, ni mujer que le acompañara que tuviera a bien comer granada otoñal sin que de sus manos un mínimo grano cayera. Así es que levantándose uno a por el singular instrumento; inevitable es pisar algún grano y lamentar seguidamente que en vez de en el suelo no haya caído en nuestras manos.

Aquí acaban mis loas a tan singular fruto de otoño que mi amigo CERROJA, pues como tal considero al insigne aficionado a la fotografía taurina y culinaria (por comida, no por…culi) se digna mostrarnos en este instante mágico, quizás demasiado cercano el objetivo , pues nos priva de ver en toda su magnitud la belleza de la cesta y lo acertado del paño que las protegen, más no hay peros que valgan que ande este un Granada que se quite un Pero, perdón una pera.

Ya, ya lo sé de los membrillos no he dicho nada, pero no sé si son zamboas, membrillos o MIEMBRILLO que ha de ser miembro pequeño y que seguramente no tiene nada que ver con este fruto amarillo y duro de hincar el diente, bueno, ya si eso… otro dia.

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jueves, 9 de octubre de 2008

DIAGNOSTICO MECANICO EQUIVOCADO (para SJV)


foto de robert, en flickr



¡Cuánto me gustaba conducir!, ¡cuánto me gustaban los coches!, estaba todo el día pensando en lo bonito que sería tener independencia para ir a este sitio o al otro, tener un pequeño espacio en el mundo donde el amo y señor fuera yo y solo yo, por eso cuando me dieron el carnet de conducir, invité a mis amigos a dar una vuelta en aquel Renault ocho de mi padre. Me sentí por primera vez un tipo importante (lo cual no ha vuelto a suceder, por cierto), por entonces con dieciocho años te podían perdonar que estuvieras por “estrenarte”, pero que no tuvieras coche era señal de que ocupabas un espacio sin importancia en este jodido mundo.
Así es que allí estaba yo, con mi carnet recién sacado y mis cuatro amigos “el Joaquín” con su novia de entonces…que se convirtió en su mujer para toda la vida… para toda la vida hasta que se divorciaron… pero esta es otra historia más jocosa si cabe pero no tan divertida…
--¿Porque no vamos al pueblo de “al lao” y nos tomamos unas coca-colas con hielos?—Era la forma que tenia Joaquín de decir “cubatas” pero estaba por entonces en una de sus rachas ocurrentes y no dejaba de decir tonterías. A mí no me gustó tanto la idea de gastar gasolina, yo pensaba en una vueltecita por el pueblo, pero no podía dejar que pensaran que era un joio tacaño ¿o quizás si?, el caso es que había que ver mi Renault ocho, espatarrao de las ruedas de atrás, con los tapacubos brillando, y en el salpicadero trescientos llaveros colgando de una barandillita cromada y un San Cristóbal con la foto de familia numerosa diciéndome: -- ¡A ver que haces insignificante!--
Llegamos al pueblo de al lado con las ventanillas corridas, no bajadas, las de delante bajadas y las de atrás corridas, con el codo apoyao en la ventanilla y las gafotas de sol…, parecíamos el Equipo A, hasta Joaquín parecía míster T pues siempre fue moreno y aunque no llevaba tantas joyas si llevaba un cordón de oro (que no era de oro) que brillaba como el sol de Alcollarín en el mes de agosto a las doce del mediodía, además del paquete de tabaco metido en la manga de la camiseta, todo un Dandy…
--Espera, que me bajo y te indico—Me dijo Joaquín dándome una palmada cariñosa en el cogote y saltando del coche ágilmente como un elefante tirándose de un Smart -- ¡Dale, dale, dale!— decía mientras movía alegremente su manita derecha. Y naturalmente le di. Aquello sonó como el alivio momentáneo después de la ingesta de cuatro platos de judías y una botella de dos litros de Coca-cola, o sea una bestialidad, las cabezas dentro de aquel Francés se movieron al unisono y a la vez bajamos todos del “espatarrao” y el Joaquín medio riéndose medio protegiéndose la cabeza dijo: --Joer macho como tiras tan deprisa…—Yo envuelto en un mar de sudores fríos y calores no dejaba de pensar en lo corta de mi vida como conductor, pues sin duda alguna después de ver los daños colaterales mi padre suspendería mi meteórica carrera de piloto.
--¡Vámonos, vámonos!-- acerté a decir preso de los nervios.
--¿Pero, “ande “vamos a ir, si la noche es joven y no nos hemos bebido nada con cubitos de hielo?—Decía Joaquín agarrado al cuello de su novia mientras a duras penas podía contener la risa…
--¡Vale, tú y tú os quedáis, se han acabado los cinco duros el que quiera que suba y el que no que se quede!—Dije tajante sin lugar a duda alguna.
--¿Qué culpa tiene nadie que no hallas visto el pedazo monolito que hay en medio de la plaza y le hallas dado un “zurrio”, que menos mal que no están los de Patrimonio Nacional…?—Me estaba poniendo nervioso muy nervioso…, pero subieron todos ordenadamente.
Entonces al sentarme en el asiento, comprobé que los daños no eran solo un leve raspón en la trasera del espatarrao acompañado de un bollo pero no de los de comer , sino que el golpe había desplazado la caja de cambios y toda la maquinaria se había ido hacia adelante…Entonces si que me entraron sudores fríos… incluso noté como los pies se me hacían pequeños dentro de los zapatos…
Durante el camino de regreso Joaquín no dejo de introducirle la palma… quiero decir meterle mano a su novia, que es que a veces me quiero poner tan fino…, y yo no dejaba de pensar que cuando mi padre viera aquello también me iba a meter mano pero de manera menos placentera, allí iba a ver andanadas de ostias (como dijera el gran Marquiñas).
Desembarcamos todos del espatarrao y pese a lo que pueda parecer el seguía espatarrao, no era algo que se le pasara con la descarga…
Casualmente estaba mi padre en el bar vaciando unos botellines, cuando vio como llegaba su coche repleto de juventud y alegría, se nos quedó a todos una cara muy larga cuando se acercó a hacernos los honores.
--¡Vaya, ya llegó el autobús de las seis y media!—dijo mientras yo le miraba la mano que mecía la cuna y que irremediablemente me iba a mecer la cara por cenutrio...
--Papa, le he” dao“un golpecito atrás, pero casi no se nota…como está debajo del parachoques…, lo único…-- Interrumpí mi discurso mientras le acompañaba a la zona cero, como queriendo que asimilara tanta información… y tan negativa.
--Esto no es ná, nada que no se pueda arreglar con dos meses sin conducir el coche…--Esto si que me dolió…, bueno, ¡no!, me dolió más imaginarme las guantas que me iba a dar delante de todo el mundo…
--Lo único, papa es que al darle el golpe se ha debido desplazar la caja de cambios, porque yo noto todo desplazado hacia adelante y debe ser por efecto del golpe atrás que se ha ido “palante” el eje y todo el motor…-- Interrumpió mi diagnostico mecánico levantando la mano, no sin un evidente mosqueo por mi parte y se metió en el coche.
Empezó a reírse a carcajadas mientras todos mirábamos como se bajaba de nuevo, mientras pensaba que encima era cruel, muy cruel.
--Con que se ha desplazado la caja de cambios.., -- Repetía sin dejar de reír mientras los demás se reían nerviosamente esperando igual que yo las dos guantas.—Serás mameluco, con el golpecito lo que se ha echado para atrás ha sido el ASIENTO, ¡insignificante!—Anda llévate el autobús y ten cuidado porque la próxima vez te quedas sin coche..
Subidos todos de nuevo en el coche en busca de los cubitos de hielos, paré y poniéndome serio grité: ¡No quiero ni un cachondeito… que os vais andando! Y entonces fue cuando empezaron a reírse…
Nunca tuve un carácter fuerte…así me va.
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domingo, 14 de septiembre de 2008

Sesion de fotos 2

(Yo detras de los pastos)

(Reflejado en el agua)

Yo con miedo (es que tengo miedo a la oscuridad)

Sesion de fotos

(Mano izquierda)


(Mano derecha)


(Mano izquierda)

(Mano derecha)
(Vale te has dado cuenta eres muy listo)

martes, 2 de septiembre de 2008

GALLOS GRITONES.


El estruendoso canto de un gallo hizo que mi ojo derecho se abriera levemente, levemente lo volví a cerrar, pero el gallo chino que alguien, lógicamente, allá en la lejana China, había metido en el despertador no dejaba de dar los buenos días a todas las gallinas del contorno, así es que no tuve más remedio que hacerlo…, me llené de arrojo y valor y abrí los dos ojos, a la vez…, busqué a oscuras, aun sin abandonar el abrigo que la sábana me daba en el mes de Agosto y tentando con sigilo encontré el maldito gallinero donde el jodido gallo no dejaba de… ¿maullar?; de joer, porque es lo que hacen los gallos, al menos este.
Con sigilo, pero poco…, poco sigilo, pues tentando, tentando tiré al suelo el reloj de pulsera y el reloj de la prórroga que es el que suena cuando el gallo no consigue despertarme, con sigilo también cayó al suelo el segundo tomo de la enciclopedia británica que en esos momentos tenía en la mesilla de diseño, no como lectura nocturna si no como encimera para sujetar todas las cosas pues el diseñador que diseñó la mesilla de diseño, tuvo una noche loca y no pensó que además de bonita la “joia” mesilla debería tener una función que aquella no cumplía. Abiertos ya los ojos como platos, intenté incorporarme como hacia Michael Jackson, cuando hacía de robot,…pero no lo conseguí…, no conseguí intentarlo, hasta que una patada en las espinillas, con el calcañal, pues es lo más duro que hay en el cuerpo humano (sin fantasmadas) que ella puede ser lo que sea pero tonta no es… y me dio la patada con el calcañal y no con la puntera, que si, que se lo que digo…

Esta caricia romántica hizo que recuperara mi forma mortal y pude incorporarme como si tuviera un resorte, encerré al gallinero, y reconstruí la mesilla de diseño volviendo a quedar operativa más un poco inestable. Puse los dos pies en el suelo, y me asaltaron varios pensamientos, a cual más profundo y trascendental:
--¿Que necesidad tienen las personas humanas de levantarse tan temprano?— --¿No le daría a la empresa lo mismo, que uno de sus colaboradores empezara la jornada un par de horas más tarde?— (cobrando igual, que si no, no tiene gracia).

--¿Qué me como para desayunar?—

--¿Dónde aparqué el coche ayer?—

Bueno todas estas preguntas quedaron sin respuesta y agaché mi tronco que de madera no es pero que buena madera ha de ser pues la futbolista de los calcañales dice que estoy hecho un buen tarugo, agácheme y cogí el pantalón del chándal que dejo cuidadosamente arrugado a los pies de mi cama e introduje las dos piernas, una después de la otra que yo malabarista no soy y menos a esas horas…y me di otro minutito de prórroga, allí estaba yo con los pantalones por la rodilla y emitiendo un ruidito característico cuando a uno le crujen los riñones, más antes de que terminara dicha prórroga noté como un golpecito en la espalda acompañado de una voz melodiosa, ¡no, no, no y mil veces no!, no puedo mentirles (si puedo pero no voy a hacerlo), en realidad note un zurrio en las costillas que a punto estuvo de tirarme de la cama y luego una voz desde el mismo infierno que me decía:
--¡Eh tu insignificante, a ver si estas sonámbulo y te lo vas ha hacer ahí mismo, anda vete al servicio y no hagas ruido que las personas normales tenemos que dormir…!—Y poquito a poco fue quedándose en silencio la estancia de nuevo y yo allí con un cariñoso golpe en las costillas y los pantalones por las rodillas con la sensación de que nadie en el mundo me entiende...
,
ni siquiera el maldito gallo chino, que como riendose de mí, de repente y sin aviso, dandome un susto de muerte, empezó de nuevo a cacarear como si hubiera visto un paraiso de cientos de gallinas ponedoras de moral "distraida".

martes, 26 de agosto de 2008

LA BADILA


Niña fui, pero no me faltó valor, ni la mano amiga que me elevara desde los mas bajos dominios de la soledad e incomprensión, la mano fraternal y amiga, . . . mi hermano, sangre de mi sangre, tan parecido a mí y por eso, quizás, tan diferente. Tan unido a mi contra el enemigo común y sin embargo tan fiero y despiadado en la lucha entre ambos.

Necesitaba hacer esta introducción no sé, muy bien porque, pero si no digo algo grandilocuente no les engancho y luego se me dispersan, cual mosquitos nocturnos en derredor de la farola brillante y cegadora que lucha contra los reinos de las tinieblas, ¡bueno! lo dejo que ya tienen una dosis suficiente. El caso es que es cierto que niña fui, y por aquel entonces seguía siendo una niña soñadora y atrevida que en la pugna por hacerse un sitio entre dos hermanos varones, recibía varapalos por todos lados (esto no es poesía, aunque lo parezca) en fin, recibía "vara" y "palos", eso varapalos de mi protector hermano mayor y de mi debilucho hermano menor.

Aunque yo soy natural de gran ciudad, estas (las ciudades) en un principio no fueron así y antes de crecer y hacerse con la mayoría de edad, fueron pueblos aprendices de grandes urbes, con un encanto cercano en lo rural, al paraíso de Adán y Eva, para convertirse con el transcurrir del tiempo en lo que hoy son, centros de martirio cosmopolita del ser humano.

El brasero debajo de la manta-MESA camilla, daba su magnético calor a las piernas infantiles produciendo "cabrillas", por la excesiva cercanía de las piernas a aquel prodigio que mitigaba el frio a falta de venideras calefacciones centrales, y radiadores eléctricos.Mi mente infantil permanecía atenta a dejar un sitio en ella, (en mi mente), para aprender cual era el nacimiento del rio Miño, cuando la mente de mi hermano estaba atenta en el lado contrario de la camilla, descubriendo cual era el grado de aguante del que yo era poseedora mientras permanecía impasible al descabezamiento de mis recortes de moda (recortables de muñecas con vestidos y recuadros blancos en los hombros), con aquellas modelos cabezonas que lucían sus grandes galas, con más variedad de la que mi mente, pudiera pensar que existía.

Seguí ignorando su imitación de Robespierre, cortando cabezas aristocráticas hasta que llegó a mi cabezona preferida, entonces comprendí lo que el "Fary" sentía cuando cantaba lo de "pero aquel de la fuente, que nadie lo toque, que le dejen tranquilo, que no lo provoquen" sentí un "no sé qué, que, qué sé yo", que ni siquiera el hecho de encontrarme sola, sin el criterio conciliador de mi madre, que siempre era requerido en estos casos en forma de una zapatilla, flexible pero firme, muy firme, doy fe, sola decía me encontraba en manos de aquel revolucionario francés sin sentimientos, lo cual no me impidió amenazarle diciendo con voz muy firme y autoritaria.

--- ¡Jo, no me rompas más muñecas , . . . ¡Orejas! - - Esto último se lo dije sin miramiento ninguno cuando pasó de conmutar la pena por decapitación a la reina de mi corte.

Entonces, ocurrió, ante tal desafuero, ante aquella ignominia, ante aquella agresión sin medida ni proporción, cogí la badila de remover el brasero y se la arrojé con toda la fuerza que pude reunir con mis infantiles brazos en el momento justo que pude memorizar que el rio Miño nace en Lugo en Fontemiña, la arrojé con tan mala fortuna, que no le di, perdón quiero decir que "afortunadamente", no le di, el caso es que tuve que abandonar el calor amigo que daba aquel brasero y contemplar compungida como la badila se mantenía erguida y clavada en la puerta blanca, primor y orgullo de mi madre, la cual había pintado días antes a falta de emular a otros insignes pintores.

Mi hermano, sangre de mi sangre, parecido a mi pero tan diferente.¡ Alto ! ya tuvieron la dosis de grandilocuencia. Mi hermano, decía no dejaba de palmear y de agitar sus manos con gestos que manifestaban la magnitud del desastre, unas veces con la palma hacia abajo diciendo: ¡La que has "liao"! y otras:¡Veras que firme esta la zapatilla de mama!, con la palma hacia arriba. Yo, sin perder el arrojo y compostura que me caracterizaron en situaciones más complicadas a las que la vida me llevó, no dejé de masticar el chicle que tenia durante toda la tarde y después de sacar la badila del agujero, lo puse (el chicle) en el sitio que anteriormente ocupaba la pieza de metal, consiguiendo tapar el agujero, pero quedando de un asqueroso color rosa, me dirigí rauda y veloz al fregadero donde mi madre guardaba los restos de su imitación a Velázquez, (Bueno la pintura blanca, que me vuelvo a poner grandilocuente), y con el pincel pinté el cuerpo del delito y me quedó tan bien que mi hermano no pudo por menos de felicitarme y prometer que no diría nada si no se descubría, cumplió la palabra dada y hoy día cuando vuelvo a la casa de mi madre, paso por la puerta y rozando con las puntas de los dedos mi artesanal remedio, no puedo evitar experimentar un estremecimiento, pero a la vez una satisfacción, por mi trabajo y por mi hermano que siempre supo guardar un secreto.


miércoles, 30 de julio de 2008

CURSOS DE VERANO EN LA UNIVERSIDAD DE LA COMARCA aforo ilimitado

Se inician en estos días los cursos de verano de la universidad de la comarca teniendo como principales actividades los numerosos cursillos sobre fiestas, actividades acuáticas, y jornadas sobre bebedizos y comedizos que tanta fama y relieve nos ha dado en el mundo entero.(¡vale a cada uno en su casa!)

Las actividades a desarrollar son muchas y muy variadas, teniendo estas como eje principal La siesta que es el eje de unión entre las actividades matutinas y las meramente nocturnas, pues en las horas centrales del día el sol no permite según que veleidades y es preferible buscar el cobijo de las gruesas paredes del campus universitario o su defecto refrigerar los cuerpos humanos en otras instalaciones universitarias como las piscinas y acequias, donde además se desarrollan otros cursos y grados como pueden ser. “Tirarse de cabeza en la acequia y no comer algas”, o “beber una mahou fría y no compartir los ganchitos”, este ultimo muy solicitado por los padres de familia en edad adolescentes y en el que desgraciadamente ya no quedan plazas.

Las actividades que se desarrollan en nuestra Universidad de Verano han hecho que otras con más prestigio pero con menos raigambre como los cursos de Verano de la Universidad de El Escorial o la Menéndez Pelayo en Cantabria se interesen por la naturaleza de nuestras enseñanzas y hayan estado interesadas últimamente por el curso que se dio en el campus con sede en La Abertura sobre “Bingo popular y la necesidad de boli que pinte”, con mucho éxito de asistencia y la presencia de renombrados expertos en el arte citado.

Estas actividades se han desarrollado en diferentes sedes universitarias y en la Ciudad Universitaria de Pizarro se desarrollaron cursos y tutoriales como “ asistencia a las verbenas con Rebequita” y también la exitosa charla que tenia por título “Mosquitos , posiblemente el mejor animal de compañía” en el que lo más destacable era la teoría de un conferenciante que exponía que los mosquitos y los seres humanos hemos de entendernos amistosamente pues no obstante somos “hermanos de sangre” y en más de un momento de nuestra vida compartimos el ADN, dicha teoría fue expuesta en el marco incomparable de una terracita de verano y con numerosos recipientes vacios de zumo de cebada por lo que fue ampliamente discutida sobre todo por una señora que no dejaba de rascarse y que entre rascaura y rascaura no dejaba de darse zurrios tan pronto en las piernas como en los brazos, poco a poco fue quedándose sola con sus teorías no porque fuesen discutibles sino porque ya pegaba a los que estaban a su lado, una muestra más sin duda de lo vivas que están estas jornadas Universitarias.

Hay que reseñar también, la gran expectación que ha suscitado en otras sedes Universitarias como Campo lugar la “suerta” de vaquillas, no porque se “suelten” vaquillas si no por la dispar “suerte” que han de correr los que decidan demostrar sus conocimientos a los numerosos asistentes, siendo el curso más solicitado “Como saltar los jierros sin dejarse los piños en el intento”. Teniendo como estrella en este Campus Universitario la ponencia titulada “Comer churros a Dúo sin mancharse los JOCICOS”.

En la sede que esta Universidad Comarcal tiene en Alcollarin se ha suscitado gran expectación por la Ponencia que ha de presentar el eminente Ponente de nombre “Pedro Reyes” que como todo el mundo sabe es una autoridad en sus diálogos y es famoso por expresar sin ambages y sin tapujos los diversos y divertidos vericuetos del lenguaje verbal porque del escrito se desconoce si tiene dominio ya que no se le ha visto escribir en mucho tiempo.

Finalmente en el Campus de Zorita se han de tener especial atención a algunos seminarios y ponencias a las que la asistencia de público está asegurada ya que en años anteriores gozaron de gran interés, uno de ellos versará sobre el jamón y lleva por título “Arte, comiendo jamón, mientras se ve la corrida”, y también destacar el titulado “Ponerse a la sombra de un árbol siendo de noche”.

Solo queda ya desear que la asistencia a las actividades pendientes sea máxima y provechosa como ha venido siendo la tónica habitual en las ya desarrolladas, desde este rectorado se anima a los universitarios que estén por la zona en los días de actividad que hagan un esfuerzo limitado pero continuado por asistir y dar esplendor a las diferentes actividades, como sin duda así será.

sábado, 26 de julio de 2008

ANALISIS INTRASCENDENTE DE LA LUZ

La luz no tiene cuerpo, por eso se vé pero no se toca, es algo así como las rosquillas de navidad en casa de la abuela, ¡Estamos!, asin que las manos quietas ,¡Demonio de críos…!.

Desde la más tierna infancia las personas humanas y las otras también sentimos una especial vinculación con este concepto, cuando hacemos nuestra aparición a este valle de lágrimas se dice que nuestra madre dió a luz; este mismo concepto se puede aplicar a la parte masculina de nuestros progenitores, pues después de los dolores se puede asegurar que nuestro padre tardará bastante tiempo en ver de nuevo “la luz”.

La luz tiene una velocidad estimada de trescientos mil km/s, algo asi como… Muy deprisa, realmente deprisa, ¿adonde se puede ir con tanta prisa?, ¿Quién lo sabe?, ¿Cómo se mide la velocidad de la luz?. ¿Se enciende una linterna y se tira y esa es la velocidad de la luz?, hay que tener muchas linternas para averiguar como es esto y además, ¿Qué mas dá si son trescientos mil o doscientos mil si total no lo vamos a notar?, ¿o si?.

La luz canta bien, que bien canta la Luz Casal, sobre todo lo de Rodolfo el Valentino, no que ahora le dio por ponerse transcendente y cantar cosas como baladas y cosas para Almodovar, y asi estamos…

En el principio de los tiempos la electricidad, que es otro concepto sujeto a discusión y además sujeto a varias subidas galopantes sin que el consumidor pueda decir esta bombilla es mia; la electricidad decía no servia para otra cosa que no fuera alimentar a las bombillas por eso muchas personas siguen diciendo:¡Se ha ido la luz!, cuando lo que quieren significar es que no hay electricidad.

La luz se compone de FOTONES, ¿son los fotones fotos de la consola de nintendo?, me parece que no los fotones son unas partículas que se trasladan a un cisco del copón.
¿Porque cuesta tanto la luz?, el hombre en su empeño por ser original se empecina en hacer cosas cuando no hay luz y por eso hay que encender el interruptor, pero si las hiciera de dia, lo vería todo claro, y no haría falta poner luz.

Para terminar, he de decirles que la frase que mas oigo últimamente es : ¡Hay que ver que pocas luces, tienes Damian! Y no se porque será, pues me suelen decir que lo ilumino todo con mi presencia, bien es cierto que coincide con digestiones un tanto pesadas pero no alcanzo a entender que quieren decir, bien mientras se hace la luz o no en esta mente les deseo a todos que sepan ver la luz…

miércoles, 23 de julio de 2008

CUARENTA GRADOS A LA SOMBRA (en la carcel no)



Cuarenta grados a la sombra, no son ninguna tontería, ¡no señor!, cuarenta grados a la sombra hacen que el cerebro se te resbale dentro de la mollera y parece que llevas una piña colada en el tuperware, esto hace que te dé por pensar cosas como meterte en la piscina, el agua caliente de la piscina apenas hace que recuperes momentáneamente una temperatura corporal más cercana a la normalidad, pero es un espejismo, pues hace un calor del carajo.

Esta piscina es pequeña, es piscina comunitaria y como cualquier comunidad los gastos han de ser reducidos al máximo, por eso la piscina parece un gran jacuzzi, pero realmente es una mierdecita de piscina, tan mierdecita como el joven barbilampiño que ejerce de socorrista y que se pasa el día con un mechero quemándose la palma de la mano, ejercitándose para faquir pues otra explicación se me antoja harto difícil. Las normas de la piscina están bien claras a la entrada del recinto, pero aquí nadie obedece las normas y yo tengo un cabreo del demonio, pues unos cinco quinceañeros tienen al resto de los vecinos arrinconados en una esquina y lo que es peor el socorrista que debería imponer orden se tira el primero en bomba, para romper el hielo, lástima que en vez del hielo no fuera otra cosa, por ejemplo su cabeza, no vendría mal un gran trozo de hielo en la piscina. No digo yo... que el socorrista haya de hacer de guardián de la ley y el orden, no porque para ello necesitaría que se le proporcionaran medios y me imagino al levitador astral este que es el socorrista vestido con un bañador y un cinturón negro con una porra y unas esposas, y lo que debería de dar es pena, nadie con una pinta así puede inspirar respeto
Son las seis de la tarde, y el sol va a bajar de un momento para darle dos collejas a las nenas que no paran de tomar el sol, y les va a dar por abusar de él, Joaquín y la que duerme a su lado están dentro del agua, la que duerme al lado de Joaquín se queja porque lo hace poco…, no, no es que este tenga poca “actividad Cerebral”, se queja porque lo hace poco… dormir pues eso de que es la que duerme a su lado es un eufemismo, ya que Joaquín ronca como tres leñadores, después de un día de paga, y no hay quién duerma cuando él lo hace… egoísta.

El sol me ciega en un primer momento, pero después de ajustar el objetivo, poniéndome una mano entre ceja y ceja en forma horizontal, pues si lo hiciera en vertical, la gente pensaría que estoy idiota, idiota como un tío que abre la puertecita de la verja y al que siguen una gallina clueca y dos niñitos repeinados y repelentes, ¿A quién se le ocurre dar gomina a dos niños que van a la piscina?, si les hubieran dado gominolas todavía, ¡Pero Gomina!, algo funciona mal.
Demonios el tío viene equipado, trae una bombona de oxigeno un chaleco y boquillas, me asomo por ver si la bombona fuera para su anciana madre, por si la pobre padeciera alguna insuficiencia respiratoria, pero no, nadie viene detrás, miro al cielo, por si se me pasó el desembarco de los anfibios hombres-ranas, pero el cielo esta azulito y diáfano y agrede al que osa mirarlo por más de dos segundos pues el sol es dueño y señor de las alturas, nada, descartada esta descabellada posibilidad, ¿entonces?, ¿Qué es lo que hace un tío con bombona de bucear y chaleco para bucear en una piscina comunitaria?, Yo se lo explico: Intentar bucear, si señor el tío iba a bucear, me dieron ganas de mostrarle que yo también sé bucear y gritarle al oído pero de otra forma, algunos dicen que eso no es bucear, que lo que yo hago es vocear, pero total son dos letritas de nada…, cuestión de matices…

El socorrista, el tipo este se levanta de la hamaca, camina titubeante, no sé si por la acción de las “hierbas terapéuticas” o por la poca eficacia de las rastas que no impiden que el cerebro le bulla como una hoya de ocho raciones, y en vez de afearle la conducta se dedica a hacer un intercambio de especificaciones técnicas, no sobre las plantitas de la risa que sería lo más normal pues un tipo que va a bucear en una piscina ha de tener un estado espiritual adquirido con algo más fuerte que una ración de callos, el caso es que se ponen a hablar de la mezcla de oxigeno, de la boquilla, del chaleco…

Me levanto, no sin esfuerzo, pues a pesar de tener bañador nuevo, la gomilla aun no dá de si lo suficiente y me cuesta un poco, pero por fin me levanto y yo no me levanto para nada…Asi que me ajusto el refajo, calzo mis sandalias Hilfiger, no sin estremecimiento pues eso de meter el deo gordo y el otro que no se como se llama entre el mástil de la sandalia…, cojo el móvil y pausadamente pero sin pausa me dirijo a la tertulia animada y haciendo gala de una extrema educación me dirijo al hombrecito-rana:

-¿Perdona, te importaría que te hiciera una foto?.—A la vez que arqueo las cejas y le muestro el móvil quinta generación, ya, ya sé que va por la tercera o la cuarta, pero el mio ha pasado ya por cinco generaciones.

-No, ¿también buceas…?--Me pregunta el incauto, y por un leve segundo me inspira levemente algo de compasión, pero la gallina clueca a su lado decide que el niño esta haciendo algo incorrecto y grita con toda la fuerza de sus pulmones:---¡Borjaaaaa!, ¡Te quieres estar quieto!( la coma no es un detalle ortográfico, es que hizo pausa para gritar aun más lo de estarse quieto.

-No, no buceo, ni me interesa un equipo como ese, es solo… que cuando lo cuente en el trabajo no me lo van a creer y necesito pruebas.—El tio ni me contesta, ni siquiera me mira, me vé alejarme de allí sin hacer la foto, sale por la escalerilla y se lleva el equipo de astronauta y creo ver un tono demasiado rojo en sus mejillas, pero no es a causa ni del sol, ni de la ingesta de vinillo calórico, ¡Demonios el tipo tiene vergüenza!.¡Si, señor!, la que me falta a mí, que no tengo ninguna…

lunes, 21 de julio de 2008

FORTALEZA DE ANIMO

¡Vaya alhaja!, demonios que maravilla, el amor tiene estas cosas, hoy la encontré y me tiene arrinconado en la esquina, ¿como tienen el valor de pedirle otra?, ¿A quien se la dedicaría?, encima de pegar un resbalón como le pone al pobre, después de esto,¿ A ver quién levanta la cabeza, ...¡eh! el ÁNIMO.

Paquita, que grande eres, literalmente hablando, mira que eres grande, viendote solo puedo pensar en el cordero que podíamos comer juntos, ¡Si señor una mujer de carácter, pedazo de carácter que debes tener, ya no deberían llamarte "Paquita", seria cuestión que te llamaran Doña Francisca y esto por supuesto desde lejos.

Bueno, que viva Méjico, y que vivan sus mujeres las bonitas y las que cantan bien, aunque canten discutiendo.

Para que se ria mi amigo SOMAZITO de PIZARRO, ¡Va por usted, maestro!, para que luego digan que las de nuestra comarca tienen "fortaleza de animo", unos angelitos, dulces y delicados es lo que son, lo peor que me dijeron fue insignificante, eso si muchas veces, muy bajito y dando un respingo al final, que no sé lo que es peor.



jueves, 10 de julio de 2008

YO ESTUVE EN SAN FERMIN, pero poco

Debió ser allá por el año… del mundial, el Jerry (a partir de ahora diré Joaquín, pues me consta que lo prefiere y mi cogote, también), Joaquín decía…, siempre tan mundano tenía el carnet de conducir como aquel que dice, recién salido de la imprenta y un coche, si, aquella cosa tenia ruedas y un motor, luego era un coche, podría haber sido un avión pero no tenia alas, es lo que tiene… ser coche.
Yo había salido bien parado de mis extensos estudios aquel verano y Joaquín también, quiero decir que había salido, salido de estudiar, pues su padre harto de sus eructos de curso (lo de él no eran repeticiones eran eructos), harto su padre le había sacado del Instituto y le había colocado en un puesto de su perfil, encargado de distribución mercantil, que no es que fuera gran cosa pero le proporcionaba pingües beneficios en forma de propinas pues tenía un vehículo a motor humano y se dedicaba a subir los pedidos de la tienda de ultramarinos donde trabajaba. Años más tarde dispondría de su propia red de distribución e incluso dos locales propios, todo esto cierto y sin segundas lecturas.
El caso es que debido a que él tenía dinero y los “listos” no teníamos un duro, llegó primero a todo lo bueno, se sacó el carnet, no sé cómo, sería el único momento de su vida que estudió, ese y el día de su divorcio que si no estudia le dejan con el vehículo a motor humano y nada más, pues eso tenía… ¿coche?, si era un coche, un ciento treinta y tres blanco último modelo pues no hicieron más como aquel, era tecnología punta de la última hornada, disponía de unos fusibles de última generación fabricados de un elemento nuevo, llamado papel albal, se calentaba como las uñas del motorista fantasma, en el nos plantamos en Pamplona y una vez allí decidimos dejar el coche fuera del casco viejo y emprender la conquista de la ciudad con nuestro encanto personal que era más bien poco.
Nos vestimos como los naturales de aquellos contornos y ataviados con el uniforme de pantalón blanco, camiseta blanca, pañuelo rojo en el bolsillo, de momento y el tabaco y el mechero en la manga de la camiseta, calzado yo con unas zapatillas Yumas azulonas, con bandas naranjas que a pesar de lo horteras que eran aun me siguen pareciendo bonitas y el con unas John Smith blancas en sus orígenes pero de un color indeterminado en aquel momento; emprendimos el camino para presenciar el chupinazo, según íbamos caminando, Joaquín se adelantó y con el delante pude ver un desatino mayúsculo que no pude reprocharle pues a mí me había pasado los mismo.
--¡Demonios Joaquín! Si llevas los calzoncillos azul oscuro y no veas el cante que dan con el pantalón blanco.—Se paró un instante se miró al paquete, (el de tabaco no, el otro) y dijo: ¡Ya!, ¿y..?, es que es el color más sufrido, no tengo más que estos, quiero decir de este color (a pesar de la aclaración no despejó mis dudas sobre si tendría mas, eso de “sufrido”, no sé, no sé), son de los buenos, Abanderados de toda la vida, slips creo que les dicen.—Ante esta percepción vital de la vida, pensé: ¡Qué demonios!... Y continuamos hacia la plaza para oír el chupinazo.
Nosotros estábamos allí como si hubieran puesto a presentar las campanadas de navidad a Cándido Méndez, no cogíamos onda pero poco a poco aquel despilfarro de vino, hizo mella en Joaquín, justo cuando empezó a bebérselo en lugar de derramarlo, empezaron a decir cosas de vivas y vivas y de repente sonó un disparo como un cañón y Joaquín me agarró de los hombros y me gritó:
-- ¡Jolines! (sustituir por ¡Ostias!), Damián ¡que dijeron que cuando oyéramos el “cobete” era que soltaban los toros!—Logré tranquilizarlo y pudimos dejar aquella algarabía para salir a una de las calles adyacentes, donde ya eran menos los que te gritaban al oído. Recordé que era costumbre ponerse el pañuelo rojo después del chupinazo, no tiene merito pues lo recordé cuando vi que todo el mundo se lo ponía, yo me lo puse y Joaquín no quería, yo insistiendo: ¡Joer!, Joaquín que es la costumbre, ¡Jolines! (sustituir por ¡Ostias!) que te lo tienes que poner. Y Joaquín diciendo que no con la cabeza.
-- Mira que eres burranco, si son las costumbres de aquí.
-- Que no, jolines (sustituir por ¡Ostias!) que me he sonado las narices y está el pañuelo como para ponérselo en el cogote, …te lo cambio….
-- No, si tampoco es tan importante, no te lo pongas si total...—Zanjé como pude este desagradable asunto.
Después de comer algunas latillas, estuvimos dormitando en el césped de uno de los numerosos parques, volvimos a comer algunas latillas y preparamos un brebaje en el estomago que la pócima de Asterix debía ser suero fisiológico comparando con aquella mezcolanza de latas de atún, berberechos, magro de cerdo, caballa, y además un trozo de chorizo de Pamplona que nos tiramos masticando un buen rato pues parecía silicona de rellenar… cosas “pá” rellenar (no me pidan detalles).
El caso es que estuvimos en un concierto no sé muy bien de qué ni de quién pues los recuerdos de aquel día son una especie de nebulosa mezclada con gente vestida de blanco con cosas en las manos, ¡Ah sí!, vasos y dando brincos para un lado y para otro, poco a poco abandoné aquel estado de levitación para caer en brazos de Morfeo.
Primero abrí un ojo y luego el otro tenía la cabeza aun en su sitio, pero el estómago había desaparecido, la visión que presencié, fue aterradora, para no olvidar jamás, a escasos centímetros de mi jeta estaba Joaquín. Babeando y haciendo un gorgojeo como de paloma arrulladora.
--¡Eh Joaquín, despierta que es el primer encierro, es a las ocho y son menos diez!—le zarandeé mientras alejaba de mí tan traumática visión.
--¡Que no, no puede ser tan pronto, por lo menos será a las diez, déjame dormir! – Le levanté del suelo y mientras se acababa de despertar pasó por allí un Japonés con una cámara de fotos, Nikon era la marca, menudas letras tenia…-- ¿A qué hora son los encierros?—Le pregunté, a la vez que pensaba en lo absurdo de mi pregunta al único Japonés que debía haber en Pamplona aquel día.
¡A las ocho!—Me dijo en castellano, mientras aceleraba el paso.
Corrimos y llegamos con el tiempo justo para oír el chupinazo y ver como corrían todos para un lado mientras nosotros dudábamos, pero dudamos muy poquito, por que aquello era como si regalaran cordero, todos corriendo, y Joaquín gritando:
--¡No corras, que es peor!-- , mientras yo le gritaba a mi vez.—Que te espero dentro—De repente vi una cosa negra con dos palos en to lo alto que venía detrás de Joaquín y como asombrosamente los dos me adelantaban (¡No corras, que es peor, decía el muy mamón!) no veas como volaba el cobardica, entramos en la plaza y fue un recibimiento apoteósico, al toro porque a nosotros no nos conocía nadie, pude ver como el toro seguía a Joaquín y como cogió el bandido a un tío que estaba subido en la barrera y se lo echaba encima cogiéndolo del cuello del jersey y del cinturón, como si fuera un saco terrero, el pedazo animal aquel( El toro, no el tío de la barrera) se quedó medio clavado en el burladero con el Joaquín a un lado y el tío al otro, se miraron los dos y de un salto sincronizado se pusieron al otro lado, ¡Chacho, visto y no visto!, había que ver al tipo aquel jurando en Arameo, ¡ …que si eso no se hace,… que si es insolidario, que si me cago en la madre que parió a Paneque…!. Pero Joaquín blanco como sus pantalones preguntaba:
--¿Qué ha pasao, que ha pasao?--. Cuando recuperó la color se subió la barrera, se hizo un sitio en el tendido y me dijo:--Ni yo ni mis pantalones blancos, acompañados de mis calzoncillos azules, volvemos a pisar el suelo hasta que no encierren a esas malas bestias las de dos y las de cuatro patas--Cuando quería sabia ser muy “bien hablado”
Ahí terminó mi visita fugaz a los San Fermines, excepto cuando volví años más tarde en el mes de Noviembre y entonces sí que pude correr y correr sin agobios , ni personales, ni cornamentales (Perdón ornamentales), ¡Ande va a parar, así, si que se corren bien los encierros, ¡así si!.