Espinosa era un tipo moreno, un gran bigote atravesaba su cara redonda y amplia, de aspecto sano y cuerpo recio. Hablé con él en muy pocas ocasiones, en veinte años quizás serian cinco. Persona experimentada nunca se negó a ayudarme aun en las cosas más triviales y básicas, siempre mostró ante mí un inusitado afecto que iba acompañado con una crítica feroz al orden superior, como si tuviera la imperiosa necesidad de tener un enemigo común para acercarse a alguien.
Espinosa se dirigió a mí un lunes, le ví venir y me causó extrañeza la decisión con la que se aproximaba, esperé intrigado qué sería lo que me iba a decir, y llegado donde yo estaba alargó su mano y en un movimiento instintivo se las estreché.
- ¿Cómo andas Damián…, hoy es mi ultimo día, mañana ya me jubilo…? –
- ¡Vaya, eso está muy bien, compañero, aquí no hay quien se entere como somos tantos…!-
- Bueno lo pusieron en el tablón hace unos meses, pero como andas ensimismado en sabe Dios qué…
- Es cierto- dije a modo de disculpa, sabiendo que en realidad ninguna era buena- sabes que en cuanto entro, procuro ir a lo mío…
- Cada día te pareces más a tu padre, ¡jodío! - Le agradecí con la mirada el recuerdo, y me obligué a ser amable, aquel tipo merecía ser conocido mejor.
- ¡Bueno en la Cafetería he dejado unos churros para que por lo menos hoy os acordéis de uno…!- Dijo con un leve tono de estudiado rencor.
- ¡Muchas gracias, Espinosa, pero ya sabes que estoy a dieta y…!
- ¡Anda, anda que a mí no me engañas… tira y coge un par de ellos…!
- ¿Y ahora que vas a hacer con tanto tiempo…?- Intenté cambiar de tema para no pensar en los churros.
- ¡Ahora vamos a viajar, unos meses en el pueblo y el resto con el nieto, que está hecho un bandido…ya me apuntaré a cursos para aprender cosas inservibles y me iré a mirar las pocas obras que van a quedar, bueno Damián, ¡suerte! Que con la crisis...veremos a ver, yo ya me libro…¿Pero estos que mandan…?
- ¡Suerte, Espinosa, disfruta y tómatelo con calma que ahora vas a tener tiempo para todo…-Asintiendo con un ligero movimiento de cabeza me dió un golpecito en el brazo se alejó a seguir con las despedidas...
Hoy, miércoles, vinieron a decírmelo…, dos días pasaron…, un estremecimiento recorrió mi cuerpo, dejando paso a continuación al asombro más grande que hasta ahora experimenté… Espinosa había tenido un infarto… fulminante, podíamos visitar a su familia en el Tanatorio, dedicarle a él un poco más de tiempo que el que le dedicamos en vida…sentí no haber aceptado su invitación...¡Maldita sea!.., pensé en su mujer, en sus hijos y en su nieto…¡El bandido!, pensé en todas las cosas que se dejó sin aprender, en su pueblo, en los paseos que no daría… los viajes que no compartiría… y sentí una inmensa pena…más que por él, por mí…
…tan real como la vida misma…, e igualmente injusta.
viernes, 21 de noviembre de 2008
jueves, 13 de noviembre de 2008
LIGERA RESBALA GOTA QUE MIS DEDOS MATAN

Calzados mis pies con sandalias, mis calcañales algo resecos por el abuso de permanecer a la intemperie, con paso decidido pero cadencioso, se dirigen al centro del mundo, catedral en mínima expresión, templo donde los mundanos, hablamos de mundanales asuntos, buscando conexión con el mundo más allá de estúpidas noticias de relleno, más allá de medallas y más medallas. Entro despacio en la cueva, oscura sala que me brinda frescor y alivio a calores adquiridos en el tránsito por estas calles, por mi frente, ligera resbala gota que mis dedos matan, dentro de mi frente, gotas aparecen en tropel, decorando la botella fría que mi mente anticipa, cerveza es lo que dentro de mí, mi cuerpo ansia, ahora es lo que toca, ahora toca saciar la sed y para ello no hay mejor sitio que este espacio donde se oyen voces en tropel, golpecitos amables en hombros recios y peticiones impacientes hacia la sacerdotisa de este templo
--Buenas… ¿Tardes?. Titubeo al saludar
--Buenos días… ¿Qué va a ser? ¿Mahou?, ¿Águila?—Mientras, la señora busca en la nevera con prisas, supongo que para dejar de perder el tiempo con este mortal y dedicarlo a cosas más provechosas como por ejemplo picar tomate…
--Carlsberg, por favor.---
La señora, para por un momento su ir y venir y piensa por un instante en lo extraño de la petición, pero es un instante apenas perceptible pues inmediatamente se sumerge en la nevera, vestigio artificial de glaciares polares y surge orgullosa con la jodia botella verde, con mirada desafiante, sabedora ella de haber superado el reto. Mira a los ojos de este jodio antojadizo y sin decirlo pero a gritos, parece escupirme en la cara.
--¡Que!, ¿Te creías que no iba a ser?, pues hay la tienes,… ¡Caprichoso!
La dama espera paciente su venganza y cuando el antojadizo ( o sea, yo), coge su botella verde con deleite, con anticipado deleite y con fruición se lleva el orondo orificio, de la oronda botella verde, a su orondo cuerpo y empieza a deslizar el helado liquido dorado por sus labios, apenas mojada su boca la señora con voz clara y fuerte, interrumpiendo ese momento mágico le pregunta:
--¿Quiere vaso?—Mientras una leve sonrisa se dibuja en sus labios, a la vez que da un tajo al tomate de Pizarro que sin decir ni mu cae en dos mitades simétricas, una a cada lado de la afilada hoja. Se queda callada esperando respuesta, sabedora que la educación y la pregunta directa y servicial no puede quedar sin respuesta.
El antojadizo ( o sea “nada que ver con huesos” o sea, yo) con la botella verde entre los labios iniciado ya el postrer sacrificio, da un respingo mayúsculo y apunto esta de caerse del taburete (que bonita palabra Ta-bu-re-te, parece musica, perdón), se oye un ruido como de garganta quebrada, quebrado el trasiego del líquido elemento, el antojadizo, osado peticionario de botellas verdes, no puede reprimir su instinto educado y a una pregunta como esa ha de contestar inmediatamente mientras la señora sabedora de su poder disfruta de la interrupción y del respingo que él torpemente ejecuta.
--¡No!, no es necesario, gracias.—Sintiendo como una rotura en su garganta adquiriendo en todo su esplendor el significado de la palabra “gañote”, en el convulso movimiento se derrama preciado liquido, adquiriendo el antojadizo la certeza de que su capricho vengado queda. Es que no puedes beber como todo el mundo Águila, Mahou, no tú… tienes que ser especial y beber Carslberg , pues ahí tienes… la certeza de ser especial y preguntarte si quieres vaso cuando a todas luces se ve que no, pues te afanas en trasegarte la joia botella verde, prescindiendo de las dos manos por mor del justo decoro.
Después de este “toque” de atención, el antojadizo ( de nuevo, yo) que tonto no es (un poco si), piensa en lo bien que estaría acompañar a la extranjera verdosa con un pincho, pero como no se atreve a contrariar de nuevo a la sacerdotisa del templo le pregunta a otro antojadizo que bebe Heineken a su lado: --¿Es que aquí no ponen nada para pinchar?—Dicho esto con el suficiente esmero y descaradamente bajito para esconderlo de oídos indiscretos.
A lo que el segundo antojadizo responde:--¡Si, hay lo tienes!—
--¿El qué?—
--Para pinchar…—
--¿Tomate, pruebas de cerdo, patatas aliñadas…?
--No, para pinchar ahí tienes los palillos…-- Se puede ser más tontito, pero más gracioso, no, más gracioso, no.
Haciendo acopio de valor se dirige a la oficiante del servicio y con toda la dulzura del mundo.
--¿No tendrías un pinchito por ahí?, de comer…no para pinchar, ¿no sé si me explico?.Me aturrullo, temiendo otro ataque de gracia nativa.
--Pues no. No te explicas, pero te entiendo… --dice ella sibilina mientras pone tres calamares en un platito inoxidable.—Hay tenéis para los dos…
--No si yo no vengo con este de la Heineken..—Explico inútilmente pues ella sigue operando con estudiada destreza el Tomate de Pizarro, que de la UVI hoy no sale…
Tomo un calamar, el de la Heineken toma otro, y por un instante nos miramos los dos, pues nos asalta una de las dudas existenciales más rotundas que cabeza humana pueda tener en días estivales y es, ¿Quién se come el que queda?, miro a la malvada que creó la situación el tiempo justo para ver como el antojadizo de la Heineken se mete el tercer calamar mientras distraídamente pone atención al programa de letras que hay en la tele.
¡Maldita sea, me la han vuelto a pegar… si es que aquí hay que venir comio…!
domingo, 9 de noviembre de 2008
JUSTITA
Justita la llamaba todo el mundo, Justa era su nombre, y en su vida no hubo nunca Justicia, vinieron de Ciudad Real, no recuerdo el nombre del pueblo, ¿acaso importa?, no, no hubo justicia, porque rodeada estuvo siempre de maldad y miseria, una miseria ancestral que le mana a uno de los huesos, una miseria que se adivina aunque esté envuelta de belleza, un destino escrito por mil veces sobre piedra dura, impasible al desgaste del viento y del polvo, su madre autoritaria gritaba sin cesar, nunca oyeron sus juveniles oídos palabras serenas y amorosas, acaso su madre a su vez sería lo que oyó de su madre y así en un cuento mil veces inacabado en una espiral maldita, el padre, hombre callado y con la resignación en el rostro, ahogadas sus penas en alcohol y trabajo de albañil, buscando una y otra vez el agotamiento físico en el tajo y el mental en el alcohol, alcohol que le hacía olvidar la pena que sintió al saber que el primogénito de su casta no sería nunca un digno representante de ella, el niño había nacido con graves deficiencias físicas y mentales y él a duras penas conseguía vivir engañándose con el adictivo liquido, por eso se había rendido a los gritos de su mujer y permanecía feliz mientras se oían los gritos de aquella mujer mil veces atormentada por la pena y la desgracia. Ni siquiera el nacimiento de aquella muchachita había conseguido levantar una vida que lánguidamente se apagaba.
Justita era de tez muy blanca, alabastro hecho carne, nieve cálida pues si era más blanca que la nieve no era fría como ella, poseía una mirada marcada por el desanimo pero viva y acogedora a la vez, vergonzosa, agachaba la mirada apenas notaba que la miraban y obedecía siempre que la voz firme de su madre se imponía por encima del deseado silencio, vagaba por el portal y por la calle siempre al abrigo de su hermano, manteniéndose siempre en un segundo plano, siempre callada, siempre pensativa…
Justita…, Justita era la última de cuatro hermanos, el primero necesitaba cuidados y atenciones a todas horas, el segundo un muchacho débil y sibilino había descubierto el mundo de las drogas y la rapiña y no había ninguna otra cosa que tuviera sitio en su cerebro dañado por la adicción, la tercera era inteligente, y su inteligencia la había llevado a la certeza de que el mundo era diferente fuera de las cuatro paredes de su casa, por eso mantenía un absoluto empeño en hacerse un mundo fuera de allí; y se alejaba de todo aquello que consideraba un lastre, y por ultimo estaba Justita…, pillada en tierra de nadie, envuelta entre las voces de su madre y los silencios de su padre no veía el camino que debía seguir y apenas empezó a caminar, el suelo desapareció de debajo de sus blancos pies…
¡Justita, mi Justita!, gritaba entre llantos, la voz femenina que a menudo profería insultos y desprecios. --¡Justita, ya te lo dije, que no vayas, que no vayas!—Pero Justita había ido, quizás dando un primer paso que hiciera evidente su rebeldía, Justita se armó de valor y rompió la autoridad materna, quizás el único dia en el que debía haber hecho caso de su madre.
¡Justita, mi niña!, gritaba la voz y a mis oídos llegaban sus lamentos, a través de paredes delgadas y finas como la línea que separa la vida de la muerte. ¡Justita, hija mia..!, ¿Acaso estas dormida?, pero Justita no dormía, su blanco rostro destacaba entre la madera oscura; la luz tenue de las velas producían sombras que se reflejaban en la blanca y fría pared, su tez blanca y cálida antes, ahora aparecía pálida y fría, como burlándose de aquella vida que no le dio, absolutamente nada...
Apareció por la puerta el novio de Justita, un joven apenas mayor que ella, con el brazo rígido de escayola, la cabeza vendada y un rictus serio intentando mantener la entereza, pero gimoteando al fin como lo que era, un niño. La madre de Justita interrumpió su balanceo, dejo de darse golpecitos en el pecho, donde debía estar su corazón atormentado y clavó sus ojos en aquel que se la llevo viva y se la devolvió muerta…
--¡Tú…, tú has tenido la culpa, os dije que no fuerais, que pintaba ella en un concierto…, tu me has quitado a mi niña, mira lo que has hecho…! Y mi padre, hizo salir al muchacho mientras se le clavaban las palabras en el alma,.
--Yo no pude hacer nada el coche se salió de la carretera, ella no llevaba el cinturón y salió despedida fuera del coche,…si pudiera me cambiaria por ella…!-- intentaba entre gimoteos justificarse, mientras mi padre le golpeaba en los hombros y le acompañaba a la puerta .
--¡Vamos es mejor que te vayas… ahora no lo va a entender!. Las vecinas intentaban callar aquella furia desatada, aquel torbellino de ira y solamente lo consiguió el hermano mayor de Justita que en un arranque de lucidez se acercó donde yacía su hermana y apenas pudo decir en su idioma propio el nombre de quien siempre le dio palabras de amor y cariño, palabras que ni siquiera su madre supo entender que existían: ¡Juztita, apa, amos a jugal! Decía su hermano sin entender porque permanecía allí tan quietecita…
Justita, murió hace veinticinco años, cuando ahora mis hijos me informan de que van a un concierto, mi corazón se acelera, mi pulso golpea más fuerte y mi mente recuerda los gritos de aquella madre clamando al cielo por su niña. Y ellos me miran contrariados por mis negativas por mis dudas por mis peticiones de explicaciones, ajenos al dolor que sentiría si les pasara algo, ajenos a la inmensa pena que ya sentí una vez, hace veinticinco años, cuando Justita se fue…
Justita era de tez muy blanca, alabastro hecho carne, nieve cálida pues si era más blanca que la nieve no era fría como ella, poseía una mirada marcada por el desanimo pero viva y acogedora a la vez, vergonzosa, agachaba la mirada apenas notaba que la miraban y obedecía siempre que la voz firme de su madre se imponía por encima del deseado silencio, vagaba por el portal y por la calle siempre al abrigo de su hermano, manteniéndose siempre en un segundo plano, siempre callada, siempre pensativa…
Justita…, Justita era la última de cuatro hermanos, el primero necesitaba cuidados y atenciones a todas horas, el segundo un muchacho débil y sibilino había descubierto el mundo de las drogas y la rapiña y no había ninguna otra cosa que tuviera sitio en su cerebro dañado por la adicción, la tercera era inteligente, y su inteligencia la había llevado a la certeza de que el mundo era diferente fuera de las cuatro paredes de su casa, por eso mantenía un absoluto empeño en hacerse un mundo fuera de allí; y se alejaba de todo aquello que consideraba un lastre, y por ultimo estaba Justita…, pillada en tierra de nadie, envuelta entre las voces de su madre y los silencios de su padre no veía el camino que debía seguir y apenas empezó a caminar, el suelo desapareció de debajo de sus blancos pies…
¡Justita, mi Justita!, gritaba entre llantos, la voz femenina que a menudo profería insultos y desprecios. --¡Justita, ya te lo dije, que no vayas, que no vayas!—Pero Justita había ido, quizás dando un primer paso que hiciera evidente su rebeldía, Justita se armó de valor y rompió la autoridad materna, quizás el único dia en el que debía haber hecho caso de su madre.
¡Justita, mi niña!, gritaba la voz y a mis oídos llegaban sus lamentos, a través de paredes delgadas y finas como la línea que separa la vida de la muerte. ¡Justita, hija mia..!, ¿Acaso estas dormida?, pero Justita no dormía, su blanco rostro destacaba entre la madera oscura; la luz tenue de las velas producían sombras que se reflejaban en la blanca y fría pared, su tez blanca y cálida antes, ahora aparecía pálida y fría, como burlándose de aquella vida que no le dio, absolutamente nada...
Apareció por la puerta el novio de Justita, un joven apenas mayor que ella, con el brazo rígido de escayola, la cabeza vendada y un rictus serio intentando mantener la entereza, pero gimoteando al fin como lo que era, un niño. La madre de Justita interrumpió su balanceo, dejo de darse golpecitos en el pecho, donde debía estar su corazón atormentado y clavó sus ojos en aquel que se la llevo viva y se la devolvió muerta…
--¡Tú…, tú has tenido la culpa, os dije que no fuerais, que pintaba ella en un concierto…, tu me has quitado a mi niña, mira lo que has hecho…! Y mi padre, hizo salir al muchacho mientras se le clavaban las palabras en el alma,.
--Yo no pude hacer nada el coche se salió de la carretera, ella no llevaba el cinturón y salió despedida fuera del coche,…si pudiera me cambiaria por ella…!-- intentaba entre gimoteos justificarse, mientras mi padre le golpeaba en los hombros y le acompañaba a la puerta .
--¡Vamos es mejor que te vayas… ahora no lo va a entender!. Las vecinas intentaban callar aquella furia desatada, aquel torbellino de ira y solamente lo consiguió el hermano mayor de Justita que en un arranque de lucidez se acercó donde yacía su hermana y apenas pudo decir en su idioma propio el nombre de quien siempre le dio palabras de amor y cariño, palabras que ni siquiera su madre supo entender que existían: ¡Juztita, apa, amos a jugal! Decía su hermano sin entender porque permanecía allí tan quietecita…
Justita, murió hace veinticinco años, cuando ahora mis hijos me informan de que van a un concierto, mi corazón se acelera, mi pulso golpea más fuerte y mi mente recuerda los gritos de aquella madre clamando al cielo por su niña. Y ellos me miran contrariados por mis negativas por mis dudas por mis peticiones de explicaciones, ajenos al dolor que sentiría si les pasara algo, ajenos a la inmensa pena que ya sentí una vez, hace veinticinco años, cuando Justita se fue…
sábado, 1 de noviembre de 2008
GARBANCITO NEGRO
Era una bonita tarde de aquel otoño, raro y dudoso, pues unos días eran fieros y con arrebatador frio y el día siguiente lucia un anaranjado sol calentando hasta el crepúsculo, aquella tarde caminaba absorto en la música que los cascos hacían llegar a mi confundido cerebro, veía pasar a niños camino de su casa después de una tarde en el colegio olvidado ya el sopor de la sobremesa y recobrado el ímpetu y las energías que les hacían presagiar una tarde de juegos y diversión, cuando una algarabía de voces en el idioma canino hizo que elevara la vista y viera allí, en la terraza del primer piso a tres perritos uno negro y dos blancos, allí asomados daban ejemplo de convivencia y tolerancia sin mostrarse entre ellos ningún extraño rencor, los tres estaban recluidos en la terraza y hacían saber al mundo con sus ladridos que aquello era injusto, el devenir de humanos de todos los tamaños con rostros anhelantes de juegos les producía una inquietud que solo podían expresar ladrando a todo lo que se movía, el perro negro era el más atrevido y en su afán no veía el peligro de ponerse tan dicharachero en su oratoria; de repente perdió las manos y cayó entre los ladridos de sus compañeros y los gritos de asombro de algún niño sorprendido por ver llover perritos del cielo.
A pesar de caer desde un primero, la distancia al suelo era grande para tirarse asi, alegremente. El perro negro dió un costalazo considerable contra la cuadriculada acera y después de unos momentos de dudas se incorporó como si no entendiera como es que estaba allí abajo, deseándolo como lo deseaba después de toda una tarde ansiando que lo bajaran a la calle, sus compañeros no paraban de ladrar no se sabe si deseando acompañarle o burlándose de su infortunio, el pobre miraba a todos lados temeroso de hallarse sin la protección que le brindaba la atalaya y yo venciendo el ancestral repeluco que me dan los animales vivos lo sujete durante unos minutos y juro que hasta lo acaricié, pasado un tiempo bajo una niña de unos ocho años gritando: ¡Peca, peca! Y entendí que aquel era el nombre de aquella bella dama y me aventuré a pensar en los motivos de aquel nombre; decidí que no sería una incitación al pecado sino más bien la certeza de que el color negro que cubría su pelaje a diferencia de sus hermanos les hizo elegir este nombre pues era una gran peca la que cubría todo su cuerpo.
¡Nena, aquí! –grité llamando la atención de aquella colegiala que había echado en falta la presencia del garbanzo oscuro que faltaba de la olla, perdón de la terraza. La niña se acercó rápidamente y cogiendo el perro de mis brazos me dio las gracias y gritando al perro le dijo:
¡Mira que te lo hemos dicho, un día te vas a caer, niña mala!---mientras se alejaba camino del portal para devolver el garbanzo a la olla, desapareciendo de mi vida aquella dama caída del cielo.
De vez en cuando me obligo a pasar por allí con el deseo de contemplar, aquella agitación y algarabía y he de decir que me asombra hasta qué punto los animales aprenden de sus errores, pues desde aquel día, siempre que paso por allí mi amiga “Peca”, permanece en un tercer plano dejando que sean los demás los que corran con el dudoso gusto de llevar “la voz cantante”, ella ya no se acerca tanto al borde de la terraza, se muestra más comedida en sus paseos por la barandilla y ve pasar la vida de una manera más altiva y tranquila con la certeza que dá la experiencia de saber que no merece la pena partirse el cuello ni llevarse un costalazo en las costillas por demostrar no se sabe qué cosa, yo la miro y ella me mira y no sé pero yo creo descubrir un leve atisbo de conocimiento y la complicidad de saber un secreto que los demás no alcanza a entender, caerse desde un primero hace daño, mucho daño.
A pesar de caer desde un primero, la distancia al suelo era grande para tirarse asi, alegremente. El perro negro dió un costalazo considerable contra la cuadriculada acera y después de unos momentos de dudas se incorporó como si no entendiera como es que estaba allí abajo, deseándolo como lo deseaba después de toda una tarde ansiando que lo bajaran a la calle, sus compañeros no paraban de ladrar no se sabe si deseando acompañarle o burlándose de su infortunio, el pobre miraba a todos lados temeroso de hallarse sin la protección que le brindaba la atalaya y yo venciendo el ancestral repeluco que me dan los animales vivos lo sujete durante unos minutos y juro que hasta lo acaricié, pasado un tiempo bajo una niña de unos ocho años gritando: ¡Peca, peca! Y entendí que aquel era el nombre de aquella bella dama y me aventuré a pensar en los motivos de aquel nombre; decidí que no sería una incitación al pecado sino más bien la certeza de que el color negro que cubría su pelaje a diferencia de sus hermanos les hizo elegir este nombre pues era una gran peca la que cubría todo su cuerpo.
¡Nena, aquí! –grité llamando la atención de aquella colegiala que había echado en falta la presencia del garbanzo oscuro que faltaba de la olla, perdón de la terraza. La niña se acercó rápidamente y cogiendo el perro de mis brazos me dio las gracias y gritando al perro le dijo:
¡Mira que te lo hemos dicho, un día te vas a caer, niña mala!---mientras se alejaba camino del portal para devolver el garbanzo a la olla, desapareciendo de mi vida aquella dama caída del cielo.
De vez en cuando me obligo a pasar por allí con el deseo de contemplar, aquella agitación y algarabía y he de decir que me asombra hasta qué punto los animales aprenden de sus errores, pues desde aquel día, siempre que paso por allí mi amiga “Peca”, permanece en un tercer plano dejando que sean los demás los que corran con el dudoso gusto de llevar “la voz cantante”, ella ya no se acerca tanto al borde de la terraza, se muestra más comedida en sus paseos por la barandilla y ve pasar la vida de una manera más altiva y tranquila con la certeza que dá la experiencia de saber que no merece la pena partirse el cuello ni llevarse un costalazo en las costillas por demostrar no se sabe qué cosa, yo la miro y ella me mira y no sé pero yo creo descubrir un leve atisbo de conocimiento y la complicidad de saber un secreto que los demás no alcanza a entender, caerse desde un primero hace daño, mucho daño.
sábado, 18 de octubre de 2008
LA ESCRITURA, esa gran desconocida.
La escritura aparece como actividad humana en periodos que se pierden allá en la noche de los tiempos, en mi vida empezó muy pronto a tener una relación muy dolorosa a edad muy temprana, ¿dolorosa?, Si, contaría yo apenas un par de añitos cuando mi padre descubrió mi precoz afición a escribir…, escribir en las paredes, con toda la variedad de colores y matices que daba un estuche de rotuladores Carioca de 36 piezas, asi como precoz fue mi inclinación, también se inclino mi espalda con la pre-COZ y las demás coces que sobrevinieron con el objetivo de modificar este deleznable ahínco que me dio…,el cual fue medianamente conseguido pues yo seguí escribiendo, más puse especial cuidado en buscar otro tipo de superficie que me sirviera de pergamino, más que nada porque no escribieran sobre mi espalda con dos o tres cintazos cariñosos y corregidores de tan inconsistente actividad lo cual fue logrado pues mi padre a pesar de balancear amenazadoramente en sus manos el cinto y golpear con él sus rodillas, acompañando este gesto con un ¡HUMMMM! Terrible y aterrador sonido no tuvo nunca que pasar a la acción y yo entendí el mensaje y no deje de escribir nunca en nada que no fuera superficie tan conflictiva como las paredes.
Mi relación con la escritura ha tenido de siempre unos efectos, más allá de los normalmente descritos en cualquier vida mundana, en el colegio se me emperejiló escribir con una leve inclinación a la izquierda, cosa que no era del agrado de la maestra y se empeñó esta en corregir tan execrable costumbre por lo que no me dejaba en paz, y una y otra vez me ponía en ridículo y se mofaba de mi persistencia, eran otros tiempos y tantos los métodos de enseñanza, como las inclinaciones a la izquierda se veían de manera distinta, así es que yo tomé la costumbre de mirarla fijamente a los ojos y con una ferocidad tal, que creo que me cogió miedo y llamó a mi madre a la que explico la carga de odio y ensañamiento que había en la dulce mirada de un niño de siete años, mi madre discutió conmigo del asunto y me convenció como solo una madre puede hacer estas cosas, enseñándome la zapatilla de goma de fabricación levantina, pero tampoco hubo de ir más allá de la violencia subliminal y yo que siempre he sido muy comprensivo dejé de mirar con insistente odio a la maestra , pero lo más que consiguió fue que escribiera derechito, haciéndome pertenecer a un centro ambiguo en todos los sentidos de la vida, excepto en el sexual y en el de mi amor por los corderos.
Años más tarde la Escritura pasó a formar parte de una de las obsesiones más perseverantes en mi ánimo, pues comprendí que hasta el día en que no tuviera “La Escritura” de mi primer piso, aquel no podría ser considerado de mi propiedad y aquello producía angustia y desasosiego en este alma atormentada por “la escritura” luego paso a un segundo plano y hoy en día lo único que me preocupa de este tipo de Escrituras es donde pongo físicamente las numerosas escrituras de mis incontables propiedades repartidas por dieciséis países. Si, después de soñar suelo levantarme y tomar mi desayuno de cola cao con galletas y todo vuelve a la normalidad. Menos mi cabeza que sigue pensando lo bonito que sería tener ya “la escritura” y dejar de preocuparse del Euribor y de la madre que lo pa…
En fin, los demás aspectos de “la escritura” se pueden encontrar en enciclopedias e internet y hablan de cosas como los Jeroglíficos (Que ya se podían poner a explicar lo de la escritura y dejar los pasatiempos para otra ocasión…), hablan del antiguo egipcto, fenicios, griegos y demás bandas urbanas que empezaron a escribir y han hecho llegar esta afición a nuestros días pues siguen escribiendo en las paredes, aunque ahora se llama de otra forma, Grafitis me parece, todo un mundo de avances y evolución.
Otro dia hablamos de la crisis...
sábado, 11 de octubre de 2008
GRANADA, OTOÑAL FRUTO
¡Granada!,…. hundo la puntita en tu piel fuerte y rugosa, no por curtida y anciana, si no por desnudar con ambicioso deseo tu interior escondido, hundo la puntita y haciendo un circulo medido, te libero de la corona inhiesta fiel testigo de tu reinado en mis deseos pueriles, rebano el cogollo (o como quiera que se llame), despojándote de él, asomo con presteza mis ojos por ver si hubo suerte y tus sanguíneas perlas, sanguíneos manjares anuncian, hundo la puntita y con experimentada habilidad hago dos círculos alrededor de tu cuerpo duro y esbelto, hiriéndote de muerte y saboreando el deleite que mis ojos adivinan, hundo la puntita (la puntita del cuchillo que es que ya lo he dicho varias veces y lo mismo alguno se cree que mi amor por las granadas va más allá de lo razonable) hundo la puntita del cuchillo y separo el otro cogollo, luego con mis músculos tensionados hago medida fuerza para separarte en dos mitades y a continuación convertirte en cuatro, descubiertas tus cartas, júbilo experimenta mi alma al ver cumplido mi deseo y tu interior rojo y brillante lleno de rubíes hallo.
Descubierto el color rojo de tus lagrimas bermellonas, acerco mis labios a tan prometedor manjar y con cuidado extremo tiro de ellas con los dientes delanteros a la vez que mis labios protegen cada uno de tus granos e impiden que huyan saltarines y juguetones allá donde no pueda verlos hasta el momento en que sean pisados (por que inevitablemente serán pisados para disgusto del manipulador de la fregona) .
Retiro con sumo cuidado el pellejito protector y amargo que envuelve tu preciado tesoro y que si por un descuido involuntario ingerido fuera echa a perder tan placentero gozo.
Amigos intentan convencerme , más en conseguirlo hierran pues intentan ufanos instruirme en que lo mejor sería coger todos los granos y comerlos sin la bonita liturgia por mi descrita, más no tienen éxito y si quieren continuar razón, habrán de dar a este humilde servidor margen de equivocación, pues ante una granada partida en cuatro trozos rojos y brillantes, amalgamados sus granos y gritando a los cuatro vientos ¡Comeme, comeme! Este mortal que estas líneas escribe no puede evitar coger precipitadamente uno de sus gajos e iniciar con premura su natural goce.
Así es como ven mis ojos este bonito fruto otoñal en el otoño de mi vida, desde tiempo inmemorial unido a mí, desde el dia de mi nacimiento, por estar unido desde siempre su afloramiento a los mercados con el dia de mi venida al mundo y por tanto unido su consumo a días de alegría y cariño en que mi madre siempre atenta y obsequiosa, sabedora de mi amor superlativo por esta joya de fruto me regalaba de él siempre que tenia ocasión, ignorante de si proteínas, lípidos, hidratos o demás elementos nutritivos eran beneficiosos pues ver a un vástago (¿esta palabra es mezcla de vasto y de vago?, bueno es igual) para ver a un vástavago, decía, pasar un rato divertido ratoneando entre granitos de granada cual si fuera joyero engarzando rubíes en coronas de oro.
Bueno después del festival gozoso queda lo de la fregona… e inevitablemente el comentario mil veces repetido: Jamás hubo hombre sobre la tierra, ni mujer que le acompañara que tuviera a bien comer granada otoñal sin que de sus manos un mínimo grano cayera. Así es que levantándose uno a por el singular instrumento; inevitable es pisar algún grano y lamentar seguidamente que en vez de en el suelo no haya caído en nuestras manos.
Aquí acaban mis loas a tan singular fruto de otoño que mi amigo CERROJA, pues como tal considero al insigne aficionado a la fotografía taurina y culinaria (por comida, no por…culi) se digna mostrarnos en este instante mágico, quizás demasiado cercano el objetivo , pues nos priva de ver en toda su magnitud la belleza de la cesta y lo acertado del paño que las protegen, más no hay peros que valgan que ande este un Granada que se quite un Pero, perdón una pera.
Ya, ya lo sé de los membrillos no he dicho nada, pero no sé si son zamboas, membrillos o MIEMBRILLO que ha de ser miembro pequeño y que seguramente no tiene nada que ver con este fruto amarillo y duro de hincar el diente, bueno, ya si eso… otro dia.
.
jueves, 9 de octubre de 2008
DIAGNOSTICO MECANICO EQUIVOCADO (para SJV)
¡Cuánto me gustaba conducir!, ¡cuánto me gustaban los coches!, estaba todo el día pensando en lo bonito que sería tener independencia para ir a este sitio o al otro, tener un pequeño espacio en el mundo donde el amo y señor fuera yo y solo yo, por eso cuando me dieron el carnet de conducir, invité a mis amigos a dar una vuelta en aquel Renault ocho de mi padre. Me sentí por primera vez un tipo importante (lo cual no ha vuelto a suceder, por cierto), por entonces con dieciocho años te podían perdonar que estuvieras por “estrenarte”, pero que no tuvieras coche era señal de que ocupabas un espacio sin importancia en este jodido mundo.
Así es que allí estaba yo, con mi carnet recién sacado y mis cuatro amigos “el Joaquín” con su novia de entonces…que se convirtió en su mujer para toda la vida… para toda la vida hasta que se divorciaron… pero esta es otra historia más jocosa si cabe pero no tan divertida…
--¿Porque no vamos al pueblo de “al lao” y nos tomamos unas coca-colas con hielos?—Era la forma que tenia Joaquín de decir “cubatas” pero estaba por entonces en una de sus rachas ocurrentes y no dejaba de decir tonterías. A mí no me gustó tanto la idea de gastar gasolina, yo pensaba en una vueltecita por el pueblo, pero no podía dejar que pensaran que era un joio tacaño ¿o quizás si?, el caso es que había que ver mi Renault ocho, espatarrao de las ruedas de atrás, con los tapacubos brillando, y en el salpicadero trescientos llaveros colgando de una barandillita cromada y un San Cristóbal con la foto de familia numerosa diciéndome: -- ¡A ver que haces insignificante!--
Llegamos al pueblo de al lado con las ventanillas corridas, no bajadas, las de delante bajadas y las de atrás corridas, con el codo apoyao en la ventanilla y las gafotas de sol…, parecíamos el Equipo A, hasta Joaquín parecía míster T pues siempre fue moreno y aunque no llevaba tantas joyas si llevaba un cordón de oro (que no era de oro) que brillaba como el sol de Alcollarín en el mes de agosto a las doce del mediodía, además del paquete de tabaco metido en la manga de la camiseta, todo un Dandy…
--Espera, que me bajo y te indico—Me dijo Joaquín dándome una palmada cariñosa en el cogote y saltando del coche ágilmente como un elefante tirándose de un Smart -- ¡Dale, dale, dale!— decía mientras movía alegremente su manita derecha. Y naturalmente le di. Aquello sonó como el alivio momentáneo después de la ingesta de cuatro platos de judías y una botella de dos litros de Coca-cola, o sea una bestialidad, las cabezas dentro de aquel Francés se movieron al unisono y a la vez bajamos todos del “espatarrao” y el Joaquín medio riéndose medio protegiéndose la cabeza dijo: --Joer macho como tiras tan deprisa…—Yo envuelto en un mar de sudores fríos y calores no dejaba de pensar en lo corta de mi vida como conductor, pues sin duda alguna después de ver los daños colaterales mi padre suspendería mi meteórica carrera de piloto.
--¡Vámonos, vámonos!-- acerté a decir preso de los nervios.
--¿Pero, “ande “vamos a ir, si la noche es joven y no nos hemos bebido nada con cubitos de hielo?—Decía Joaquín agarrado al cuello de su novia mientras a duras penas podía contener la risa…
--¡Vale, tú y tú os quedáis, se han acabado los cinco duros el que quiera que suba y el que no que se quede!—Dije tajante sin lugar a duda alguna.
--¿Qué culpa tiene nadie que no hallas visto el pedazo monolito que hay en medio de la plaza y le hallas dado un “zurrio”, que menos mal que no están los de Patrimonio Nacional…?—Me estaba poniendo nervioso muy nervioso…, pero subieron todos ordenadamente.
Entonces al sentarme en el asiento, comprobé que los daños no eran solo un leve raspón en la trasera del espatarrao acompañado de un bollo pero no de los de comer , sino que el golpe había desplazado la caja de cambios y toda la maquinaria se había ido hacia adelante…Entonces si que me entraron sudores fríos… incluso noté como los pies se me hacían pequeños dentro de los zapatos…
Durante el camino de regreso Joaquín no dejo de introducirle la palma… quiero decir meterle mano a su novia, que es que a veces me quiero poner tan fino…, y yo no dejaba de pensar que cuando mi padre viera aquello también me iba a meter mano pero de manera menos placentera, allí iba a ver andanadas de ostias (como dijera el gran Marquiñas).
Desembarcamos todos del espatarrao y pese a lo que pueda parecer el seguía espatarrao, no era algo que se le pasara con la descarga…
Casualmente estaba mi padre en el bar vaciando unos botellines, cuando vio como llegaba su coche repleto de juventud y alegría, se nos quedó a todos una cara muy larga cuando se acercó a hacernos los honores.
--¡Vaya, ya llegó el autobús de las seis y media!—dijo mientras yo le miraba la mano que mecía la cuna y que irremediablemente me iba a mecer la cara por cenutrio...
--Papa, le he” dao“un golpecito atrás, pero casi no se nota…como está debajo del parachoques…, lo único…-- Interrumpí mi discurso mientras le acompañaba a la zona cero, como queriendo que asimilara tanta información… y tan negativa.
--Esto no es ná, nada que no se pueda arreglar con dos meses sin conducir el coche…--Esto si que me dolió…, bueno, ¡no!, me dolió más imaginarme las guantas que me iba a dar delante de todo el mundo…
--Lo único, papa es que al darle el golpe se ha debido desplazar la caja de cambios, porque yo noto todo desplazado hacia adelante y debe ser por efecto del golpe atrás que se ha ido “palante” el eje y todo el motor…-- Interrumpió mi diagnostico mecánico levantando la mano, no sin un evidente mosqueo por mi parte y se metió en el coche.
Empezó a reírse a carcajadas mientras todos mirábamos como se bajaba de nuevo, mientras pensaba que encima era cruel, muy cruel.
--Con que se ha desplazado la caja de cambios.., -- Repetía sin dejar de reír mientras los demás se reían nerviosamente esperando igual que yo las dos guantas.—Serás mameluco, con el golpecito lo que se ha echado para atrás ha sido el ASIENTO, ¡insignificante!—Anda llévate el autobús y ten cuidado porque la próxima vez te quedas sin coche..
Subidos todos de nuevo en el coche en busca de los cubitos de hielos, paré y poniéndome serio grité: ¡No quiero ni un cachondeito… que os vais andando! Y entonces fue cuando empezaron a reírse…
Nunca tuve un carácter fuerte…así me va.
.
Etiquetas:
diagnostico,
mecanico,
renault 8,
sjv
domingo, 14 de septiembre de 2008
martes, 2 de septiembre de 2008
GALLOS GRITONES.
El estruendoso canto de un gallo hizo que mi ojo derecho se abriera levemente, levemente lo volví a cerrar, pero el gallo chino que alguien, lógicamente, allá en la lejana China, había metido en el despertador no dejaba de dar los buenos días a todas las gallinas del contorno, así es que no tuve más remedio que hacerlo…, me llené de arrojo y valor y abrí los dos ojos, a la vez…, busqué a oscuras, aun sin abandonar el abrigo que la sábana me daba en el mes de Agosto y tentando con sigilo encontré el maldito gallinero donde el jodido gallo no dejaba de… ¿maullar?; de joer, porque es lo que hacen los gallos, al menos este.
Con sigilo, pero poco…, poco sigilo, pues tentando, tentando tiré al suelo el reloj de pulsera y el reloj de la prórroga que es el que suena cuando el gallo no consigue despertarme, con sigilo también cayó al suelo el segundo tomo de la enciclopedia británica que en esos momentos tenía en la mesilla de diseño, no como lectura nocturna si no como encimera para sujetar todas las cosas pues el diseñador que diseñó la mesilla de diseño, tuvo una noche loca y no pensó que además de bonita la “joia” mesilla debería tener una función que aquella no cumplía. Abiertos ya los ojos como platos, intenté incorporarme como hacia Michael Jackson, cuando hacía de robot,…pero no lo conseguí…, no conseguí intentarlo, hasta que una patada en las espinillas, con el calcañal, pues es lo más duro que hay en el cuerpo humano (sin fantasmadas) que ella puede ser lo que sea pero tonta no es… y me dio la patada con el calcañal y no con la puntera, que si, que se lo que digo…
Esta caricia romántica hizo que recuperara mi forma mortal y pude incorporarme como si tuviera un resorte, encerré al gallinero, y reconstruí la mesilla de diseño volviendo a quedar operativa más un poco inestable. Puse los dos pies en el suelo, y me asaltaron varios pensamientos, a cual más profundo y trascendental:
--¿Que necesidad tienen las personas humanas de levantarse tan temprano?— --¿No le daría a la empresa lo mismo, que uno de sus colaboradores empezara la jornada un par de horas más tarde?— (cobrando igual, que si no, no tiene gracia).
--¿Qué me como para desayunar?—
--¿Dónde aparqué el coche ayer?—
Bueno todas estas preguntas quedaron sin respuesta y agaché mi tronco que de madera no es pero que buena madera ha de ser pues la futbolista de los calcañales dice que estoy hecho un buen tarugo, agácheme y cogí el pantalón del chándal que dejo cuidadosamente arrugado a los pies de mi cama e introduje las dos piernas, una después de la otra que yo malabarista no soy y menos a esas horas…y me di otro minutito de prórroga, allí estaba yo con los pantalones por la rodilla y emitiendo un ruidito característico cuando a uno le crujen los riñones, más antes de que terminara dicha prórroga noté como un golpecito en la espalda acompañado de una voz melodiosa, ¡no, no, no y mil veces no!, no puedo mentirles (si puedo pero no voy a hacerlo), en realidad note un zurrio en las costillas que a punto estuvo de tirarme de la cama y luego una voz desde el mismo infierno que me decía:
--¡Eh tu insignificante, a ver si estas sonámbulo y te lo vas ha hacer ahí mismo, anda vete al servicio y no hagas ruido que las personas normales tenemos que dormir…!—Y poquito a poco fue quedándose en silencio la estancia de nuevo y yo allí con un cariñoso golpe en las costillas y los pantalones por las rodillas con la sensación de que nadie en el mundo me entiende..., ni siquiera el maldito gallo chino, que como riendose de mí, de repente y sin aviso, dandome un susto de muerte, empezó de nuevo a cacarear como si hubiera visto un paraiso de cientos de gallinas ponedoras de moral "distraida".
Etiquetas:
chino,
clock,
despertador,
gallo,
grito
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
