domingo, 25 de enero de 2009

¡ UNA MIRINDA!


A Luís “Bikini” le gustaba mucho el vino. Esto siendo un problema digamos que “algo” serio, pasaba a ser un problema “muy” serio; cuando además de gustar el vino, no se tiene dinero para comprarlo.


A Luís le llamaban el “bikini”, no porque luciera una excelente figura enfundado en un traje de baño, pues por aquel entonces no se conocían recortes de ropa tan formidables, sino por estar obsesionado por las pruebas nucleares que se llevaban a efecto en el momento en que Julio “el badila” le puso este mote. Allá, en el lejano atolón de las islas Bikini, no sabrán nunca que alguien al que le gustó tanto el vino, llevó su bonito y a veces exuberante nombre.


Era tal su obsesión con las pruebas nucleares que empezó a caer en gracia preguntarle por su parecer sobre la conveniencia de hacer semejantes pruebas. Él siempre acababa de manera rotunda y clara sobre lo que aquel asunto traería. Siempre había algún “generoso” que le invitaba a un vino y a continuación le decía:


--¿Que, qué va a pasar Luís con los de las Bikini?—Mientras se hacían señas y prestaban atención a su reacción, que casi siempre era la misma…


--¿Que, qué va a pasar…? pues que el mundo va pegar un zurrio que veremos a ver si no empieza a partirse por el pueblo… por la huerta de “Tío picantoso”.-- que estaba en un terraplén, y tenia tomateras volanderas que pendían a una altura de cuatro metros.


El día que “Tío picantoso” le oyó decir esto, dio un golpe en la mesa con la mano abierta, y después de haber dado un susto de muerte a toda la concurrencia dijo gritando:


--¡A ver si el zurrio te lo voy a tener que dar yo, so…jodio…Pos figúrate tú que yo creo que la primera zanja va salir de tu casa, y “pá” mas señas del “pozo hondo”, “Pos” no te “joe” que me quiere hundir más “entoavia” las guindillas…




Luís “Bikini” estaba casado y tenia tres hijos y a todos les empezaron a llamar por tan exótico nombre, y a su mujer lógicamente le pusieron “la Bikina” pero el cantante Luís Miguel nunca le dedicó ninguna canción… En el apartado lugar donde los “Bikini” intentaban subsistir había un pozo. El “pozo hondo”, era profundo y se decía que comunicaba con el otro lado del mundo, por eso, quizás, la obsesión de Luís “Bikini” que pudiera ser que la salida estaba cerca de las Islas Bikini. Pero no había noticias que avalaran ese extremo.


Luís “Bikini” había sido siempre un buen hombre, trabajador y cumplidor de sus obligaciones y compromisos, pero su afición al vino le empezó a “avinagrar” el carácter y rara era la noche que no se oían voces en el pueblo que venían de “pozo hondo” anunciando las alegrías de Luís “Bikini” o las penas, pues no pocas veces aparecía su hijo mayor -que no tendrían mas de doce años—a que le fiaran un cuartillo de vino.


Un noche las voces fueron más nítidas y claras que de costumbre, no porque hiciera mejor tiempo sino porque la desesperación era mucha. “La bikina” había decidido que era mejor gastar el dinero en comida para los hijos que en vino para el padre y él no compartía este criterio.


Poco a poco el altercado fue remitiendo y nadie volvió a recordar aquello, hasta pasados dos días, en que los periódicos trajeron por fin la noticia de que las pruebas en el atolón de las Bikini habían dado comienzo, entonces fue cuando tío picantoso dijo: --- Y el joio del Bikini, ande estará…-- Y como quiera que su huerta estaba camino de “Pozo hondo” se acercó y viendo a su hijo mayor le preguntó:


--¿Ande, anda tu padre, hermoso…?.-- Mientras se bajaba del burro calmadamente.


--Pos no sabemos, que el otro día no le quiso dar mi madre “pa” vino y no sabemos donde está…, le he “buscao” en toda la finca, he ido al pueblo de al “lao” y tampoco, yo ya no sé ande buscarle “Tio picantoso”


--Pos tié güevos la cosa… en el pueblo no se la visto…---Interrumpió su frase al oír un leve murmullo proveniente del brocal del pozo que estaba a unos cincuenta metros.


Salieron corriendo el hijo de Luís “Bikini” y Tío picantoso y allí asomados en la oscuridad que reinaba en el pozo oyeron lamentos y quejas que venían de donde el sol no llegaba nunca.


--¡Luís, Luís…estas ahí….?---Gritó el hombre mientras se cubría los ojos por ver si así escudriñaba mejor el fondo. –Vete a por una cuerda y “aluego” te acercas al pueblo a por el culebra que es muy “chiquinino” y seguro que se “abaja” mejor a por él-- Y mientras el hijo se iba a toda velocidad a buscar ayuda, el Tío picantoso se puso las manos en la boca y dirigiendo su voz al pozo, gritó:


---Pero Luís, ¿como es que estás ahí?, ¿acaso querías matarte?, ¡Demonio!--- Primero con voz débil, pero luego con voz fuerte y clara, Luís “Bikini” contestó:


--- ¡Claro que sí, eso es lo que quería…, matarme!
--- ¿y porque…si pué saberse?
-- Porque no tenía vino...---
-- ¿Y ende cuanto hace que estás ahí…?---
-- Dos días llevo agarrao a una rama y no sé si “sortarme pá acabal” de una vez…
-- Pos no te “suertes”, que tenias que ver como corre el hombre que tienes en casa a buscar ayuda pa socorrerte… que lleva dos días removiendo Roma con Santiago “pa encontrate”. Porque es un hombre, aunque solo tenga doce años, es más hombre que tú, que te dejas dominar por el vino.


Luís “Bikini” subió con mucho trabajo sin la ayuda del “culebra” y cuando estaba apoyado en el brocal del pozo con un brazo raspao y la pierna en carne viva, con toda el rostro magullado y el alma herida en lo más profundo, miró a los ojos de “tío Picantoso” y con ojos húmedos empezó a hablar:


-- Mira, “Picantoso” aquí, entre nosotros dos… te juro que no vuelvo a probar el vino y que lo primero es lo primero que no ha de faltarles ná a los míos… como yo pueda… y he de poder, vaya si voy a poder…
Tío picantoso miró a los ojos de aquel hombre y se humedecieron los suyos y ayudándole a subir al burro supo que aquel cumpliría su promesa.


Cuando Luis “Bikini” volvía a su tierra desde la lejana Suiza, no podía reprimir la gran satisfacción que sentía al ver a los muchachos estudiando y al mayor bien “colocao” como decía “la bikina”. Y sentado en la mesa de siempre sonreía cuando Luís “bikini” pedía en el bar.…


--¡Una Mirinda!---

martes, 30 de diciembre de 2008

¡No, eso no!

El reloj de la torre acaba de marcar las ocho y este caluroso día de Agosto aun se resiste a morir…aun acaricia con fuerza las tejas que cubren las casas que parecen tranquilizarse por la ausencia del azote continuo de los rayos de sol tan directos e impactantes… En la serenidad del patio.., junto al pozo…, con un vasino de vino en la cercanía de la mano, a cubierto, en la sombra que el alto muro procura…, voy cogiendo una a una, fotos amarillentas, con una suave doblez, con brillo que devuelve los aun fuertes restos de cegadora luz.

--Ahí, estábamos en Alemania…, vaya frio que hacia…-- Intento imaginar el terrible frio que se adivina en la instantánea y me estremezco, a pesar del calor que hace aun en el patio, me estremezco porque no puedo asimilar tanto frio por fuera y mucho menos por dentro…en un sitio tan lejano y extraño…

--En esa, estábamos en “la cueva”…--Y yo intento adivinar en el fondo de la foto la entrada a alguna cueva que justifique el nombre, sin encontrarla…

Me detengo un instante y alargo la mano, bebo un poco de vino de Miajadas, y el vaso transparente y pequeño de Duralex hace un ¡Tong” seco cuando lo pongo en el brocal del pozo, en lo alto se adivina una estela blanca y al final de ella un avión camino quizás de allende de los mares, iluminado aun por el incansable sol, haciéndole brillar, allá, en lo alto..silencioso.

Encuentro un recibo de la luz, pues eso de decir Compañía de Suministro de Electricidad es cosa moderna y un esnobismo propio de estos días…

--Tíralo, a saber de qué año será…—Lo aparto y lo vuelvo a meter entre las fotos… en ese año se arpobó la constitucion…, recuerdo mientras sonrío ante la imagen de una plaza tan diferente a la que ahora conocen mis ojos… arena en el suelo, diáfana y libre de obstáculos como les gusta a los naturales de aquí tener las cosas…, sin trastos por medio. Vuelvo a oir hablar y de nuevo bebo del vaso “chiquinino”
.
--No sé para que guardamos estas cosas, deberíamos tirarlas...—Pero callo y sigue rebuscando, sale una imagen de “Santa Catalina”, pertenece a un calendario de un año ya en el olvido, aun tiene el aluminio en su parte superior y le faltan todas las hojas del año que le dio vida. Sé la respuesta pero aun así hago la pregunta:

--¿Y esto.., esto lo tiramos también?—mientras lo saco y estiro mostrando la imagen de Santa Catalina en color, un color que me recuerda las películas antiguas de Cinemascope.

--¡No, eso no!—Me responden rápido, casi en un grito, me apremian a que devuelva la imagen y mientras sus manos estiran el papel, adivino un brillo en sus ojos…--No esto no, que es Santa Catalina… --y con cuidado se vuelve a meter en el cajoncino de madera, cajón que volverá a abrir quién sabe dentro de muchos años y quizás pregunte: --¿Y esto, esto lo tiramos?—Y seguro estoy que entonces seré yo el que conteste: --¡No, esto no, que es Santa Catalina!.

sábado, 20 de diciembre de 2008

"JUAN DIEZPATAS"

“Juan diezpatas”, miró con satisfacción el camastro que acababa de prepararse y se dijo que así estaba bien, se dispuso a pasar la noche en su huerto y acarició su garrota, esta le hacía compañía allá donde iba y le daba seguridad. En más de una ocasión le había salvado de alguna situación comprometida, pues la sola visión del “maderamen”, válido para hacerse una barca…, hacia recapacitar al más intrépido retador.
El huerto de “Juan diezpatas” estaba situado al lado de la huerta de “la holla” y entre la calle de las Viñas que un poco más adelante se convierte en el camino de Alcollarín y “el juncal” o de “las huertas”, que se unían en un punto que se llamaba “las cuatro calles” y lógicamente en un arranque de originalidad era lo que allí había: cuatro calles. Allí cerca, en las cuatro calles había puesto “Juan diezpatas” sus dos mantas, una, encima de un poco de paja y ramajes que velaran por el descanso de sus trabajados riñones y otra que le protegiera del relente veraniego que llegaba sin avisar .
“Juan diezpatas” cuidaba mucho su huerto y estaba orgulloso de las peras que conseguía arrancar a los frutales con mucho cuidado y atención. En no pocas ocasiones le habían hablado maravillas de las peras que con tanto cuidado protegía, y ¿Qué decir de los higos?, arrope puro… su sola visión hacia que la gente sintiera la necesidad de sopesarlos en las manos, para a continuación quitarles un poco la piel y sumergirse en los azucares más sabrosos... Algunos ni eso… con la piel, les parecían el majar más sabroso que la tierra pudiera dar, más no, “Juan diezpatas”, “Juan diezpatas” no había dado de balde, jamás una pera ni un higo. Se vanagloriaba de ser astuto y ladino en el cuidado de su huerta y por ello nadie había osado jamás llevarse de su tierra fruto alguno que antes no hubiera pasado con una compensación adecuada.
“Juan diezpatas” esbozó una sonrisa zorruna y no pudo evitar recordar a los muchachones que días atrás le preguntaban por sus peras y engrandecían la fama de los higos que aun debían esperar un tiempo, pero que ya se adivinaban de buen tamaño…
-- ¡“Juan diezpatas”!, hay que ver que peras tiene usted en el huerto… cualquier día le hacemos una visita por la noche “pá” probarlas…que”usté” no se enfada, ¿verdad, “usté”?—Le decía un muchacho con cara de pillo, mientras, no quitaba ojo a la garrota que “Juan diezpatas” apretaba en su mano, como queriendo confirmar que seguía allí, quietecita...
-- ¡Ay, ¡Bandido!, no creo yo que ninguno tenga los arrestos que hay que tener, para quitarme alguna pera…, que en estando yo bueno, no hay “higos” para entrar a quitarme lo que mío es, ….mientras tenga a mi lado esta estaca los que vayan con mala intención allá, han de temer…, que yo tengo la conciencia tranquila; y lo mío es mío, y en eso de quitarle a uno lo suyo, ¡no hay amigos que valgan.! —Decía esto “Juan diezpatas” mientras blandía firme, la formidable garrota que terminaba en una maza que daba escalofríos el solo hecho de pensar que se pudiera “peinar” alguna cabezota con semejante peine.
Los muchachones que sabían bien de la dureza de la garrota, no se amedrentaban y seguían burlándose de los frutos tan magníficos que daba la huerta. Y entre quiebros y requiebros no dejaban de pensar en la manera de hacerse con las peras de “Juan diezpatas”, más que por las peras… (Que también…) por burlar la confianza que el buen hombre tenía en su garrote…
“Juan diezpatas” se tumbó en su campera cama, después de echar un vistazo a sus mulas. Tentó su garrota y no pudo evitar una leve mueca de satisfacción al pensar en lo bien “protegido” que estaba su huerto… Miró al cielo de Campo Lugar y no por mil veces visto dejó de experimentar un estremecimiento al contemplar aquel cielo que de día no había quién mirara, pero que de noche era el espectáculo más radiante que ojos humanos pudieran ver, allá en el infinito miles de estrellas tintineaban en un baile sin fin, acompañadas de una luna enorme y cegadoramente blanca en una noche clara y extrañamente “fresquina”, después del día caluroso y hostil, se agradecía esa leve brisa reparadora de la “trabajola” de un dia largo en su preciado huerto…
“Juan diezpatas”, se dio la vuelta en su camera y arropándose con la manta se dispuso a darle otro empujón al sueño que le vencía. Primero oyó una especie de lamento pero como estaba en un placentero duermevela no prestó atención, sin proponérselo se mantuvo alerta y cuando llegó a sus oídos el sonido de algo que arrastraba, aferró su garrote y con un movimiento violento apartó la manta que lo protegía, miró a las mulas, y estas permanecían en su rincón tranquilas y quietecitas…Se disponía a volver a su descanso cuando oyó esta vez más claramente el arrastre de algo metálico, las mulas esta vez sí se mostraron inquietas…. Era “Juan diezpatas” un hombre poco religioso, pero cumplidor de los deberes que la Iglesia demandaba de sus feligreses, no por convencimiento propio…, más bien por una especie de superstición que le hacía respetar lo que sus “entendederas” no podían manejar con “fluidez” y pensó que sería algún ruido natural y que su celo en el cuidado de las peras le estaba jugando una mala pasada…La brisa leve le trajo esta vez una especie de lamento, pero desde la calle opuesta, se volvieron a repetir lamentos y ruidos metálicos cada vez más nítidamente, con los puños cerrados se frotó los ojos y en la oscuridad pudo ver unas figuras que se balanceaban de un lado a otro y con paso lento acompañaban a una especie de farol que abría el camino. Un miedo ancestral invadió su alma y ni siquiera la garrota que aferraba entre sus manos pudo darle seguridad, el estaba preparado para enfrentarse a cualquier cosa…, por muy hombre que fuera… pero aquello, …aquello no parecía humano…se obligó a permanecer expectante y agudizó sus ojos en busca de la nitidez que le permitieran ver mejor aquellas formas que avanzaban por un lado, por la calle de “las viñas”, y las otras que venían con iluminada lentitud por el “juncal”, pero no pudo ver nada que le sacara de dudas.. En estas estaba cuando la corriente de aire le pareció más fuerte y le trajo una voz gutural y grave que a él le pareció inhumana.
--- ¿A dónde vas, muerte ingrata…?---Oyó que decía el grupo que venia del “juncal”.
--- ¡A comerme las peras de “Juan diezpatas”!—le respondía la muerte que parecía venir por “las Viñas”.
--- ¡Antes, cuando estábamos vivos…todos éramos amigos…! – paró apenas la voz un momento y a continuación dijo, pero esta vez más alto: --- ¡…Y ahora que somos muertos, todos andamos rondando estos huertos…!
“Juan diezpatas”, no pudo más, miró a sus mulas y poniéndose las alpargatas a toda prisa saltó la cerca de su huerta con un salto prodigioso para sus cansados huesos y aferrando su garrota huyó de aquellas “cuatro calles” desapareciendo a trompicones, levantando polvo cada vez que se caía en su afán de imprimir rapidez a su carrera….
Pasado un tiempo, una vez que no se veía ni rastro de “Juan diezpatas” los dos grupos de muchachones disfrazados con trapajos y unos con una sandia vaciada en su interior y con ojos y boca simulando a la aterradora muerte, con una vela iluminando levemente el camino; y los otros con cadenas arrastrando y golpeando piedras y cercas, se juntaron en las cuatro calles y empezaron la recolección de aquellas peras del país que ningún vivo tuvo agallas de quitar a “Juan diezpatas”.
Al dia siguiente se vio a “Juan diezpatas” paseando por las calles del pueblo, extrañamente nervioso y aferrando con una fuerza desacostumbrada la garrota, en una de las calles vio a tres muchachones que con peras en las manos le decían: ---¡Qué buenas están estas peras… no querrá usté compararlas con las suyas…que esas si que están buenas…!--- Y dando unas carcajadas que se clavaron en lo más profundo de “Juan diezpatas” se alejaron de allí sin quitarle ojo a la garrota… pero el hombre comprendiendo que había sido burlado en la arrogancia de pretender ser más listo que nadie… se cayó y respirando profundo se alejó de allí, mientras pensaba: --¡Maldita sea, si digo algo … voy a ser el jolgorio del pueblo…”asinque”, que les aproveche a estos ¡Bandidos! Y la próxima vez mal que les acompañe la mesma muerte soy escapaz de liarme a “zurríos” con tos ellos…, y ahora voy a por las mulas y ver que “manjecho” en mi huerto…y mientras se dirigía camino de las cuatro calles no pudo evitar recordar aquel lejano día en que “Bernardo Ligerino”, “Tomás Bomba” y el mismo, fueron a por ciruelas y volvieron con ellas pero también con alguna que otra “pedrá” del tío Cesáreo que no lo veía bien…, porque eran suyas.
A pesar de su silencio…”Juan diez patas” no pudo evitar ser la “comidilla” del pueblo…ni él,… ni sus peras….

viernes, 19 de diciembre de 2008

MITSUBISHI

Giré mi cuerpo, despacio,…muy despacio, mientras, bajo mis pies, el hielo crujia haciendo sonar chasquidos que llegaban a mis oídos con la vaguedad que permitía mi gorro de lana, miré al lejano horizonte y ningún accidente geográfico se adivinaba entre mi posición y la línea que separaba el blanco hielo del azul nítido que resplandecía en el cielo despejado. Era todo blanco, un blanco que habría dañado mis ojos de no llevar mis gafas Ray Ban para nieve con cristales tratados con un baño de iridio luminiscente a bajas presiones, un blanco que me incomodaba, como el blanco de una página que está por escribir. Empezó a llegar a mis oídos el suave (al principio) ulular del aire para convertirse rápidamente en un canto machaconamente nervioso, todo estaba en silencio hasta el mismo momento en que empezó a soplar el viento con una furia desatada que en el momento inmediatamente anterior nadie hubiera podido presagiar. El viento arrancaba briznas de hielo que depositaba de nuevo sobre el mismo hielo y vuelta a empezar volviendo a arrancar de nuevo y depositándola un poco más allá en un ejercicio inagotable y perpetuo.
Llevé mi guante derecho al rostro y acaricié una vez más mi nariz que debido al frio parecía pertenecer a otra persona, noté como estaba áspera y al apretar con los dedos, sentí dolor, un dolor sólido, rotundo y lacerante que me hizo agradecer el gorro de lana extremeña, que manos extremeñas tejieron para que una cabeza extremeña como la mía lo ciñera, largas horas debieron tejer aquellas extremeñas manos para abarcar tan extremeña y tan extremadamente gorda cabeza…pero protegía del frio en tierras tan lejanas y con tan extremada dureza como los inviernos de Extremadura son capaces de soportar…
Los calcetines de thinsulate, (que no es otra cosa que lana de la buena-buena), protegían mis dedos del frio y dejaban espacio para que pudieran moverse apenas en tan reducido espacio pero permitiendo conservar el calor propio, las botas de goretex, (o sea de plástico) hicieron crepitar de nuevo el hielo y con mucha dificultad conseguí entrar nuevamente en la tienda, que se batía contra el viento luchando por conservar sus amarres…pude quitarme las botas e introducirme en el saco de dormir, poniendo encima la parka para que impidiera que mi calor corporal se escapara, y allí arropado de nuevo tiritando y encogido en posición fetal agucé el oído pues el viento furioso empezaba a arreciar dando a sus sonidos formas caprichosas, similares a femeninas voces, voces lejanas por momentos chillonas y al siguiente susurrantes y zalameras….
--- ¡Calor! , ¡Que calor…! --- Parecían decir aquellas voces femeninas y rotundas que en mi mente confundida se asemejaban al acento claro y rotundo de ni Extremadura natal.
--- ¡Chacha, que calor ha jecho…, como sigamos asín no se qué va a ser..!---Quizás el destino se burlaba de mí trayendo a estos momentos tan duros, voces y acentos familiares que hicieran más duro el final…
Abrí un ojo y luego con un costoso movimiento, saqué la cabeza de debajo de la sabana y allí estaba el causante del rabioso ulular del viento, una consola de aire acondicionado que exhibía orgullosa su origen japonés. Mitsubishi en letras rojas… puse los pies en el suelo, sintiendo la libertad de movimientos sin calcetines opresores y el cálido suelo me devolvía algo del calor que anhelaba, calcé mis pies con las chanclas azules y presuroso, aparté la cortina de canutillos que me separaba de la calle y con paso firme me dirigí a la acera, donde tía Dionisia y la señora Juana seguían hablando del calor que había hecho durante la siesta…Pararon un momento mientras se fijaban en mí, que aun tiritando me ponía al sol con los brazos en cruz en un intento de recibir más extensamente los benefactores rayos, los ojos guiñados y a veces cerrados para evitar la cegadora luz de la cálida estrella.
Tía Dionisia, recuperada de la sorpresa inicial alcanzo a decir: ¡Damián, hijo!, ¿...Acaso tas vuelto tonto…?—Mientras la señora Juana me miraba a mí y luego a su contertulia sin enterarse de nada..
Pasados unos momentos empecé a recuperar el calor y con él empezó a fluir la sangre por mi cerebro, recuperado ya su líquido estado, pues se debe atribuir a la solidez de la congelación el lento circular de la sangre por mi cerebro y el embotamiento de mis ideas.
--Es que tía Dionisia, mi suegro a puesto hoy el aire acondicionado y se conoce que estaba muy fuerte y no he pasado más frio en mi vida…gracias que les oí a ustedes hablar del calor y me desperté que si no…, ¡Atchis!—estornudé violentamente como queriendo hacer más creíble mi versión, mientras la señora Juana pasaba un pañuelo por su frente y encaminaba sus pasos hacia el abrigo de las gruesas paredes de su casa, mientras movía su cabeza de un lado a otro como negándose a entender lo que veía y diciendo en voz muy baja: ¡ Pos anda, chacha que estamos aviaos…!

lunes, 8 de diciembre de 2008

MANTITA DE COLORES

Aquí, al abrigo de mi mantita de colores, en penumbra solar, cielo cubierto de nubes que ocultan un sol brillante y pleno que mi mente adivina más allá de lo que mis párpados pesados permiten ver... aquí me encuentro, viendo gotas de lluvia golpear el cristal de mi blanca ventana, reconfortada en el abrigo que el cristal me brinda, aprieto el mullido cojín que mis huesos hace descansar, respiro hondo y a mí llegan olores a limpio, la toalla que reserva la limpieza del brazo de mi sofá me devuelve algo de lo que con tanto placer le dedico, olor a suavizante, a limpio. Aquí, en el silencio de mi siesta, placentero refugio que mi mente adormece, calorcito en píldoras, mis pies notan frío suave y los encojo para ponerlos a resguardo, en mi mantita, mantita de micro fibra, ligera y alegre que en la oscuridad tenue de mi salón deja adivinar el colorido que esencia de luz parece, divertida muestra de colores vivos que mi calor resguardan.


Aquí en la nebulosa que mi mente empieza a fabricar en la medio conciencia de mis sentidos me dejo transportar hacia el mundo del sueño, me conforta tener la cocina hecha, los platos y vasos limpios en su sitio, mi suelo verde con rayitas blancas recién pintadas ayer, todo mi universo girando en torno a mi, cada cosa en su sitio, nada al azar, alejada del caos, mi seguridad, firme refugio en mi mantita..., veo desaparecer la tele, mi reloj barato, la mesa de cristal que brilla en la oscuridad gracias a las pasadas que mi brazo incansable le dedica en las mañanas..., todo es tan placentero, todo esta tan sólido en mi mente que poco a poco todo desaparece, curioso, lo más firme se lo lleva la nada... y así, aquí, en este rinconcito del universo, este espacio entre el cielo y la tierra, este pequeño terreno que mi cuerpo acaricia, experimento la paz, sin desear nada más, que mi mente se pare, que note la suave lentitud de no tener nada en que pensar, nada pendiente de hacer, por un momento todo hecho..todo acabado, todo en su sitio, todo bajo control, y ahora vuelvo a respirar fuerte, profundo y dejo de estar, desaparezco por un rato y no me importa donde voy, este es mi momento, feliz, una pequeña porción de felicidad, que es lo más cerca que voy a estar de ella...por eso me gusta...por eso me hace feliz... Mientras ya no estoy, gotas caen sobre el cristal y traviesas resbalan buscando el camino hacia abajo, mañana tendré que limpiar los cristales...pero eso será mañana...

jueves, 4 de diciembre de 2008

LA BAYETA


Necesito escribir en mi diario esta duda que me corroe, no me deja vivir y confunde mis sentidos. Toda persona que limpia, como es mi caso, necesita de herramientas que la ayuden y permitan hacer más liviano y eficaz su trabajo, por eso voy a analizar hoy uno de los mayores avances en la técnica de la pulcritud extrema, se trata de la Bayerina, es esta una bayeta de características especificas que la hacen valiosísima para cualquiera que se vea en la necesidad de realizar un trabajo impoluto (Aunque pueda parecerlo, no es palabrota), esta mágica bayeta es de color amarillo y tiene unas propiedades que la hacen extremadamente absorbente es tanto lo que absorbe que según un estudio de la universidad Ohio (Joio es otro estado, normalmente más placentero), se puede implementar una técnica por la cual se harían más rápidas las transfusiones de sangre, bastaría con una pequeña incisión (no confundir con infusión que eso es lo del té) y aplicada la bayerina en la herida esta sería tan efectiva absorbiendo que con retorcerla en un cubo se conseguiría más cantidad y más rápidamente la anhelada transfusión, ahora experimentan con cruasanes de cuatro días al sol, pero aunque se consigue más cantidad, se ve afectada porque aumenta el azúcar en la sangre y eso no conviene… En fin, lo dicho este eficaz instrumento tiene una problemática que a mí me corroe, pues existen en el mercado diferentes presentaciones de este simpar instrumento y como quiera que el original muestra en su precio una adversidad extrema mi duda es optar por los productos de marca blanca, pero estos tienen otra adversidad que si bien el precio hace olvidar rápidamente, existe. El hecho es que tienen un tamaño muy grande y si la parto por la mitad pasa a ser muy pequeño, así es que la recorto y se queda una bayerina más pequeña pero más manejable, pero me llevan los demonios cuando en el afán de ahorrar he de tirar el sobrante… y encima viene el penco Ruso que se come las salchichas de tres en tres y me dice que claro que asi no vamos a ahorrar nunca… si es que no me entienden y aquí ando yo con esta duda que como me altere mucho cojo compro de la cara y asi se acabó la duda, habrase visto….

viernes, 28 de noviembre de 2008

PAVO


Siento inducir a error con el título de este evocador recuerdo que ahora me dispongo a relatar. Es posible que alguien habitual lector de mis disquisiciones, piense que va a encontrar algo sobre comida o demás elementos sustentadores de la vida humana, pero no es así. El titulo de este escrito viene dado por otra cuestión que inmediatamente paso a contarles.

En mi vida fueron muchas las veces que metí la pata. En muchas de ellas la intención era meter otra cosa (Entiéndase que quiero decir cosas como: meter baza o meter las narices) Tendría yo la bonita edad de doce, catorce años, cuando la vida trajo a mí el descubrimiento más maravilloso que se puede hacer a esa edad y que no es otro que el de que las mujeres son un complemento perfecto a las carencias naturales con las que los hombres venimos a este mundo, por lo tanto con doce años empecé a ver que las mujeres tenían un “lado” más que interesante y que dejaban de ser aquellas humanas presencias a las que no les interesaba otra cosa que el “amor” y demás pamplinas, estas y otras sensaciones las empecé a notar de repente, miré alrededor y mis hermanas dejaron de existir como aquellas cosas que estaban todo el día pensando en Camilo Sesto y hablando de este chico o aquel… y se perfilaron como fuente inagotable de información para la mundanal causa.

Las muchachas de mi barrio pasaron de ser un incordio, siempre deseando jugar a ñoñerías, como pases de modelos e imitaciones de actuaciones, a ser perfectas para jugar a médicos, a papás y mamás e incluso para ensayar algún que otro baile…, yo tenía digamos que “cierto interés” por una muchacha más grandota que yo y “muy adelantada” a su tiempo. Ya se adivinaban en su perfil, formas y “redondeces “que presagiaban una mujer “atractiva”, ya he manifestado en varias ocasiones mi tendencia natural a escoger del plato las tajadas más gordas…en esta ocasión gorda no era, pero viéndome a mí puede decirse que era muuuy grande…

A principios de Junio de aquel venturoso año hacia bastante calor y yo había terminado mis deberes, que consistían en dejar la cartera en el sitio correspondiente y no desordenar la casa, cosa que hacía a la mayor brevedad para irme a la calle con mi inseparable amigo “Joaquín”. Llevaba Joaquín unos pantalones de cheviot grandes como un demonio y una campana que para sí quisieran en Burgos Catedral, con un cinturón ancho y con la hebilla de un león en pleno rugido que nada tenía que envidiar a los de las Cortes…, acompañaba aquel conjunto con un jersey de cuello alto de color rojo que debido a lo “encendido” de su color y al calor que hacia adivinabase la inminencia de una combustión interna de Joaquín o al menos una sofocación eterna por semejante abrigamiento, …entre los pantalones de campana, el cinturón, los zapatos con un tacón, que parecía que calzaba un par de pales y el jersey ceñido de cuello alto…parecía el mismo demonio, yo llevaba unos pantalones de mi hermana mayor, que como estudiaba, corte y confección le dió por cortar y dejarlos por la mitad del muslo, pero debió de medir mal y los dejó que no se sabían si eran cortos o es que me quedaban pesqueros, el caso es que años después se pusieron de moda y aun hoy se llaman “piratas”.

Parecíamos los Rolling Stones en versión española: Los chinarros revoltosos, más o menos…seria la traducción, cuando apareció por el portal de enfrente la muchacha de generosas formas que hacía que mi sofoco se elevara…igual..igual que se elevaban otras cosas… los balones arrojados por fuertes brazos…por poner un ejemplo…el caso es que había una valla que separaba la acera de la calzada en previsión urbanística envidiable de alguna mente preclara , yo tuve una fugaz imagen en la que me veía emulando algún trapecista famoso quizás a Burt Lancaster y tan fugaz como la imagen que vi, fue mi carrera como “saltimbanqui”, viendo que la chica “generosa” y su amiga se acercaban donde el demonio hecho persona que era Joaquín y el saltimbanqui que era yo, con aquellos pantalones de espuma y cuadros amarillos y verdes podría pasar por payaso, y sin ellos mucho más y sin duda mejor. El caso fue que chulito yo, decidí deslumbrar a aquella “mujerona” con mis habilidades saltarinas y en un abrir y cerrar de ojos estaba encima de la valla evolucionando con un arte y una maestría sin par( Sin par estuve a punto de quedarme…), Joaquín desde abajo con la boca abierta, los ojos ligeramente vidriosos y los mofletes a tono con el jersey colorao parecía un diablo pero echao a perder, no salía de su asombro y el infeliz parecía preguntarse ¿pero que “la dao” a este Damián para ponerse a hacer la cabra? Mientras…, Damián (o sea, yo) seguía dando pasitos titubeantes encima de la barandilla con los brazos en cruz con una habilidad que parecía tener de toda la vida…

Mi carrera terminó… rápidamente. Joaquín me dijo tiempo después que me vio subir apenas en un segundo a la valla, más sin embargo confiesa entre carcajadas que verme caer no me vio, estaba arriba y un segundo después ya estaba abajo, fue visto y no visto. Perdí el pie de la barandilla, … caí en dos tiempos, pude hacer en dos tramos la caída más rotundamente estúpida que he podido ver de cerca…muy de cerca, caí espatarrado con la barandilla en medio de cada una de mis piernas, y ya se pueden imaginar…sentí un dolor agudo o grave yo creo que la palabra adecuada sería grave, muy grave, la cuestión es que el grueso (Pero bueno…¿qué clase de persona, creen que soy..? ese grueso no, ¡Diablo!) , el grueso del daño se lo llevó la parte interna de mi muslo derecho y solo un ligero golpe incidió sobre el grueso…perdón, sobre mis tendencias maltrechas, el caso es que allí mismo hice la primera parada, se me pusieron los ojos trabaos, empecé a resoplar como locomotora a vapor y seguí con lo que estaba que no era otra cosa que acabar de caerme, como no podía poner los pies en ningún sitio y mis “facultades” estaban siendo mermadas de una manera asombrosa, fui girando sobre mi misma entrepierna rodeando con estudiada destreza la barandilla, para acabar cayéndome de nuevo al suelo esta vez desde mi cabalgadura que era la recia barra , así es que allí quedé, viendo muy de cerca las baldosas de la acera y viendo además como llegaba la “mujerona” a la que quería sorprender, y puedo dar fe que venía con cara de sorpresa la joia, aunque para cara de sorpresa debía ser la mía. Mientras toda mi vida pasaba rauda y veloz, que es lo que dicen que ocurre en los momentos anteriores a la muerte, pues yo pensé que me moría. Oía de fondo unas risas y unos golpeteos que adiviné enseguida provenían del diablo de Joaquín, ¡Ay, ay, ay, hazlo otra vez Damián…, otra, ay, ay, ay!. Entre tanto, no sin dificultad pude ponerme en cuclillas y empezar a dar botes, que era lo que había visto hacer en situaciones del mismo “calado”, llegaron la mujerona y la mujercita y me preguntaron ¿que si me había hecho daño..?, ¡QUE SI ME HABIA HECHO DAÑO…!, ¿se puede ser más…?, Ostias no me voy a hacer daño si me he montado encima de la barandilla sin silla ni ná… Años más tarde… cuando tuve el anhelo de contribuir con un Damiancito al incremento de la demografía mundial, tuve mis dudas por las consecuencias de aquella actuación sobre mi capacidad para perpetuar la especie… no hubo problemas, pero dudas existieron…, aunque leves. Pero sobre lo que no hubo nunca dudas es del motivo del título, de este texto… ¿Se puede ser más PAVO?

viernes, 21 de noviembre de 2008

ESPINOSA

Espinosa era un tipo moreno, un gran bigote atravesaba su cara redonda y amplia, de aspecto sano y cuerpo recio. Hablé con él en muy pocas ocasiones, en veinte años quizás serian cinco. Persona experimentada nunca se negó a ayudarme aun en las cosas más triviales y básicas, siempre mostró ante mí un inusitado afecto que iba acompañado con una crítica feroz al orden superior, como si tuviera la imperiosa necesidad de tener un enemigo común para acercarse a alguien.
Espinosa se dirigió a mí un lunes, le ví venir y me causó extrañeza la decisión con la que se aproximaba, esperé intrigado qué sería lo que me iba a decir, y llegado donde yo estaba alargó su mano y en un movimiento instintivo se las estreché.
- ¿Cómo andas Damián…, hoy es mi ultimo día, mañana ya me jubilo…? –
- ¡Vaya, eso está muy bien, compañero, aquí no hay quien se entere como somos tantos…!-
- Bueno lo pusieron en el tablón hace unos meses, pero como andas ensimismado en sabe Dios qué…
- Es cierto- dije a modo de disculpa, sabiendo que en realidad ninguna era buena- sabes que en cuanto entro, procuro ir a lo mío…
- Cada día te pareces más a tu padre, ¡jodío! - Le agradecí con la mirada el recuerdo, y me obligué a ser amable, aquel tipo merecía ser conocido mejor.
- ¡Bueno en la Cafetería he dejado unos churros para que por lo menos hoy os acordéis de uno…!- Dijo con un leve tono de estudiado rencor.
- ¡Muchas gracias, Espinosa, pero ya sabes que estoy a dieta y…!
- ¡Anda, anda que a mí no me engañas… tira y coge un par de ellos…!
- ¿Y ahora que vas a hacer con tanto tiempo…?- Intenté cambiar de tema para no pensar en los churros.
- ¡Ahora vamos a viajar, unos meses en el pueblo y el resto con el nieto, que está hecho un bandido…ya me apuntaré a cursos para aprender cosas inservibles y me iré a mirar las pocas obras que van a quedar, bueno Damián, ¡suerte! Que con la crisis...veremos a ver, yo ya me libro…¿Pero estos que mandan…?
- ¡Suerte, Espinosa, disfruta y tómatelo con calma que ahora vas a tener tiempo para todo…-Asintiendo con un ligero movimiento de cabeza me dió un golpecito en el brazo se alejó a seguir con las despedidas...
Hoy, miércoles, vinieron a decírmelo…, dos días pasaron…, un estremecimiento recorrió mi cuerpo, dejando paso a continuación al asombro más grande que hasta ahora experimenté… Espinosa había tenido un infarto… fulminante, podíamos visitar a su familia en el Tanatorio, dedicarle a él un poco más de tiempo que el que le dedicamos en vida…sentí no haber aceptado su invitación...¡Maldita sea!.., pensé en su mujer, en sus hijos y en su nieto…¡El bandido!, pensé en todas las cosas que se dejó sin aprender, en su pueblo, en los paseos que no daría… los viajes que no compartiría… y sentí una inmensa pena…más que por él, por mí…

…tan real como la vida misma…, e igualmente injusta.

jueves, 13 de noviembre de 2008

LIGERA RESBALA GOTA QUE MIS DEDOS MATAN


Calzados mis pies con sandalias, mis calcañales algo resecos por el abuso de permanecer a la intemperie, con paso decidido pero cadencioso, se dirigen al centro del mundo, catedral en mínima expresión, templo donde los mundanos, hablamos de mundanales asuntos, buscando conexión con el mundo más allá de estúpidas noticias de relleno, más allá de medallas y más medallas. Entro despacio en la cueva, oscura sala que me brinda frescor y alivio a calores adquiridos en el tránsito por estas calles, por mi frente, ligera resbala gota que mis dedos matan, dentro de mi frente, gotas aparecen en tropel, decorando la botella fría que mi mente anticipa, cerveza es lo que dentro de mí, mi cuerpo ansia, ahora es lo que toca, ahora toca saciar la sed y para ello no hay mejor sitio que este espacio donde se oyen voces en tropel, golpecitos amables en hombros recios y peticiones impacientes hacia la sacerdotisa de este templo

--Buenas… ¿Tardes?. Titubeo al saludar
--Buenos días… ¿Qué va a ser? ¿Mahou?, ¿Águila?—Mientras, la señora busca en la nevera con prisas, supongo que para dejar de perder el tiempo con este mortal y dedicarlo a cosas más provechosas como por ejemplo picar tomate…
--Carlsberg, por favor.---
La señora, para por un momento su ir y venir y piensa por un instante en lo extraño de la petición, pero es un instante apenas perceptible pues inmediatamente se sumerge en la nevera, vestigio artificial de glaciares polares y surge orgullosa con la jodia botella verde, con mirada desafiante, sabedora ella de haber superado el reto. Mira a los ojos de este jodio antojadizo y sin decirlo pero a gritos, parece escupirme en la cara.
--¡Que!, ¿Te creías que no iba a ser?, pues hay la tienes,… ¡Caprichoso!

La dama espera paciente su venganza y cuando el antojadizo ( o sea, yo), coge su botella verde con deleite, con anticipado deleite y con fruición se lleva el orondo orificio, de la oronda botella verde, a su orondo cuerpo y empieza a deslizar el helado liquido dorado por sus labios, apenas mojada su boca la señora con voz clara y fuerte, interrumpiendo ese momento mágico le pregunta:
--¿Quiere vaso?—Mientras una leve sonrisa se dibuja en sus labios, a la vez que da un tajo al tomate de Pizarro que sin decir ni mu cae en dos mitades simétricas, una a cada lado de la afilada hoja. Se queda callada esperando respuesta, sabedora que la educación y la pregunta directa y servicial no puede quedar sin respuesta.

El antojadizo ( o sea “nada que ver con huesos” o sea, yo) con la botella verde entre los labios iniciado ya el postrer sacrificio, da un respingo mayúsculo y apunto esta de caerse del taburete (que bonita palabra Ta-bu-re-te, parece musica, perdón), se oye un ruido como de garganta quebrada, quebrado el trasiego del líquido elemento, el antojadizo, osado peticionario de botellas verdes, no puede reprimir su instinto educado y a una pregunta como esa ha de contestar inmediatamente mientras la señora sabedora de su poder disfruta de la interrupción y del respingo que él torpemente ejecuta.

--¡No!, no es necesario, gracias.—Sintiendo como una rotura en su garganta adquiriendo en todo su esplendor el significado de la palabra “gañote”, en el convulso movimiento se derrama preciado liquido, adquiriendo el antojadizo la certeza de que su capricho vengado queda. Es que no puedes beber como todo el mundo Águila, Mahou, no tú… tienes que ser especial y beber Carslberg , pues ahí tienes… la certeza de ser especial y preguntarte si quieres vaso cuando a todas luces se ve que no, pues te afanas en trasegarte la joia botella verde, prescindiendo de las dos manos por mor del justo decoro.

Después de este “toque” de atención, el antojadizo ( de nuevo, yo) que tonto no es (un poco si), piensa en lo bien que estaría acompañar a la extranjera verdosa con un pincho, pero como no se atreve a contrariar de nuevo a la sacerdotisa del templo le pregunta a otro antojadizo que bebe Heineken a su lado: --¿Es que aquí no ponen nada para pinchar?—Dicho esto con el suficiente esmero y descaradamente bajito para esconderlo de oídos indiscretos.
A lo que el segundo antojadizo responde:--¡Si, hay lo tienes!—
--¿El qué?—
--Para pinchar…—
--¿Tomate, pruebas de cerdo, patatas aliñadas…?
--No, para pinchar ahí tienes los palillos…-- Se puede ser más tontito, pero más gracioso, no, más gracioso, no.
Haciendo acopio de valor se dirige a la oficiante del servicio y con toda la dulzura del mundo.
--¿No tendrías un pinchito por ahí?, de comer…no para pinchar, ¿no sé si me explico?.Me aturrullo, temiendo otro ataque de gracia nativa.
--Pues no. No te explicas, pero te entiendo… --dice ella sibilina mientras pone tres calamares en un platito inoxidable.—Hay tenéis para los dos…
--No si yo no vengo con este de la Heineken..—Explico inútilmente pues ella sigue operando con estudiada destreza el Tomate de Pizarro, que de la UVI hoy no sale…
Tomo un calamar, el de la Heineken toma otro, y por un instante nos miramos los dos, pues nos asalta una de las dudas existenciales más rotundas que cabeza humana pueda tener en días estivales y es, ¿Quién se come el que queda?, miro a la malvada que creó la situación el tiempo justo para ver como el antojadizo de la Heineken se mete el tercer calamar mientras distraídamente pone atención al programa de letras que hay en la tele.
¡Maldita sea, me la han vuelto a pegar… si es que aquí hay que venir comio…!

domingo, 9 de noviembre de 2008

JUSTITA

Justita la llamaba todo el mundo, Justa era su nombre, y en su vida no hubo nunca Justicia, vinieron de Ciudad Real, no recuerdo el nombre del pueblo, ¿acaso importa?, no, no hubo justicia, porque rodeada estuvo siempre de maldad y miseria, una miseria ancestral que le mana a uno de los huesos, una miseria que se adivina aunque esté envuelta de belleza, un destino escrito por mil veces sobre piedra dura, impasible al desgaste del viento y del polvo, su madre autoritaria gritaba sin cesar, nunca oyeron sus juveniles oídos palabras serenas y amorosas, acaso su madre a su vez sería lo que oyó de su madre y así en un cuento mil veces inacabado en una espiral maldita, el padre, hombre callado y con la resignación en el rostro, ahogadas sus penas en alcohol y trabajo de albañil, buscando una y otra vez el agotamiento físico en el tajo y el mental en el alcohol, alcohol que le hacía olvidar la pena que sintió al saber que el primogénito de su casta no sería nunca un digno representante de ella, el niño había nacido con graves deficiencias físicas y mentales y él a duras penas conseguía vivir engañándose con el adictivo liquido, por eso se había rendido a los gritos de su mujer y permanecía feliz mientras se oían los gritos de aquella mujer mil veces atormentada por la pena y la desgracia. Ni siquiera el nacimiento de aquella muchachita había conseguido levantar una vida que lánguidamente se apagaba.

Justita era de tez muy blanca, alabastro hecho carne, nieve cálida pues si era más blanca que la nieve no era fría como ella, poseía una mirada marcada por el desanimo pero viva y acogedora a la vez, vergonzosa, agachaba la mirada apenas notaba que la miraban y obedecía siempre que la voz firme de su madre se imponía por encima del deseado silencio, vagaba por el portal y por la calle siempre al abrigo de su hermano, manteniéndose siempre en un segundo plano, siempre callada, siempre pensativa…
Justita…, Justita era la última de cuatro hermanos, el primero necesitaba cuidados y atenciones a todas horas, el segundo un muchacho débil y sibilino había descubierto el mundo de las drogas y la rapiña y no había ninguna otra cosa que tuviera sitio en su cerebro dañado por la adicción, la tercera era inteligente, y su inteligencia la había llevado a la certeza de que el mundo era diferente fuera de las cuatro paredes de su casa, por eso mantenía un absoluto empeño en hacerse un mundo fuera de allí; y se alejaba de todo aquello que consideraba un lastre, y por ultimo estaba Justita…, pillada en tierra de nadie, envuelta entre las voces de su madre y los silencios de su padre no veía el camino que debía seguir y apenas empezó a caminar, el suelo desapareció de debajo de sus blancos pies…

¡Justita, mi Justita!, gritaba entre llantos, la voz femenina que a menudo profería insultos y desprecios. --¡Justita, ya te lo dije, que no vayas, que no vayas!—Pero Justita había ido, quizás dando un primer paso que hiciera evidente su rebeldía, Justita se armó de valor y rompió la autoridad materna, quizás el único dia en el que debía haber hecho caso de su madre.

¡Justita, mi niña!, gritaba la voz y a mis oídos llegaban sus lamentos, a través de paredes delgadas y finas como la línea que separa la vida de la muerte. ¡Justita, hija mia..!, ¿Acaso estas dormida?, pero Justita no dormía, su blanco rostro destacaba entre la madera oscura; la luz tenue de las velas producían sombras que se reflejaban en la blanca y fría pared, su tez blanca y cálida antes, ahora aparecía pálida y fría, como burlándose de aquella vida que no le dio, absolutamente nada...

Apareció por la puerta el novio de Justita, un joven apenas mayor que ella, con el brazo rígido de escayola, la cabeza vendada y un rictus serio intentando mantener la entereza, pero gimoteando al fin como lo que era, un niño. La madre de Justita interrumpió su balanceo, dejo de darse golpecitos en el pecho, donde debía estar su corazón atormentado y clavó sus ojos en aquel que se la llevo viva y se la devolvió muerta…

--¡Tú…, tú has tenido la culpa, os dije que no fuerais, que pintaba ella en un concierto…, tu me has quitado a mi niña, mira lo que has hecho…! Y mi padre, hizo salir al muchacho mientras se le clavaban las palabras en el alma,.
--Yo no pude hacer nada el coche se salió de la carretera, ella no llevaba el cinturón y salió despedida fuera del coche,…si pudiera me cambiaria por ella…!-- intentaba entre gimoteos justificarse, mientras mi padre le golpeaba en los hombros y le acompañaba a la puerta .
--¡Vamos es mejor que te vayas… ahora no lo va a entender!. Las vecinas intentaban callar aquella furia desatada, aquel torbellino de ira y solamente lo consiguió el hermano mayor de Justita que en un arranque de lucidez se acercó donde yacía su hermana y apenas pudo decir en su idioma propio el nombre de quien siempre le dio palabras de amor y cariño, palabras que ni siquiera su madre supo entender que existían: ¡Juztita, apa, amos a jugal! Decía su hermano sin entender porque permanecía allí tan quietecita…

Justita, murió hace veinticinco años, cuando ahora mis hijos me informan de que van a un concierto, mi corazón se acelera, mi pulso golpea más fuerte y mi mente recuerda los gritos de aquella madre clamando al cielo por su niña. Y ellos me miran contrariados por mis negativas por mis dudas por mis peticiones de explicaciones, ajenos al dolor que sentiría si les pasara algo, ajenos a la inmensa pena que ya sentí una vez, hace veinticinco años, cuando Justita se fue…